Culto
Idomeneo: andrógino y desafiante

Idomeneo: andrógino y desafiante

Sin una identidad sexual específica, Paulina García juega con la androginia en Idomeneo. Usa polera negra, una pechera hecha de guantes de construcción y una faja para espalda de trabajador unida a un aparatoso faldón escocés que la aleja de los códigos convencionales de vestimenta según el género. Más

Mientras el movimiento feminista exige justicia y solidaridad para las víctimas de la violencia machista, el teatro apoya esta causa que sigue en marcha cada vez más irreversible y poderosa. Xuárez reivindicó la figura borroneada y subvalorada de Inés de Suárez, excluida de los registros de la memoria colectiva en una época en que las mujeres no tenían derechos ni voz. Quizá como guiño a todas las mujeres que han sido menospreciadas o invisibilizadas por la historia, desde el fin de su compañía Teatro de Chile la directora Manuela Infante ha trabajado con grandes actrices: Claudia Celedón y Patricia Rivadeneira en Xuárez, Marcela Salinas en Estado vegetal y ahora con Paulina García en Idomeneo.

Sin una identidad sexual específica, Paulina García juega con la androginia en Idomeneo. Usa polera negra, una pechera hecha de guantes de construcción y una faja para espalda de trabajador unida a un aparatoso faldón escocés que la aleja de los códigos convencionales de vestimenta según el género. Más bien su apariencia no se identifica con ningún género en particular.

Este poco conocido mito griego narra la historia del rey de Creta que no puede volver a su tierra después de la Guerra de Troya y promete a los dioses sacrificar al primer ser vivo que se encuentre. Por juegos del destino se condena a matar a su propio hijo. La tragedia es releída en clave contemporánea por el dramaturgo alemán Ronald Schimmelpfennig y el protagonista oscila entre la racionalidad y la superstición y se cuestiona la muerte de una o muchas personas en manos de un tercero. La estructura de loop, de eterno retorno circular, de contar una versión y luego otra y otra, le entrega a la obra una dimensión musical que es aprovechada por Manuela Infante. Como un DJ electrónico, el músico Diego Noguera cambia y distorsiona la voz de la actriz con samplers y sintetizadores. Lamentablemente, durante algunos tonos bajos, robotizados o acelerados, el poético texto no se escucha con total con nitidez. En el límite entre lo hablado y lo cantado, Paulina García cumple la función narrativa del coro griego o de su traducción contemporánea, un cantante dionisíaco y sensorial, como Annie Lennox, Patti Smith, David Bowie o Björk. En el diseño de Claudia Yolín destaca la inspirada recreación del mar a través de decenas de focos.

Manuela Infante se aleja de lo previsible y plantea un extrañamiento, una revisión de lo clásico de manera crítica. Idomeneo apela a la igualdad y al fin de los clichés y comportamientos estereotipados asociados al género. El tema también ha estado presente en Historias de amputación a la hora del té, Los tristísimos veranos de la princesa Diana, El Dylan, Los arrepentidos y la nueva versión de La viuda de Apablaza, donde se representa lo femenino desde otros puntos de vista. Hay que agradecer al teatro por abordar estas luchas y reivindicaciones: todas y todos saldremos ganando con una sociedad más justa y feminista

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