Culto
Diarios completos de Sylvia Plath: culpable por no sentir culpa

Diarios completos de Sylvia Plath: culpable por no sentir culpa

La impecable publicación chilena de los diarios de Sylvia Plath, la gran poeta suicida estadounidense, nos permite acceder a una de las mentes más dulces, admirables y tortuosas del siglo XX.

Entre 1950 y 1962, Sylvia Plath escribió una serie de diarios que dejan constancia del período final de su vida, la época adulta, desde que era una estudiante en el prestigioso Smith College de Massachusetts, hasta poco antes de que se suicidara en febrero de 1963 a los 30 años de edad. El material presentado en Diarios completos habla de una joven despierta, talentosa, muy consciente del privilegio que significa estar donde está (Plath ganó una beca para estudiar allí, pues su familia no podía darse el lujo de pagar una educación de elite), de una mujer que va analizando concienzudamente los misterios de la vida sexual (la poeta casi se desangra tras perder la virginidad), de una futura madre que detesta a su madre y de una esposa enamorada e inestable, dado que sobre sus hombros cargó con la permanente y oscura sombra del suicidio (Plath intentó quitarse la vida varias veces).

En 1982 se publicó en Estados Unidos una selección de los diarios, en donde era posible advertir, sin demasiado esfuerzo, las facetas más dolorosas y depresivas de la personalidad de Plath. Sin embargo, para fortuna nuestra, la académica Karen V. Kukil emprendió la tarea monumental de recopilar, revisar y publicar todos los cuadernos que fueron estando disponibles, con lo cual el retrato de Sylvia Plath adquirió no tan sólo más colorido y profundidad, sino también un aura abrillantada por el encanto, la coquetería, la inteligencia y una admirable búsqueda en torno a lo que para ella significó convertirse en escritora. “En 1981”, nos informa Kukil, “cuando el Smith College adquirió todos los manuscritos que seguían en poder de los herederos de Plath en Inglaterra, Ted Hughes selló dos de los diarios que se entregaban al archivo y estableció que no podrían abrirse hasta el 11 de febrero de 2013”, es decir, 50 años después de la muerte de la autora.

Allí estaban relatados los hechos que ocurrieron entre agosto de 1957 y noviembre de 1959, período en que Plath, ya casada con el gran poeta inglés Ted Hughes, dio clases en el Smith College, se dedicó a escribir a tiempo completo en Boston y asistió a unas interesantísimas terapias con la psiquiatra Ruth Beuscher. Hughes retiró los sellos poco antes de morir en 1998 y el material se publicó por primera vez en la edición de Kukil. Hubo un par de diarios, sin embargo, que desaparecieron. Son los que dan cuenta de los últimos dos años de vida de la autora: uno de ellos, si le creemos a Hughes, se perdió, y el otro lo destruyó él. Hughes, no está de más decirlo, no sólo se protegía a sí mismo (en una carta a la doctora Beuscher, Plath lo acusaba de golpearla), sino también a los dos hijos de la pareja.

Diarios completos es un mamotreto fenomenal por muchas razones, claro que éstas son imposibles de detallar aquí ante la vastedad de una vida intensa y deslumbrante como la de Plath, debido, únicamente, a las limitaciones de espacio propias de una reseña periodística. Pero sí puedo asegurar que el volumen, pesado y grueso, provee satisfacciones espirituales y físicas que no cautivarán solamente al avezado lector de diarios, pues el testimonio personal de Plath también permite detenerse en una era en la que, por muy vanguardistas que nos creamos, aún vivimos.

Como sea, es posible dar ciertas pistas concisas acerca de quién fue Sylvia Plath, una de las poetas estadounidenses, junto a Emily Dickinson y Edna St. Vincent Millay, más notables de la historia. Algunos de sus rasgos: introspectiva, dulce, fogosa, insegura, brillante, atormentada por la temprana muerte de su padre. “¿Por qué después del tratamiento ‘increíblemente corto’ de unas tres sesiones de electrochoques mejoré de pronto? ¿Por qué sentía que merecía un castigo, que tenía que castigarme a mí misma? Y ¿por qué siento ahora que debería sentirme culpable y desdichada, y me siento culpable por no sentirme culpable ni desdichada?”. Preguntas difíciles fraguadas por una mente compleja.

Sobre el autor: