Culto
Eligen los mejores discos de Congreso

Eligen los mejores discos de Congreso

Culto preguntó a un grupo de críticos musicales, ingenieros de sonido y musicólogos: ¿Cuál es el mejor disco de Congreso? En el ejercicio, cada invitado justificó su elección por uno de los 15 álbumes de estudio de la banda de Quilpué. Estas fueron sus preferencias.

Viaje por la cresta del mundo. 1981, EMI Odeon

Rodrigo Pincheira, miembro de la Sociedad Chilena de Musicología y autor de Los elementos: voces y asedios al grupo Congreso (Ediciones Nuevos Territorios, 2017)

Hay varios, pero elijo Viaje por la cresta del mundo (1981), porque la banda se abre definitivamente y para siempre a otros géneros musicales, que en este disco actúan como dispositivo de rock progresivo y que más tarde germinará en su actual fusión. Más allá del hit “Hijo del sol luminoso”, este álbum contiene composiciones de mayor desarrollo como “Nuevo intento” —¡qué hacer sin la voz y la presencia de Pancho Sazo!—, “El descarril” y especialmente “Viaje por la cresta del mundo”. Se instala una sonoridad singular con el bajo fretless de Holman, el piano de Correa y la marimba de Ricardo Vivanco, cuya timbrística quedará como otro sello sonoro de Congreso. Este disco contiene también una zona de fricción en la estética del grupo, es decir un campo de tensión entre el hit de la forma canción con “Hijo del sol luminoso” e “Hijo del diluvio” y el desarrollo abierto, impresionista e intertextual de “Viaje por la cresta del mundo”. Y el título es otra marca: el viaje es camino, porque Congreso sigue proponiendo este destino. Andar, buscar, que es explorar.


Estoy que me muero. 1986, Alerce

Iván Valenzuela, periodista y crítico musical

Para mí, Estoy que me muero (1986). Por dos razones, una personal, es el que marca muy fuertemente mi encuentro con la música del grupo. Los conocía de antes, pero ese álbum me hizo recorrer el resto de su discografía con mucha avidez. Y dos, porque la banda estaba en un momento creativo exquisito, su fórmula llega a alturas extraordinarias en búsqueda de complejidad musical y abandono de lo obvio, encontrando soluciones estilísticas súper creativas, sus textos conceptualmente llegan muy lejos en su sutileza de exploración y descripción de su tiempo y porque en vivo, en la segunda mitad de los 80, no había ningún grupo que, a mi gusto, tuviera un desempeño en directo tan demoledor como el de Congreso. En resumen, para mí, su mejor momento.


La canción que te debía. 2017, Machi

Gonzalo González, ingeniero de sonido y productor

Soy muy fan de Congreso desde niño, conozco muy bien su discografía, me cuesta mucho decidirme pero creo que el mejor para mí es el último. La canción que te debía, me sorprendió mucho que una banda como ellos con una trayectoria larguísima pueda innovar en su estética sonora y entregar un disco con un sonido actual muy sólido y con composiciones muy variadas. Pienso que es uno de los mejores discos chilenos que he escuchado en mucho tiempo, realmente me sorprendió.


La canción que te debía. 2017, Machi

David Ponce, periodista y autor de Prueba de sonido: primeras historias del rock en Chile (Ediciones B, 2008)

No es una oportunidad frecuente como para dejarla pasar: la temporada musical chilena 2018 regala en bandeja la ocasión de afirmar que el mejor disco de Congreso es el nuevo disco de Congreso. Lo que en la trayectoria de cualquier músico podría ser un propósito general y virtuoso, o sea que el trabajo más logrado sea siempre el más reciente, en este grupo es práctica real. Ni siquiera hace falta acudir a los cuarenta y nueve años de trayectoria de Congreso para fundamentar el valor de La canción que te debía (2017), un disco relevante desde una mirada tanto cualitativa como cuantitativa. Los caracteres de los mejores Congreso están acá: desde una relectura tan fiel como innovadora del vals peruano en “El rey Midas”, concebida por el compositor y director Tilo González, hasta el poderoso borde rockero alcanzado en “A las Yeguas del Apocalipsis”. O desde una composición acústica con cita a Los Blops en la letra de “Contemplación” hasta nuevas muestras de las historias de marca registrada del cantante y autor Pancho Sazo, quien en “Fin del show” corrobora cómo ha hecho de la canción un vehículo depurado para una narrativa tan personal como considerable. Que en quince canciones y más de una hora de música no haya descarte es una proeza que pocos pueden alcanzar. Eso es Congreso hoy, con casi medio siglo de edad. De lo bueno, mucho. Y —sobre todo— de lo bueno, nuevo.


Terra incógnita. 1975, EMI Odeon

Gonzalo Planet, periodista y autor de Se oyen los pasos (Cápsula libros, 2004)

Si tuviera que elegir un solo disco de Congreso, me quedo por lejos con Terra incógnita (1975). Compuesto y grabado entre la Unidad Popular y los primeros días de la dictadura, revela con dramatismo el tránsito entre juventud y madurez, e ilusión y decepción. Es un disco valiente, en el más amplio sentido que tenía esa palabra en el Chile de 1975, lleno de dobles lecturas en letras (“Los maldadosos”) y música (“Vuelta y vuelta”). Una epifanía. Admirable.


Con los ojos en la calla. 2010, Machi

Rosario Salas, gestora cultural y músico

Me quedo con el disco Con los ojos en la calle (2010), porque tiene temas geniales. Para mí, una de las mejores canciones de Congreso es “Landó del ángel”. También destaco de ese álbum, “Con los ojos en la calle”, “Mapocho” y “Ovidio, sin papeles en la fiesta de tu barrio”. Las letras de la mayoría de las canciones contiene crítica social, personajes anónimos y periféricos de nuestras calles y ciudades latinoamericanas. Es un álbum sofisticado, que fusiona jazz, rock y raíz folclórica. Es un disco con identidad latinoamericana y sus letras denuncian y describen a nuestra sociedad latina.


Terra incógnita. 1975, EMI Odeon

Sebastián Cerda, periodista y crítico musical

Yo me quedo con Terra Incógnita (1975). Me gusta porque es un disco en que ya se puede apreciar bien la que sería la propuesta identitaria de Congreso (en el anterior creo que aún pisaban un terreno más blando al respecto). El concepto “fusión latinoamericana” siento que encarna muy bien en estas canciones, pero aún con una cierta crudeza y cierta preponderancia en los elementos de raíz, bordes que luego no estarían siempre tan presentes en el grupo, a causa del refinamiento que fue adquiriendo, y una inclinación por la exquisitez y la alta exigencia en la ejecución. No se puede obviar además el contexto, que ya hace de este disco un desafío, un tránsito contra la corriente, y además contiene algunas canciones que son clásicas en su repertorio, como “Dónde estarás”, “Vuelta y vuelta” y “Canción de la Verónica”.


Estoy que me muero. 1986, Alerce

Marcelo Contreras, periodista y crítico musical

Estoy que me muero (1986) es mi favorito por razones arbitrarias. Tiene que ver con un momento de mi vida en que conocí gente nueva que tenía otros gustos que me abrieron la cabeza y por ahí entré a este disco. No solo tiene temas notables como “Súbete a la vereda”, “Niño” y “Nocturno”, sino que me gusta su sonido, el tono pop que tuvo la banda en esos años.


Terra incógnita. 1975, EMI Odeon

Claudio Vergara, editor de Espectáculos de La Tercera

En mi caso elijo Terra incógnita (1975), porque creo que es el disco que mejor representa el credo de Congreso vinculado a la fusión, la exploración de sonidos y ciertas líricas con sensibilidad social y humanista, aunque siempre desde la variante de la poesía, nunca del discurso más directo. Es un álbum completísimo, redondo, que no sólo timbra la madurez creativa del grupo en esos años, sino que también la sincronía entre rock, modernidad, raíces y tradición que ha marcado casi la totalidad del catálogo popular chileno.


ESPECIAL: 50 AÑOS DE CONGRESO
Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars