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El día en que Congreso abrazó la Nueva Canción Chilena

El día en que Congreso abrazó la Nueva Canción Chilena

Un festival de 1971 unió los caminos entre próceres del movimiento, como Víctor Jara y Patricio Manns, con unos jóvenes músicos de la V Región, que aunque no eran militantes ni partidistas, sí estaban comprometidos con los cambios de la izquierda de la época.

Antes de ser electo Presidente, Salvador Allende utilizaba la frase “no hay revolución sin canciones” en los actos culturales de su candidatura.

“Creo que las canciones no derriban gobiernos, así como las guerras no se ganan con marchas. Son, solamente, bellas banderas del pueblo. Pero, ¿qué haríamos sin ellas?”, consideraba por esos días el locutor y productor Ricardo García, “uno de los programadores radiales que más atención puso sobre El Congreso” (1971), el primer disco del grupo Congreso, según recuerda el músico Sergio “Tilo” González.

Ese disco sería el punto de intersección entre la música de la banda de Quilpué y la Nueva Canción Chilena, un género en boga en la década de los 60 y comienzos de los 70, que empleaba al canto como instrumento de reflexión y acelerador de cambios sociales.

No sería su único aporte a la música popular: “En los últimos años de la década de los 60, la Nueva Canción Chilena abrió a nuestra canción a las influencias sonoras latinoamericanas, asumió como un deber los aires de cambio de la época, tendió un puente creativo entre la raíz folclórica y otros géneros (sobre todo, el Neofolklore, la trova y el rock), y concibió su propuesta como una expresión amplia, que incluyó vistosos avances en su trabajo escénico y en la gráfica de sus álbumes”, según explica el sitio web especializado musicapopular.cl.


Congreso había grabado un tema basado en el poema de Neruda “Maestranzas de noche”, lo que les mereció una invitación al que sería el último Festival de la Nueva Canción Chilena, celebrado en 1971. “Estábamos recién incursionando en un lenguaje, en un folclor no tan tradicional y ahí colindamos”, sitúa Tilo.

Álvaro Godoy explicó mejor ese punto de unión en las páginas de la desaparecida revista La Bicicleta: “La Nueva Canción Chilena veía en la música un medio noble para expresar sus concepciones ideológicas y, por lo mismo, su hincapié estaba en el texto de las canciones. En cambio, Los Jaivas, Congreso y, en menor medida, Los Blops, se perfilaban más como grupos instrumentales que vocales. La música era para ellos la protagonista. No se trata de que no tuvieran nada que decir, muy por el contrario. Solo que lo decían más con la música que con las palabras”.

En su libro Canción valiente, Marisol García reflexiona lo siguiente: “Ni el rock chileno previo al golpe de Estado se sentía afín a la Nueva Canción Chilena, ni esta dejó de mirar al rock con franco recelo”.

Según escribe la periodista, “fueron iniciativas excepcionales —anecdóticas, casi— las que unieron en los años sesenta a rockeros y a los cantores políticos de más reconocida militancia. Es mejor recordarlos así, como acercamientos puntuales, antes que intentar teorizar sobre eventuales influencias mutuas”.

Aunque puntualiza que The Beatles cruzaban bandos: “Patricio Manns, Ángel Parra, Quilapayún y Víctor Jara manifestaron en público su admiración por los cuatro de Liverpool”, expone García, recordando que “lo anterior convivió siempre con la distancia de un discurso de cierta izquierda que muchas veces desdeñó al rock como música extranjerizante, descomprometida, alienante o frívola”.

“Único era el caso de los integrantes de Congreso, quienes eligieron el rock para seguir de cerca el camino de la Unidad Popular”, anota el periodista Gonzalo Planet en su libro Se oyen los pasos.

“No éramos de partido, como la gran mayoría de Chile, pero éramos de izquierda, estábamos con los cambios”, dice allí el cantante de Congreso Francisco Sazo. “No te olvides que a nosotros nos tocó, siendo cabros, vivir el fin del gobierno de la DC de Frei Montalva, la ascensión de Allende y el alzamiento de Viaux. Eso es plena guerra de Vietnam. No podías sustraerte o decir paren el mundo que me quiero bajar. Yo por lo menos estaba muy comprometido”, añade.


El Congreso. EMI Odeon, 1971

Una ruta correcta

Así fue como la banda participó del último Festival de la Nueva Canción Chilena, en presencia de próceres del género como Patricio Manns, los hermanos Parra y Víctor Jara.

“Los conocíamos por su trabajo, desde la admiración por lo que hacían. Pero desde Quilpué no teníamos ninguna opción de tener contacto de colegas”, cuenta a Culto el músico Tilo González.

“Ahí tuvimos la oportunidad de estar con ellos. Tampoco nos hicimos amigos, pero fuimos pares”, puntualiza.

Luego sigue: “Quilpué en los años 60 y 70 estaba muy lejos de Santiago. Si hoy los buses salen cada diez minutos y los autos llegan en una hora y tanto, en ese tiempo había un bus al día y el tren se demoraba entre cinco y seis horas. Las ciudades de provincia estaban muy lejos de Santiago por lo que era complicado tener contacto con otros artistas”.

“Ya estar invitados (al festival) era un buen aliciente de que estábamos en una ruta correcta y que además era la música que queríamos hacer y despertaba interés entre la gente de Santiago”, dice el músico.

González cree que la invitación provino desde García, que en la década anterior, cuando Congreso todavía no era Congreso sino un grupo que se llamaba Los Masters (“y tocábamos más instrumentales y rock en español, influenciados por la música mexicana”), fueron convidados a visitar su programa en radio Minería, el espacio llamado “Discomanía”.

“Nosotros no estábamos en la onda fusión: era música instrumental y canciones tipo la Nueva Ola, como Los Teen Tops”, asegura el baterista y compositor de Congreso.

Fue cuando publicaron El Congreso que García comenzó a tocarlos y a interesarse por su música.

“Me acuerdo muy bien que éramos el único grupo invitado que venía de fuera de Santiago. Nuestra canción partía con un sonido de mar constante, cosa que para esa época, con la tecnología que teníamos, era bien complejo de hacer. Había que ponerlo en un equipo de cassette y ese equipo ponerlo en otro de guitarra para que sonara en el escenario, todo muy artesanal. Pero tenía un ruido de mar que grabamos con las típicas grabadoras portátiles de cassette en la Caleta Abarca”, rememora.

Fue entre ese festival y el golpe de Estado de 1973 que los hermanos González resolvieron ingresar a estudiar en el Instituto de Música de la Universidad Católica, hecho que vendría a repercutir en el sonido característico de Congreso, ya notorio a partir del disco que lanzan a continuación: Terra incógnita (1975).



ESPECIAL: 50 AÑOS DE CONGRESO
Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars