Culto
Sara Nieto, directora y coreógrafa: “Hoy se da mucha más importancia a la parte técnica del ballet que a la parte artística”

Sara Nieto, directora y coreógrafa: “Hoy se da mucha más importancia a la parte técnica del ballet que a la parte artística”

La exbailarina sigue vinculada a la danza a través de su academia y de la dirección de su compañía. El próximo jueves estrena Alicia en el país de las maravillas, en el Teatro Nescafé de las Artes.

Cuando no está preparando algún montaje, se dedica a que todo funcione en su academia. Hace 22 años se retiró de los escenarios, pero ahora la exbailarina uruguaya Sara Nieto (70) conserva su pasión por el ballet desde otros roles. Fue en 1997 cuando, impulsada por sus ganas de enseñar y ya retirada, abrió su academia en Santiago. En 2006 se fue a Buenos Aires como directora residente de la compañía de ballet de Julio Bocca, y desde 2012 dirige la compañía de ballet del Teatro Nescafé de las Artes. Con ellos presentará, del 12 al 21 de julio, Alicia en el país de las maravillas, un ballet dividido en dos actos, con música de Piotr Tchaikovski y vestuarios de German Droghetti.

Basada en la novela de Lewis Carroll, la adaptación de Nieto saca a Alicia del oscuro ambiente de la historia original y le da un carácter mucho más familiar y sostenible. “En el libro, Alicia es una niña de 10 años, más o menos, pero en el ballet completo tiene que tener una pareja para bailar, porque una sola persona no puede sostener todo un show”, explica Sara Nieto. Es por eso que en su versión plantea a Alicia como una preadolescente que tiene un amor platónico. “Me inspiré un poco en mis años de preadolescencia, mi primer amor y mis primeras ilusiones, recordando la emoción cuando te agarraban de la mano y el corazón te latía. Esas cosas traté de pasarlas al ballet”, agrega.

La puesta en escena tiene más de 30 bailarines y una moderna escenografía, que incluye pantallas led. Un espectáculo desafiante para los bailarines, tanto a nivel energético como interpretativo. “Es bien exigente, sobre todo para los primeros bailarines, que en el primer acto entran y salen todo el tiempo. Por suerte, tengo unos bailarines fantásticos, como Isabel Barra, Juliana Paes, Lucas Siqueira y Max Benítez. Luego, la reina tiene un papel muy importante en todo el segundo acto. Y la hace un varón, Ederson Teaiva, porque quería una reina imponente, muy soberbia y caprichosa”, comenta Nieto.

Es el sexto montaje de la compañía, que ya había presentado producciones como El cascanueces, Coppelia y La Cenicienta. Desde su creación, en 2012, suelen tener dos temporadas al año, una en julio y otra en diciembre, aunque este año tuvieron una más, en marzo, cuando presentaron Del tango al bolero.


¿Cómo ha visto el crecimiento de la compañía en estos seis años?

-Es muchísimo el crecimiento, porque hay bailarines nuevos en cada temporada. Hay jóvenes a los que les gusta viajar, que buscan trabajos en otros lados, pero el 80% de la compañía o más, son siempre los mismos. Es una diferencia abismal, porque el primer año recogí gente que hacía tiempo que estaba sin bailar, cuya pasión era bailar, pero no tenía donde. Entonces, el primer año costó mucho ponerse en training. Para el primer Cascanueces fue mucho trabajo. Este año hubo una diferencia, porque tuvimos una temporada extra en marzo. Eso es lo importante para un bailarín: tener continuidad y estar siempre trabajando. Somos como una familia y ya nos entendemos en la manera de trabajar.

A poco más de 20 años de su retiro de los escenarios, ¿cómo ve esa decisión?

-No te voy a decir que no se extraña. Se extraña, porque es toda una vida que gira alrededor del ballet, y de un día para otro fui libre. Disfruto mucho cuando enseño, revivo la carrera y me encantan los montajes de las coreografías porque hay que enseñarlas, mostrarlas, y lo disfruto como si fuera yo la que va a bailar. Yo bailé el tiempo justo, no me quedó nada pendiente. Bailé todo lo que me gustaba, y más. Uno sabe desde el principio que la carrera es corta. Por eso, cuando uno es joven tiene que aprovechar, y yo lo hice porque era realmente mi pasión. Después de los 40 estás más propensa a lastimarte y hay que trabajar el doble para mantenerse. Ahí empiezas a pensar qué hacer después. Yo sabía que me gustaba enseñar, así que empecé a estudiar metodologías, a fijarme en los maestros. Me fui preparando.

¿Qué diferencias ha vivido entre su rol de bailarina y los de directora y coreógrafa?

-Lo que uno fue y lo que es ahora, es lo mismo, pero una cosa es enseñar y otra es hacer coreografías. Siempre digo que no soy coreógrafa, porque me imagino que los coreógrafos nacen con esa inclinación a inventar cosas, y a mí me gustaba bailar. Nunca pensé que me iba a llegar el momento de hacer coreografías y me cuesta mucho más, porque nunca estudié coreografía. Poner pasos es fácil, pero hacer los movimientos y crear todo junto con la música, los personajes, da trabajo. Hacer coreografías es completamente diferente, pero trabajar con los bailarines es maravilloso.

¿Cómo cree que ha ido cambiando la situación del ballet en Chile?

-Me parece que es un poco a nivel mundial, que todo va creciendo, cambiando y desarrollándose. Creo que estamos en un momento en que se le da mucha más importancia a la parte técnica que a la parte artística. Me ha pasado ir a ver obras en que terminan de bailar y sí que son buenos, pero la obra en sí no te emociona. No es culpa de los bailarines: me parece que es la moda de ahora. Se usa más crecer en la técnica, ver quién gira más y quién salta más. Se olvidan del sentimiento. Se supone que un bailarín profesional tiene toda su técnica lograda. Entonces, en qué haces hincapié: en la interpretación, en poder sacar tus sentimientos y que la gente los reciba.

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