Culto
Leonidas Zapata recrea gira a Varsovia con Violeta Parra y explica el origen de una de sus décimas

Leonidas Zapata recrea gira a Varsovia con Violeta Parra y explica el origen de una de sus décimas

El escritor y poeta chileno recuerda el viaje que hizo junto a la compositora al Festival Mundial de la Juventud y reproduce un difícil trance vivido por la artista en París y que más tarde inspiraría algunas de sus estrofas.

En 1955 tuvo lugar la quinta versión del Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, que convocó a 31 mil personas en Varsovia, capital de la entonces República Popular de Polonia. Marcado por las ideas sobre coexistencia pacífica y las movilizaciones en contra de un conflicto nuclear, el evento contó con una numerosa delegación chilena, que integraron, entre otros, Miguel Lawner, los Hermanos Duvauchelle y Violeta Parra. En ese grupo también se encontraba el escritor y poeta Leonidas Zapata (1928), quien rememora en esta conversación algunos pasajes de ese emblemático periplo de la compositora nacional.

El ambiente era espeso. Gobernaba Carlos Ibáñez del Campo y aún regía la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, que mantenía proscrito al Partido Comunista. “Esto creaba entre los delegados un clima de inquietud, pues se viajaba a una nación liderada por este conglomerado”, explica el autor de Multiversos (2012), al señalar que los preparativos del viaje se realizaron con mucho sigilo. De hecho, antes de abandonar el territorio se les hizo una serie de recomendaciones sobre el paso por Argentina, pues el gobierno de Domingo Perón no mantenía relaciones comerciales ni diplomáticas con el mundo socialista. Por ello, en los controles aduaneros, siguiendo los consejos, dieron diferentes destinos: Francia, España, Holanda e Italia. Veinticuatro horas después, zarparon rumbo a Europa. Santos, Río de Janeiro, Las Palmas, Vigo, Lisboa, Marsella, Génova y Nápoles fueron los puertos del itinerario.

Junto al bar de la embarcación había un escenario, en el que actuaron los Duvauchelle, Orieta Escámez, Claudia Paz, el Coro Pablo Vidales, algunos tenores y Violeta Parra. Una tarde, mientras Zapata conversaba en uno de los escaños, apareció la compositora chilena, integrándose al diálogo. “Ella llevaba una falda larga, de color café y unas chalas que parecían ojotas. De pelo castaño con trenzas, un tanto desgreñado, y visos claros, su rostro parecía como si le hubiera dado la viruela, pero irradiaba un atractivo especial. Poco a poco, me fui dando cuenta de su gran talento, humanismo, sencillez y generosidad”, recuerda.

Tras 18 días de viaje, desembarcaron en Génova, desde donde prosiguieron por tren hasta Varsovia. Allí arribaron justo el día de la inauguración del Festival, el 1 de agosto. “La solemnidad de esa fiesta fue extraordinaria. En señal de paz, se lanzaron al aire millares de palomas blancas, hubo fuegos artificiales y un espectacular desfile de las delegaciones. Un acto para recordar… Fueron quince días de jolgorio”, comenta el escritor, quien detalla que tuvieron la oportunidad de ver las presentaciones del Ballet Bolshoi de Moscú, la Ópera China, folklore de diversas nacionalidades, coros y juegos deportivos.


Violeta clandestina

Al término del Festival, Zapata viajó con un grupo de miembros de la delegación chilena a un balneario de los Montes Cárpatos, donde permanecieron dos semanas. A fines de agosto, realizaron un tour que incluyó Praga, Viena, Zurich, Frankfurt y París. Pero la Ciudad de las Luces le depararía una sorpresa, hospedado en el Hotel Saint Michel, en pleno Barrio Latino. “Un día que bajaba al primer piso, sorpresivamente me encontré de nuevo con Violeta. Había sido víctima de un robo, por lo que estaba desesperada y muy apenada, y tampoco tenía dónde alojar. Me rogó si la podíamos albergar en nuestras piezas”, dice el narrador y poeta. Tras consultar con sus compañeros, acordaron acoger a la cantautora, desde luego sin informar a la gerencia del hotel. Pasó tres o cuatro noches con ellos, durmiendo en el suelo alfombrado y soportando algunas bromas. Al día siguiente la huésped tuvo un gesto que conmovió a los anfitriones: tendió cordeles en uno de los dormitorios y luego lavó y secó la ropa de todos. El mal comienzo de Violeta Parra en París dio un rápido vuelco: “Ella fue contratada por La Scala, un prestigioso centro nocturno, para animar sus veladas con su música y canciones. Lo primero que hizo cuando recibió su primer sueldo fue festejarnos, en el mismo lugar, en señal de gratitud”, apunta Zapata.

Décadas después, revisando libros en un local, el escritor encontró un volumen que contenía las Décimas de la compositora. Allí, escudriñando entre las páginas, leyó el canto LXXIX, popularmente conocido como Viví clandestinamente, y descubrió, emocionado, que esos versos hablaban del episodio compartido hace tantos años en París.


Décima LXXIX

Viví clandestinamente
con tres chilenos gentiles,
lavándoles calcetines
cuatro días justamente.
De noche pacientemente
voy de bolich’ en boliche
para pegar el afiche
del nombre de mi país.
Me abre sus puertas París
como una mina ‘e caliche.

Ausente de mis amigos
me llaman desde L’Escale,
por números musicales
hacen contrato conmigo.
Momento más enemigo
en ese humeante rincón:
pa’ mi primera canción
se alzó como guillotina
que hacia mi cuello se inclina
si no aplauden mi función.

Caricias y humo m’ enfocan
como fatal torbellino,
de la emoción casi arruino
mi presencia en esa Europa.
Les disparé a quemarropa
de mi guitarra el rajeo,
con mi más caro deseo
d’ encajárselos a los gringos,
una noche de domingo
preciosa como un lucero.

Igual que perro con frío
tirito de puros nervios,
el auditorio soberbio
conecta mi desafío.
Mis ojos humedecidos
resisten el lagrimón,
y al terminar la canción,
en coro gritaron: “Bravo”.
Entonces a Dios alabo
con todo mi corazón.

Con tres billetes de a mil
y a mi cuarto clandestino
llevé donde mis amigos
mi primer sueldo en París.
Brincan al verme lucir
los francos tan azulitos;
besaban los billetitos
que andaban de mano en mano
d’ estos chilenos hermanos,
flores del campo bendito.


Quién es

Leonidas Zapata (1928). Poeta, narrador y ensayista chileno antologado en un sinnúmero de publicaciones, integra los tres géneros en Multiversos (2012), obra a la que siguen los volúmenes de relatos Ecos de la memoria (2014) y La mujer del gabán rojo y otros cuentos (2016).

Sobre el autor:

David Hevia |
es poeta, ensayista y director de la Sociedad de Escritores de Chile.