Culto
Bowie y Bad witch de Nine Inch Nails: un abrazo post mortem

Bowie y Bad witch de Nine Inch Nails: un abrazo post mortem

NIN concluye con Bad Witch una trilogía de epés iniciada hace año y medio que ha redefinido su sonido y estética, para acercarse a la cinematografía y la reinterpretación de la angustia y la violencia en nuevas formas. En este último capítulo Trent Reznor cierra un círculo tributando a David Bowie, su mentor.

“Lo sabía. Sabía que harías eso. Sabía que saldrías de eso”. Trent Reznor escucha esas palabras mientras David Bowie le abraza. Están en el backstage de un concierto en L.A. y ha pasado un tiempo desde la gira emprendida en conjunto en 1995 por iniciativa del británico, seducido ante la frescura y el riesgo que en aquel entonces implicaba NIN. Segundos antes, Reznor le ha dicho a Bowie como un hijo orgulloso a su padre, que está sobrio, no como en ese tour plagado de narcóticos, borracheras y resacas donde su fama iba como cohete, mientras la leyenda británica desafiaba al público reacio al pasado mediante un título ambicioso como Outside (1995). “Mi forma de lidiar con la vida era adormecerme con drogas y alcohol”, contaría Reznor a la revista Rolling Stone sobre ese periodo en que NIN vendía más boletos que el ídolo inglés. En medio de ese espiral descendente, Bowie, un veterano de los riesgos laborales que implica ser estrella de rock -20 años antes había atravesado las turbulencias de la paranoia cocainómana-, le dijo al genio del rock industrial que había alternativas a la autodestrucción.

En medio de la locura, Reznor retuvo la integridad de Bowie de hacer cuanto quería como artista en esa escalada conjunta en vivo. “Fue una tremenda inspiración en términos de lo que era posible (…) que no hay reglas”.


David Bowie y Trent Reznor en la época de Hurt

El ancho de un círculo

NIN rozó el pop con With teeth (2005), segundo número uno en EE.UU. tras The fragile (1999), y desde entonces su discografía evoluciona en fases donde su música se volvió áspera, la especie de trilogía conformada por Year zero (2007), Ghosts I-IV (2008) y The slip (2008), y más tarde Hesitation marks (2013), un retorno más bien discreto al formato de álbum tradicional. Durante ese mismo periodo NIN —o Reznor en rigor—, ejecutó un movimiento inusual sumando oficialmente en 2016 al productor y músico inglés Atticus Ross (50) como miembro estable, aunque han hecho equipo por 13 años, conquistando un Oscar por The Social Network en 2011. Con Ross, la música de NIN cogió un segundo aire insoslayable. Reznor encontró en él una manera de retroalimentar con nuevas herramientas sus miedos, furias, el pesimismo, la angustia, la violencia acechante y resuelta en estallidos, el manual completo del mejor dark con la rabia metalera traducida en máquinas y riffs asesinos. Esos elementos ahora se barajan con tiempos de áurea cinematográfica mediante la creación de ambientes sugerentes de trama y giros argumentales, como pistas de una película que aún falta filmar.

El primer episodio de esta trilogía lanzada en formato EP cuyas reglas fijan entre cinco y seis temas por entrega y no más de media hora de música, fue Not the actual events, en diciembre de 2016. Contiene guiños al disco más oscuro de The Cure, Pornography (1982), una ayudita en batería de Dave Grohl en la excelente “The idea of you”, y la lisergia guitarrera de Dave Navarro para “Burning bright (Field on fire)”.

En julio del año pasado publicaron la segunda parte titulada Add Violence, superando las marcas del anterior EP con tonos apocalípticos en la suite “The background world”, la agresividad comprimida de “Not anymore”, y la sensación de vacío persistente en “Less than”, “The lovers” y “This isn’t the place”.

En Bad witch, NIN arranca con rock furioso y saturado “(S**t mirror)”, seguida de la prisa nerviosa de “Ahead of ourselves”, hasta llegar a la instrumental “Play the goddamned part”, la puerta de entrada al homenaje que Reznor rinde a David Bowie en este lanzamiento, utilizando parte del lenguaje del desaparecido músico en Blackstar (2016), en particular el uso del saxo en plan jazz psicodélico. En “God break down the door” continúa la presencia del instrumento de viento unido a una base rítmica con toques del jungle abrazado por Bowie en los 90, mientras Reznor se transfigura como crooner, en un giro inédito de su expresión vocal concentrada por décadas en arranques de furia.

En la última, “Over and out”, el cantante sigue modulando como su mentor y así se cierra un círculo. David Bowie partió buscando a Trent Reznor hace más de 20 años para seguir mirando hacia adelante, y ahora es Reznor quien busca a un Bowie ya extinto, para culminar una fase en que Nine Inch Nails recuperó el elemento sorpresa de su música siniestra. Un abrazo post mortem entre dos adelantados.


Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras