Culto
Farriol y su salida del Bellas Artes: “No hubo liderazgos disfuncionales”

Farriol y su salida del Bellas Artes: “No hubo liderazgos disfuncionales”

Tras seis años como director del principal museo del país, el martes se le pidió la renuncia por “pérdida de confianza en su gestión” desde el Servicio Nacional del Patrimonio. Hoy responde: “La historia y el tiempo me darán la razón”.

“Fascinación y vértigo”, repetía el académico de la UC Roberto Farriol (61) a fines de 2011. Así resumía sus impresiones tras ser nombrado director del Museo Nacional de Bellas Artes, cargo que asumió en enero de 2012. Seis años después se le oye pronunciar las mismas palabras a pocas horas de que el director del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, Javier Díaz, le solicitara este martes la “renuncia no voluntaria” a la cabeza de la pinacoteca más importante del país.

“Aún siento ese vértigo, y no tiene que ver con el temor sino justamente con la fascinación de haber estado en un abismo desde el que tuve una mirada completa del paisaje, muy distinta a la que percibía siendo artista o académico”, comenta ahora Farriol, en la cafetería de la Biblioteca Nacional. “Dicha causal es un derecho que él (Díaz) tiene legalmente, no así el subsecretario ni la ministra. Por lo tanto, la única persona que podía pedirme la renuncia era él y yo tomé la petición con calma. Y, aunque legítima, diría que la causal es subjetiva, sin fundamento real”, señala, y agrega: “Ahora bien, ¿por qué ahora? ¿Por qué por estas causas? Ese es otro tema, y la historia y el tiempo me darán la razón”.

Su gestión de seis años podría resumirse en varios hitos, dice. Además de exitosas muestras, como Christian Boltanski. Almas (2014), Sergio Larrain. Retrospectiva (2014) y Caravaggio en Chile. Luz del Barroco (2016), por nombrar algunas, abrió la puerta que durante 86 años mantuvo separado al Bellas Artes del MAC. Farriol menciona además “la puesta en valor de la colección, y no solo en cantidad (a estas alturas estábamos exponiendo de 4 a 6 inauguraciones al año), sino también ponerla a discutir y a buscar nuevas relaciones y perspectivas de las mismas obras bajo una mirada contemporánea”.

La adquisición de obras del grupo CADA, de Eduardo Vilches, Mónica Bengoa, Paz Errázuriz y otros artistas, “fueron intentos por ampliar la colección y pasar de ser un museo del siglo XIX a uno que habita el siglo XXI”, argumenta el académico, cuya gestión critican hoy otros artistas, como Gonzalo Díaz: “El museo estaba cada vez más privatizado. No tenía políticas al nivel que le corresponde al museo más importante del país. Por eso me parece bien que cambien a este señor. No creo que su gestión sea recordada”, opina.

Consultado por este diario, el titular del Servicio Nacional del Patrimonio, Javier Díaz, detalla las razones que tuvo para remover a Farriol de su cargo: “Le solicité la renuncia en el marco de la ley 19.882, donde una de las causales que se pueden usar es la pérdida de confianza”, señala. “Nosotros reconocemos el trabajo que ha hecho Roberto en estos años, pero esto se sustenta prácticamente por fortalecer la institucionalidad”, añade.

A esto se le sumaba, hasta ayer, una acusación de acoso laboral por parte de la curadora Gloria Cortés, que hoy el mismo Díaz niega: “Hasta el momento no tenemos ni una denuncia de carácter formal contra el director. En ese caso la curadora presentó licencias médicas, las que fueron catalogadas de enfermedad profesional por la dirección”, dice.

Ayer por la mañana, Díaz sostuvo una reunión con el comité directivo en la que Farriol también estuvo presente: “Reiteré la determinación que había tomado y él expresó con tranquilidad su opinión”, cuenta. “Quiero ser súper categórico: hay un equipo dividido dentro del museo. Y él como director claramente es responsable de tener a las personas motivadas y ejercer un liderazgo, y en ese sentido hubo dificultades. Ayer en la tarde me reuní con los funcionarios porque el equipo estaba un poco golpeado, pero les dije que trabajaremos para resolver las diferencias”.

Farriol se defiende de estas acusaciones: “Lo que ocurrió ahí es más bien un tema de estilo de liderazgo o estilo de jefatura. Hay unos más rígidos y otros más libres, como el mío, pero no hubo ‘liderazgos disfuncionales’, como se dijo. Al mismo tiempo, hay personas como ella (Cortés) que necesitan que les den órdenes concretas, y yo solo dejé que la gente trabajara con el mayor grado de libertad posible”.


– Pero en su caso se habló de acoso laboral… ¿Lo hubo?

– No, no fue así. Después del paro de los trabajadores de la Dibam en 2015 -y que se prolongó por 25 días-, se hizo un estudio tres o cuatro meses más tarde y el clima laboral ya arrojaba problemas, incertidumbres y carencias. Ese documento me fue entregado con todos los detalles y en ninguna parte aparezco yo como causante. Más bien eran situaciones de poca claridad entre jefaturas o los mismos grupos, no hubo una sola razón. Y en el caso de esta curadora también quedó claro que ella está afectada por su trabajo y por el clima general, más que por algo puntual de mi parte. No hubo ninguna situación que diera cuenta de eso.

– ¿A qué se debe entonces esa incertidumbre en su equipo?

– Principalmente a que un número importante de profesionales trabaja con proyectos patrimoniales -de conservación, restauración e investigación- a plazo de un año y a veces menos. Entonces, aunque hayan hecho una excelente labor, tienen una fecha de término y están cada año con la incertidumbre de si van a tener contrato o no, y por tanto tener la opción real de armar sus vidas. Pero es algo que el sistema no permite.


Especulaciones del futuro

En los próximos 10 días, el documento de renuncia no voluntaria pasará del Servicio del Patrimonio al Servicio Civil. Recién ahí se hará efectiva la salida de Farriol del Bellas Artes, que en 2017 tuvo 318.205 visitas. Ahí surgirá también el nombre del director subrogante: “Espero que sea alguien de planta para que se produzca un fortalecimiento mientras se realiza el proceso que dura el concurso”, comenta Javier Díaz.

Otros, en cambio, sugieren nombres para sucederlo: “Si fuera por mí, podrían ser Claudia Campaña (académica UC) o Benjamín Lira (Academia de Bellas Artes)”, dice Pablo Chiuminatto. Su colega, el artista Camilo Yáñez, va incluso más allá: “Debería existir un colectivo de trabajo proveniente del mundo privado y público y no solo un director a cargo del museo. Las instituciones culturales en Chile deben plantearse su forma de gobernabilidad, un tema que debe ser más corporativo mirando el siglo XXI”, dice.

Para Farriol, en tanto, “el nuevo director tendrá que lidiar con la falta de recursos y los límites espaciales, que no se condicen con este afán de seguir adquiriendo obras que solo van a parar al depósito”.

– ¿Qué hará en sus últimos días como director?

– Mira, lo que no quiero hacer es tomarme vacaciones, y podría: tengo más de 30 o 40 días pendientes. Prefiero perderlos, porque hay cosas que uno no puede olvidar ni tampoco puede dejar de hacer, y que tienen que ver con personas que han confiado en uno en el museo, y que les resulta violenta toda esta situación.

– Su salida le sigue a las de Alejandra Serrano en el CCPLM y de Pablo Andrade en el Museo Histórico. ¿Ve aquí un golpe de timón político?

– Puede ser una lectura, pues creo que la secuencia de hechos puntuales puede generar un relato y un montaje hasta armar una afirmación. Puede ser una hipótesis o especulación; no tengo argumentos objetivos para señalar algo así, aunque tampoco lo descarto.