Culto
Guillermo Parvex, periodista y escritor: “Presenté este libro a la Academia de Historia Militar y descartaron publicarlo”

Guillermo Parvex, periodista y escritor: “Presenté este libro a la Academia de Historia Militar y descartaron publicarlo”

El autor de Un veterano de tres guerras publica 1978. El año que marchamos a la guerra, volumen en que narra su experiencia en el conflicto con Argentina. "No soy un escritor subvencionado por el Ejército", comenta.

“Pasamos todo el día y la noche (del 22 de diciembre de 1978) tendidos en nuestros puestos avanzados de combate, con nuestros fusiles con bala pasada y atentos al mínimo ruido extraño. Nadie tenía sueño, la tensión nos mantenía a todos en completa alerta”.

Contra lo que el sentido común sugería entonces, y sugiere hoy, la inminente guerra con Argentina no sólo pudo haber desatado ese “día D” en el extremo austral, donde estaban las islas disputadas con ese país. De norte a sur, arrancando por el límite con Perú, los pasos fronterizos fueron lugares de alta tensión, dadas las posibilidades de invasión vecina. Así, al menos, lo cuenta Guillermo Parvex en 1978. El año que marchamos a la guerra.

En este mix de memoria personal, reporte periodístico e historia militar, el superventas tras Un veterano de tres guerras y Servicio secreto chileno en la Guerra del Pacífico lleva al lector a lugares que este último probablemente no anticiparía. Por ejemplo, al paso Portillo de Piuquenes (Cajón del Maipo), donde el día señalado se aguardaba una guerra cuyos inminente protagonistas consideraban inevitable. Y donde este teniente reservista a cargo de 20 hombres, que congeló los estudios de periodismo ante el llamado del deber, tuvo que decidir y estar atento a las movidas del otro lado de la frontera.

A casi 40 años de distancia, el texto del primer párrafo, así como un set de anécdotas laterales, bien harían pensar en un guión. Pero mientras Un veterano… se encamina a convertirse en serie de TV, Parvex se contenta con su libro, aunque las películas no se le dan mal, incluso cuando tienen que ver con aquello que más lo ocupa. Cuenta, por ejemplo, que ha visto dos veces Mi mejor enemigo (2005), la cinta de Alex Bowen sobre el mismo tema; que lo hizo “con un ojo crítico” y que ha concluido que “corresponde a una historia muy apegada a los hechos”.

Agrega, igualmente, que el proyecto de este libro fue cosa suya. Que lo empezó a escribir tras terminar de escribir/editar Un veterano… y que “lo tenía listo a comienzos de 2015 y pensaba publicarlo en esa época, pero no fue posible”. Tras firmar contrato con Ediciones B, acordaron publicar en este año de aniversario.


En el libro habla de cierto “espíritu” de los soldados chilenos, presente en 1879 y en 1978. ¿En qué consiste?

-Cuando hablo de ese espíritu de 1879, me refiero a los ciudadanos que marcharon al frente dejando todo de lado, con el convencimiento que los sacrificios que harían eran por su país. Fui consciente de la existencia de ese espíritu de 1879, mientras analizaba los escritos de José Miguel Varela, el veterano de tres guerras. En 1978, lo palpé cuando veía a aquellos reservistas, de todas las tendencias políticas, la mitad de ellos al menos contrarios al régimen imperante, pero con la absoluta decisión de permanecer en sus puestos hasta las últimas consecuencias.

¿Qué postura política tenía por entonces? ¿Cómo advirtió cuáles eran las de terceros, atendidos los riesgos de darlas a conocer?

-Mi postura no estaba claramente definida. Cuando estudié en la Facultad de Ingeniería de la UC, creo que fue más afín a la derecha, pero al ingresar a periodismo se hizo más crítica. En cuanto a los reservistas opositores, lo hacían presente en todas las conversaciones, en los momentos de descanso, de ninguna manera en forma oculta y siempre en un tono más bien humorístico. No eran conversaciones secretas y nunca supe de sanciones por esos comentarios.

¿Era tanto o menos riesgoso expresarse políticamente ahí que en la vida civil?

-Creo que menos riesgoso. Todos, guardando las diferencias jerárquicas, éramos camaradas y como tales tolerábamos de muy buena forma esas diferencias ideológicas. Nos unía algo muy superior: la cercanía de un conflicto de gigantescas proporciones.

¿Cómo llegó a imponerse en detalle de cuestiones que eran más bien secretas?

-Fuimos sometidos a instrucción práctica y teórica. En ella se nos enseñó lo del riesgo de una HV3 (Hipótesis Vecinal 3), es decir, con los tres países vecinos. Esto no era un secreto para ningún miembro de las FFAA: sabíamos desde el primer momento que las fuerzas del Teatro de Operaciones Norte no se moverían hacia el sur, ya que había antecedentes de que Perú y Bolivia se sumarían a la invasión argentina.

¿A qué atribuye, más allá de su propia experiencia, el éxito local de los libros con temas históricos?

-Lo hemos conversado muchas veces entre los escritores que estamos en este ámbito, en no ficción o en ficción. Estimamos que había una necesidad de saber más de nuestro pasado, pero de una forma más lúdica, no por ello menos rigurosa. La gente esperaba saber más de historia, pero no estaba dispuesta a abordar los tratados académicos, de lectura difícil para muchos.

¿Qué diría de los libros de historia militar? ¿Ve una fascinación por la estética militar o por la moral del ejército “jamás vencido”?

-Yo no tengo ninguna fascinación por la estética ni por la moral militar. El hecho de que me interese la historia militar no me lleva a ser un escritor incondicional a ninguna doctrina castrense. Trato de ser lo más objetivo posible y en la introducción a Un veterano… se hacen claras críticas al Ejército y al Estado de Chile. Por otra parte, lo del “ejército vencedor y jamás vencido” es una verdad histórica y no una frase panfletaria. Respecto de los libros de historia militar, creo que en general son muy técnicos, buscando un alto nivel de academicismo. Carecen de emociones que puedan encantar al lector con nuestra historia.

¿Cómo define su cercanía al mundo militar?

-Se circunscribe a unos pocos y muy buenos amigos que hice en esa época. Luego, a través de la Academia de Historia Militar, he ido conociendo a más personas vinculadas al ámbito castrense. Respecto de la edición de mi primer libro en la Academia, fue muy importante para mí, porque me dio a conocer como escritor, y muy beneficioso para ellos, pues les permitió tener recursos que jamás imaginaron para publicar otras obras. Esta cercanía, sin embargo, no facilitó en nada ni esta obra ni las anteriores. No necesité ningún apoyo institucional para realizarlas. Un veterano… corresponde a un trabajo personal basado en apuntes de mi abuelo; Servicio secreto…, a una investigación documental en la que el 99% de los archivos está disponible para quien lo solicite en el Archivo Nacional y en el de la Cancillería, y 1978, en un cien por ciento a mis propios apuntes de la época, apoyados por información disponible para cualquiera en la Biblioteca Nacional. Aclaro tajantemente que no soy un escritor subvencionado por el Ejército, como algunos mal intencionados señalan. Es más: presenté este libro a la Academia de Historia Militar en 2015 y descartaron publicarlo.

En revista Caras le preguntaron por cosas que “se dicen” de Ud, como que trabajó para la CNI. Meses más tarde, un reportaje de Cambio 21 afirmó que nunca apareció en las listas de postulantes a periodismo en la U. de Chile; que entregaba los comunicados de prensa de la CNI, etc. ¿No se ha visto tentado a mostrar documentación que lo respalde?

-No me interesa demostrar nada, porque tengo mi conciencia absolutamente tranquila y no quiero entrar en ese juego. Tengo muy buenos compañeros de la Escuela de Periodismo que hasta hoy son mis amigos y me han ofrecido todo su apoyo. Ese reportaje, desde el título hasta el final, es falso y tendencioso. Incluso, la persona que dice que nunca ingresé, no aparece en la lista de aceptados, publicada el 10 de marzo de 1977. Yo sí, en el lugar 11 de 20 vacantes, con un promedio de 708,6 puntos.

¿Le han reprochado algo en público?

-Nunca.

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