Culto
40 años de Hemispheres: el Universo Dividido de Rush

40 años de Hemispheres: el Universo Dividido de Rush

En el verano boreal de 1978 Rush grabó el álbum que marcaría el adiós a las piezas conceptuales, los excesos instrumentales y la autoindulgencia. La gira posterior, la más agotadora de su historial, casi los revienta. Esta es la historia de Hemispheres, la última batalla épica en la discografía del legendario trío canadiense.

4 de junio de 1979 y en el cartel del Pink Pop festival de Holanda figuran, entre otros, Elvis Costello, Dire Straits, The Police, Peter Tosh y Rush. De alguna manera, los tres últimos comparten links. La banda británica es la sensación del momento con su pócima de power pop y punk combinado con el reggae que Tosh encarna, mientras los canadienses alinean solo tres músicos al igual que el grupo liderado por Sting. Aun cuando las edades de los integrantes de ambos tríos son similares —en rigor algo mayores los ingleses—, The Police es el futuro. En cambio Rush proyecta la resaca de la década y basta con mirarlos: llevan el pelo largo igual que los hippies y se aferran a los últimos estertores del rock progresivo en alianza con la agresividad del heavy metal. Los fans de Rush tampoco parecen abiertos a las novedades. Meses antes, el 21 de enero de 1979 en la arena The Spectrum de Filadelfia, expulsaron a los teloneros Blondie lanzando objetos al escenario.

La última fecha de la gira Hemispheres aquel 4 de junio tiene exhausta a la banda. Suman nueve meses de tour ininterrumpido actuando 20 días de cada 30 desde la publicación del álbum en octubre de 1978. Los conciertos duran más de dos horas, interpretan el disco completo —hecho único en los 41 años de existencia de Rush—, incluyendo una suite de 18 minutos subdividida en seis movimientos, una de las piezas más ambiciosas de su repertorio. “Hemispheres”, la canción central, representa un desafío en directo no solo por la complejidad técnica, sino porque contiene un error dentro de su perfeccionismo: la parte instrumental ha sido grabada en un tono complicadamente alto aún para un cantante como el bajista y tecladista Geddy Lee, criticado y ridiculizado en la prensa por su aguda voz.

En esa fecha final en Holanda donde el guitarrista Alex Lifeson tocó a pesar de tener un dedo de la mano izquierda reventado, Rush dejó atrás los años 70. Aunque el siguiente álbum Permanent Waves se grabó hacia fines de 1979 para ser editado como una declaración de renovación el 1 de enero de 1980, Hemispheres no sólo es título final de aquella década de los canadienses, sino la última obra netamente progresiva de su repertorio. La banda acordó no hacer más discos de ese estilo —”sabíamos que la época épica había cumplido su ciclo”, diría el baterista Neil Peart—, como al cierre de la gira se sentían completamente fundidos. Según Lee, “nos estábamos destruyendo y volviendo estúpidos. No nos cuidábamos, estábamos quemados”.



Fachos

El 4 de marzo de 1978 Rush fue retratado como una banda de extrema derecha en una entrevista en New Musical Express firmada por Barry Miles, un afamado escritor de izquierda especialista en cultura popular, y autor de la biografía oficial de Paul McCartney (Many years from now, 1998). La nota titulada “Is everybody feelin’ all RIGHT?”, en un juego de palabras alusivo a la derecha, incluyó citas a Auschwitz y el Tercer Reich. Lee, de origen judío-polaco, montó en cólera porque tenía familiares muertos en campos de concentración y sus padres eran sobrevivientes de los centros de exterminio nazi. Peart, que actualmente se define como “libertario de izquierda”, quedó en shock. “La conversación fue genial”, evocó el baterista el año pasado en una entrevista a loudersound.com, “y todos nos sentimos totalmente traicionados después, porque nos lo pasamos muy bien con el tipo. Recuerdo que era muy cortés. Fue muy amistoso. En lo que a mí respecta, estábamos teniendo una conversación intelectual. Pero estas cosas están abiertas a interpretaciones erróneas, y ese fue un caso clásico”.

En el extenso diálogo donde el aspecto musical quedó completamente relegado a la política, Neil Peart aseveró que la consigna “No future” levantada por The Sex Pistols, era el resultado de los grises gobiernos socialistas británicos de los 70, como también se manifestó partidario de un capitalismo salvaje. Barry Miles quiso dar una lección al trío. “Estaba reaccionando a la ingenuidad política más que a cualquier otra cosa. Realmente pensaban que las fuerzas del mercado proporcionarían todo y recuerdo que no tenían idea de las condiciones de los pobres en Gran Bretaña en la época victoriana, o en Irlanda en el siglo XIX cuando no hubo intervención estatal, algo que defendían”.

Los recelos sobre la mirada política de Rush se arrastraban desde 2112 (1976), el álbum que los consagró y dedicado al “genio de Ayn Rand”, hasta hoy un referente de políticos e ideólogos de derecha en el mundo entero por su visión profundamente individualista, como plantea en el libro La virtud del egoísmo (1964). “El altruismo es incompatible con la naturaleza del hombre, con los requisitos de su supervivencia y con una sociedad libre”.

Lejos de amedrentarse por el desprestigio de la influyente revista musical británica, Rush comenzó a sesionar en junio de 1978 en los estudios Rockfield de Gales, la continuación de A Farewell to Kings, el álbum grabado el año anterior que les había abierto las puertas de Inglaterra. A diferencia de títulos previos, el trío llegó a la sala sin mucho material, sólo un montón de piezas instrumentales que requerían una concatenación. Peart tenía a medio desarrollar una idea aparentemente desconectada con el viajero galáctico absorbido por un hoyo negro en “Cygnus X-1”, la última pieza de AFTK.


Con el cartel de fachos pro nazis aún fresco, el lado A de Hemispheres estiraría la cuerda al recoger algunos planteamientos de Nietzsche sobre las divinidades griegas Apolo y Dionisio, filósofo al cual el nacionalsocialismo trató de sumar en su disparatado cóctel doctrinario. Aunque la presencia del pensador alemán es insoslayable, el baterista se inspiró en el libro Powers of minds (1975) de Adam Smith, donde se compara la psicología con la religión. Desde ahí derivó a un relato fantástico que enfrenta a Apolo, representativo de la razón, mientras Dionisio encarna el sentimiento. Ambas deidades entran en disputa hasta que Cygnus surge como una figura representativa del equilibrio. Hacia el final, en un remanso acústico tras 18 minutos de intenso metal progresivo, Lee entona suavemente como una réplica a las acusaciones de fascismo:

Podemos ir por nuestro camino juntos
si nuestras metas son las mismas.
Podemos correr solos y libres
si perseguimos un diferente objetivo.


El lado B abre con “Circumstances”, título algo subvalorado en el cancionero de los canadienses. La letra es el primer relato abiertamente personal de Peart, rememorando una infructuosa estadía en Londres a los 18 años tratando de convertirse en músico profesional, en tanto la música resulta más concisa. “The Trees”, cuyos versos nacieron tras unos dibujos animados vistos por Peart y que le inspiraron un relato redactado en pocos minutos sobre una disputa entre arces y robles, se convirtió en un clásico en vivo. Como remate el instrumental “La Villa Strangiato”, basado en unas pesadillas de Lifeson, resume en 9 minutos y 35 segundos las diversas capacidades interpretativas de Rush, abarcando influencias flamencas, heavy metal, progresivo y jazz, en una vigorosa interpretación que infructuosamente trataron de grabar en una sola toma, tras aprenderla en una semana de ensayos dedicados en exclusiva. Demoraron más en ese proceso que el tiempo invertido en el LP Fly by Night (1975).


Para la revista Rolling Stone cuando eligió los mayores clásicos del prog rock en 2012, “La Villa Strangiato” no solo demostró la maestría instrumental del trío, sino que el subtítulo “un ejercicio de autocomplacencia” consignaba que Lee, Lifeson y Peart tenían claro que se estaban repitiendo y era hora de seguir adelante. Geddy Lee fue categórico. “Este es el fin de la historia de Cygnus X-1. Está resuelto, se acabó”.


Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras