Culto
Camila Gallardo: el presagio de una estrella

Camila Gallardo: el presagio de una estrella

El disco refleja carácter permanentemente. Por muy debut que sea y a pesar de toda la inversión del sello, Gallardo lleva las riendas mediante la voz confiada, expresiva y registrada sin mayores efectos para realzar su verdadera potencia y detalles.

Uno de los tres estudios donde se grabó este disco debut de Camila Gallardo, la mayor promesa del pop chileno de los dos últimos años, es el mismo donde Frank Sinatra entonó “he vivido una vida plena, viajé por todas y cada una de las carreteras” para el clásico “My Way”, un himno a la experiencia y el camino recorrido, escenario en las antípodas al momento que vive la intérprete y compositora viñamarina de apenas 21 años. EastWest studios es el mismo lugar de clásicos como “Pet Sounds” y “Californication”. La lista de astros trabajando en sus salas es legendaria, y testimonia la fuerte apuesta del sello Universal con una cantante que comparte la perspectiva de la generación de Alexis Sánchez, figuras de talento que piensan en grande y buscan la trascendencia en sus actividades profesionales, dejando atrás ese sentimiento resentido e insular que nos marcó por años.

Camila Gallardo cree que la música debe transmitir un mensaje y asume el rol del artista como un profesional con la responsabilidad de producir material de calidad sin importar su condición comercial. Se convirtió en fenómeno juvenil porque representa una verdadera alternativa a la dictadura trap y reggaetón, donde las voces son solo burdas robotizaciones y el temario lírico se remite a erotismo de cinta softcore. Una ídola sin disco en la calle conquistando a l@s chic@s aburridos de las gargantas con autotune, ansiosos por una naturalidad escasa en la oferta musical masiva.

Producido por el argentino Sebastián Krys (Alejandro Sanz, Eros Ramazzotti), una súper estrella del rubro con cinco Grammys estadounidenses y otros diez en la versión latina del premio, este debut titulado Rosa pretende plasmar la versatilidad de Camila Gallardo. Circunscrito al pop, el álbum se expande por la raíz folclórica, la balada lacrimógena de modernas terminaciones, el pop chicloso desvergonzado y un repaso por la música urbana. Las canciones son compuestas en su mayoría por la propia artista junto a distintos colaboradores, con la excepción de “Más de la mitad”, escrita por Luis Fonsi y Claudia Mekarski, extraordinaria pieza romántica de ribetes épicos que sirvió como single de adelanto y presagio de la formidable capacidad interpretativa de Camila.

El disco refleja carácter permanentemente. Por muy debut que sea y a pesar de toda la inversión del sello, Gallardo lleva las riendas mediante la voz confiada, expresiva y registrada sin mayores efectos para realzar su verdadera potencia y detalles. Los dibujos y melodías trazados desde su garganta son el principal atractivo de Rosa, mientras la instrumentación se pliega con naturalidad a ese orden. La producción de Krys destaca cálida, con un componente latino para el mundo que no es el cliché sinónimo de la América morena que bien resume el éxito de “Despacito”. El argentino comprende a la perfección cómo subordinar la música sin que la voz sature por su virtuosismo, el pecado de Christina Aguilera por ejemplo. A fin de cuentas, Camila se hizo conocida por The Voice, la clase de programas que tiende a sobrevalorar la gimnasia vocal de la escuela R&B.

La seguridad de su interpretación deja la sensación de una artista con más carrete. Su edad y la etapa inicial en la que se encuentra sólo se revela en el manejo de las influencias, sin demasiado filtro. Canciones como “Pa callar tus penas” y “Un poco más de frío” retratan admiración por su coterránea Mon Laferte, como la coqueta “Abrázame” y” No es real” remiten a Shakira antes de la tintura blonda.

Las dos primeras canciones, “Querida Rosa” y “Antorcha”, retratan perfectamente la elasticidad de la cantante. La primera se envuelve de cálidas tonalidades folclóricas, en tanto la segunda es contemporánea 100%, cadenciosa base programada, una construcción épica, variedad de voces y un primoroso quiebre acústico. La siguiente, “No es real”, es la mayor concesión comercial de todo el disco con un ritmo urbano bien logrado, pero en el saldo queda fuera de foco y un tanto forzada. “Abrázame” resuma pop latino de alta confección seguida de “Toditas por ti”, con un jugueteo ingenioso en su propia cursilería de musical Disney en los versos “queriendo escribir canciones idiotas románticas cursis, toditas por ti”.

Ven propone dramatismo gótico -“ven recorre mi piel, cuidado con las cicatrices de ayer”- y plasma una de las mejores interpretaciones del álbum bajo un entorno con mezcla de electrónica y soul.

El cierre con “Fuerte”, la única canción que Camila Gallardo firma en solitario, es un punto final con link al ímpetu folclórico del primer corte, cerrando el círculo de un álbum debut que presagia a una estrella pop internacional de inusual convicción.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras