Culto
Congreso letra por letra: Tilo González y Pancho Sazo revisan La canción que te debía

Congreso letra por letra: Tilo González y Pancho Sazo revisan La canción que te debía

Homenajes, deudas y pequeñas historias atraviesan La canción que te debía, el último disco de Congreso, uno que explora nuevos sonidos de la región, el número quince entre sus trabajos de estudio.

Oscurece en calle Bellavista de Santiago cuando los siete integrantes de Congreso aparecen a cuentagotas para ensayar en una sala en penumbras. Repartidos entre Santiago y la Quinta Región, los músicos se reúnen cada miércoles en la capital para dar rienda a la camaradería, preparar conciertos y ajustar canciones.

En la cabina de grabación del lugar conversamos largo con la sociedad creativa del grupo, los músicos Sergio “Tilo” González (SG) y Francisco “Pancho” Sazo (FS), encargados de escribir la música y las letras de cada trabajo del septeto, sobre La canción que te debía, el último disco de una banda que alcanza sus bodas de oro, uno que desmenuzamos canción por canción en el mismo orden del álbum.


Sergio “Tilo” González
Francisco “Pancho” Sazo

Premio de consuelo

SG: Primero que nada tiene una parte que son unos versos de Octavio Paz (del poema “Piedra de sol”, uno que capturó la atención de los jóvenes rebeldes de fines de los años cincuenta). Muchos de nosotros nos ponemos en ese mismo lugar en que llegan las cosas de rebote o no llegan porque se reparte mal el naipe. Es una canción que habla del pan de otro, pero hay una esperanza que son los ojos o cualquier personaje que esté al lado tuyo y que te cobije.

PS: Tilo lo propone en un ritmo nortino, que es como como muy festivo. Sin embargo, en lo festivo la muerte y la vida están juntas, como ocurre en los carnavales, que son una pausa en la actividad diaria de los hombres para dedicarse a la trasgresión, a sobrepasar los límites.

SG: Pasan muchas cosas en la calle y lo único que queda es aferrarte a la mano.

FS: El nombre también es muy bonito: “Premio de consuelo”, es como cuando uno participa en un concurso y te ganas el espumante o el tarro de duraznos, que no deja de ser. Nosotros siempre hemos perseguido un hit (ambos se ríen), pero depende de tantos factores. No estaría mal cuando uno llega al invierno retirarse con ciertos honores, como esos antiguos legionarios romanos que les regalaban algunas tierras allá por Dalmacia. Yo creo que tiene que ver con esa idea de que la música sigue. Ahora venía tarareando un tema que estoy pensando para los cincuenta años, probablemente bilingüe, con un viejito que le cuenta a otro: “Se me han pasado volando, no me he dado ni cuenta”. ¡Pero son cincuenta años, medio siglo! Así que dejé de cantar porque me entró el pánico. Tiene que ver con reírnos un poco con esa risa trágica media lynchiana de las cosas serias que hay en nosotros.

SG: Esa idea está en varias canciones.

FS: El otro día hacía una especie de escucha general (de las canciones de Congreso) y se repiten más o menos los mismos temas: niños chicos, mujeres, viejitos, el invierno, el otoño, la nostalgia, que aquí en Chile la poesía le llama poesía lárica. Siempre hemos estado con un compromiso a lo mejor no explícito pero absolutamente audible y legible. A mí me marcó mucho lo que decía un filósofo francés, Gilles Deleuze: “Hay algo obsceno cuando uno habla en nombre de los otros”. Soy el cordero de Dios y cargo con todos los pecados… ¡no! Uno tiene una visión que se enmarca dentro de otra visión que es a veces la visión de todos. Y ahí tú te haces inmortal. Pasa con algunas canciones… qué se yo, de The Doors, con cosas de Víctor Jara que son su consecuencia máxima, o Violeta Parra: son himnos. Y hay otros por ahí que son especies de rémoras que se alimentan de lo que dejan los grandes tiburones. Pero hay que irse por ahí con todo el ánimo de querer pegarle el palo al gato…

SG: Estamos en la banca, pero a punto de salir los últimos diez minutos.

FS: Por último para dar un pase gol.


París 2016

FS: Es una historia inspirada en un hecho real. Una gran amiga, compañera nuestra, que le tocó una enfermedad peluda, un cáncer para ser más precisos. Y que de un momento a otro surge una promesa entre estos amores que yo conozco de que: “Si nos va bien en esta, hay que irse a algún lugar”. ¿Dónde se van los chilenos que se leyeron a Blest Gana (padre de la novela chilena)? ¡A París! Entonces es como un sueño. Suena medio rimbombante pero es jugar con el cliché de un montón de gente sobre todo de principios del siglo XX, estoy pensando en (Vicente) Huidobro, (Camilo) Mori y otros artistas. Pero es un viaje iniciático, de reencuentro…

SG: Sanador.

FS: Sanador. De una pareja sola. Estas son canciones que a mí me dictan. Entonces tiene que ver con eso, con el poder de entrar a un avión de noche y amanecer en un sueño. Además, las dos personas que yo conozco, él y la persona que pasó por este trance se lo merecen con creces. No solamente París: Roma, Nueva Delhi, Talca.


Canción por la paz

SG: Ahí hay mucho de sicodelia, de nuestros primeros momentos, muchos guiños a los músicos que nosotros versionábamos en nuestra juventud. Hay sonidos que evocan a los Beatles, al rock. Hay una flauta dulce muy juguetona. En las plazas la gente tocaba flautas…

FS: Los “lanitas”.

SG: Y obviamente un grito de atención: otro démosle una oportunidad a la paz como decía…

FS: Juanito Lennon.

SG: Tiene que ver con Colombia también. Era en ese momento complicado con las FARC.

FS: Y con lo que ocurre en Siria y Medio Oriente.

SG: Lo importante de todo esto es que son hechos que no se nombran. Es la universalidad la que hace que la canción tenga como ese afán de pequeño himno.

Culto: Es un tema que además se repite en varias canciones de ustedes: la paz.

FS: Es que nos tocó la guerra.

SG: La guerra del 73.

Culto: Pienso en “Horario estelar” y “Ya es tiempo”.

SG: Pero esta tiene una cosa como más de “lo estamos logrando”, pero bueno…

Culto: Cincuenta años y todavía cantándole a la paz.

SG: Para que veas. Son temas recurrentes pero que no están resueltos. Lo mismo con la crisis de los niños. Nosotros grabamos un disco con Nicanor Parra (Pichanga, 1992) y mira como estamos ahora. Cuando reeditamos ese disco en 2013, antes que nos dejara Nicanor, cantar las canciones era como si él las hubiera escrito ese año. Son temas terribles y sin resolver.


La canción que te debía

SG: Es la canción que da el cimiento al disco en el sentido de revisar cosas que no habíamos hecho o dedicar canciones a otros. Nace de una canción dedicada a mi hija y a todos nuestros hijos. Cuando la ensayamos todos dijimos “oye en realidad nos hemos farreado muchas cosas después de estos cincuenta años”.

FS: Va dedicada a toda la gente que uno debiera dedicarle canciones y no ha podido o no ha sabido hacerlo. Pero es verdad. A los hijos nuestros… uno tiene que actuar, ensayar, hay un abandono artístico, pero abandono al fin. Y es terrible porque tú luchas con esa histeria y una cosa muy peligrosa que es el narcisismo de los que se creen artistas. Es una canción también de conjuro: “Tú me inspiraste todo lo que soy”, dice la letra.


El viaje

FS: Tiene que ver con una señora colombiana que falleció de frío en el norte cruzando la frontera por un paso clandestino. Y ella tiene un diálogo con su hijo: “¿Por qué partir? Chile habla español”. Y después la pregunta del millón: “¿Dónde duerme el sol en el fondo del mar?”, ¿por qué la gente tiene que salir de su tierra para ganarse el pan? Debiera tener el nombre de la mujer, lo tengo anotado por ahí, pero representa, con otras canciones que tenemos, a esta migración que es terrible. Es un desraizamiento, un exilio, es pasar las de quico y caco sabiendo además que los seres humanos somos migrantes desde que aparecimos. Es una mirada un poco más descarnada porque somos más viejos, no de lástima sino de un dolor que ojalá pueda conmover, que es lo que persigue la música que hace el Tilo, que conmueva a otras personas. Uno se pone a pensar en la casa de esa persona. En cuando sepan que la mamá no llegó. Por eso son “malditos vampiros”, los que en México se llaman “coyotes”, que pasan para el otro lado, que también es un oficio…

SG: Y también hace eco con otra canción. Es como una respuesta a “Reencuentro” (Aire puro, 1990), donde el tipo llega del exilio y se empieza a preguntar “¿Tendrá todo el mismo olor? ¿Será como en las postales?”.


El rey Midas

FS: Es un vals de la leyenda del rey Midas pero llevada a hoy en día. Un tipo que es capaz de besar porque todo se convierta en oro. “Era dueño, comían de mi mano”, dice. Típico del astro jaguar chilensis, no sé cómo se llamará ahora.

SG: Jaguar 5-0.

Culto: ¿Estaban pensando en alguien en particular?

FS: Representa a Donald Trump en versión internacional. En la nacional hay una lista tremenda. Las personas saben quiénes son, pero el problema es que ellos no se dan cuenta. Porque pueden ganar todo, pero lo pierden todo también. Es lo que le ha pasado a gran parte de la jerarquía eclesiástica. Se los dijo el papa. Creyeron que son la élite, pero la élite somos todos. Yo aprendo de todos, tú aprendes de todos. Hasta de los más chiquititos. “El rey Midas” es un ayudamemoria para no entrar en esa dinámica también. Me lo imagino besando a la amada y convirtiéndola en una estatua oro. Entonces, si alguien es capaz de producir tanto oro, generalmente hay una serie de falsos amigos esperando las migajas. Lo que genera miseria.

SG: Y miseria humana.

Culto: ¿Qué genera a estos rey Midas?

FS: Deben haber varias causas como el dominio y una egolatría sin par. Todas las pasiones humanas exacerbadas llevadas a su punto más lejano de lo que los antiguos llamaban la virtud. Que alguien se puede permitir ciertas cosas porque está en una posición asimétrica con los demás. Gente que se le respeta porque tiene más plata. Lo vemos en los diarios, en los noticieros, gente que se irrespeta porque es de ahí no más, del montón, como todos nosotros. La canción es otra forma no de denuncia pero sí un grito en medio de todo. Es como el cuento “El rey desnudo”. Porque esto es muy antiguo, lo debe haber inventado el primer tipo que hizo un truco para engatusar a otro o para estar sobre otros. ¡Y se da a todo nivel!

Culto: ¿Hay una renuncia a lo colectivo hoy?

SG: Hoy lo individual es tremendo. Es como una carrera desbocada.

FS: Pero acuérdate lo que dice Foucault: el individuo también tiene una historia. Hay momentos más colectivos. Ahora, ¿cómo encontrar un sueño común que no sea la patria ni la nación? Porque ahí pasamos a levantar la manito (hace el saludo nazi). Hay sueños comunes: vivir en paz, tener salarios justos, acabar con niveles de explotación. Yo creo que eso sigue presente en la historia humana, el problema es como los nuevos medios de comunicación de masas han acercado al planeta, lo que decía McLuhan, la gente ve como que la realidad se le va entre las manos, como diría Buddy Richard, nuestro gran filósofo. ¡Pero cuidado! Los campesinos siguen plantando, los obreros se siguen levantando a las 6 de la mañana para ir a trabajar, los músicos siguen haciendo música, los periodistas lo mismo. Es más: yo creo que hay una idea eso sí de cambio de rumbo, hay un pedido mundial de que hay otros desarrollos posibles. Hemos inventado los seres humanos un montón de cosas: cómo no vamos a inventar un desarrollo más ecológico, con más respeto a los animales y a la naturaleza, sin endiosarla.


Baguala tuya

SG: Esa canción es de amor. Es una baguala argentina. Conozco el género bastante bien por mi mujer, Magdalena Matthey. Ella canta y compone bagualas.

FS: Y es un ritmo cansino pero atractivo (lo dice con acento lunfardo).

SG: Y es un poco poner en marcha eso de que el disco tiene temas donde tocan tres o cuatro músicos no más. Es piano, bajo, bombo legüero y voz. Entonces se da para tener un aire distinto y justo con un ritmo del que nunca habíamos echado mano. La temática es sobre amor absoluto, como un regalo. Un intercambio de cómo yo me acerqué a la baguala y ahora…

FS: Es una ofrenda.

SG: Le estoy devolviendo la mano. Igual tiene armonías fuera de lo que es la tradición folclórica.


Las sillas “boca abajo”

SG: Tiene que ver con el personaje de la historia, que es supuestamente una cantante lírica, la que aparece al final del tema cantando. Ella quiere acabar con todo y deja un beso en el espejo. Y el tipo lo ve y dice “chucha, qué pasa”. Y es, además, a la hora en que están las sillas boca abajo. Está de nuevo presente ese dolor del abandono, que “puede ser en Buenos Aires, puede ser en Lima Perú”, como dice la letra. En cualquier lugar el abandono es el mismo. La sensación de sentirse dejado de lado sin previo aviso y termina este fantasma cantando al final.

FS: A la hora en que están contando las propinas, cuando el dueño dice “vamos a cerrar”. Fíjate una cosa que siempre se me va: Congreso siempre ha perseguido la fotonovela. Nosotros trabajamos como cuadro a cuadro con imágenes. A veces muy bien logrado, a veces no. Pero en general son cuadros que nosotros nos imaginamos. La escena contada.


La sombra de un sueño

FS: Es una canción de un loser. Pero un loser simpático. Cuando a uno le dicen adiós hay gente que reacciona muy mal, pero este tipo agradece: “Gracias por todos estos años”, y sin mirar hacia atrás y con la lágrima pegada al ojo no más. En el sentido no de hacerse el macho ni mucho menos, sino de agradecer el que una mujer lo haya amado.

SG: Me doy cuenta que son temas que siempre han estado presentes en las canciones latinoamericanas. En el tango, en los valses, en el bolero. Por lo que el tratamiento musical podría haber sido bastante simple, pero la música evoluciona y hay algo más avanzado que un vals típico o un bolero tradicional. Sin embargo se está hablando de lo mismo y por eso tiene el mismo aroma de esa pérdida.

FS: Uno no lo puede hablar tanto cuando joven porque está hecho para eso.

Culto: Ustedes tiene un músculo en esa temática. Pienso en “Recuerdos del Rivolí”, “La última mirada” o en “Pasillo de amor”.

FS: Sí, claro.

SG: Uno no puede dejar que las cosas se vayan tan fácilmente, que se desaparezcan. Nosotros lo vemos así. Hoy día hay hervidores en la casa, no hay teteras. ¿Cómo puede ser que las desechemos tan fácil?

FS: No se trata de tener una casa de antigüedades, pero sí que coexistan. Y uno tiene una edad en que empiezas a mirar desde otros ángulos, desde otras miradas.


A las Yeguas del Apocalipsis

FS: Es una performance que ellos hicieron (Pedro Lemebel y Francisco Casas) y se les rinde homenaje por su consecuencia. Yo estuve un par de veces con Lemebel, pero en reuniones extraprogramáticas, nunca nos sentamos a conversar y me da mucha pena no haberlo hecho.

SG: Haber sido contemporáneos y que se nos hayan pasado de largo dio pie a la canción.

FS: Ahora, creo que es una deuda de muy poca gente.

SG: Sí.

FS: Porque ellos o circulan en boca de entendidos o de historiadores del arte, pero el papel de ellos en liberar la idea de género, la idea del sexo, la idea de cuerpo… las Yeguas son muy importantes en nuestro país.

SG: En lo musical es el tema más pesado de Congreso. En su momento, esa manera de tocar el rock, bajo con distorsión, la batería con platillos abiertos, era romper lo que venía del rock más…

FS: Glam, edulcorado.

SG: Sí, como de una masa sonando. Quizás no lo logramos como los roqueros lo hacen, pero la intención hacia nosotros mismos es quebrar nuestra propia mano. Entre medio tiene algunas frases bastante zappanianas, yo diría. Unas marimbas extrañas.

FS: Yo creo que las Yeguas, en el momento de la dictadura, nos enseñaron una forma antihegemónica, una forma rebelde: ser homosexual en esa época era triplemente condenado. Nos enseñaron a asumir un papel contestatario contra la dictadura, y contra toda forma de dominación, desde una posición que en ese tiempo era minoritaria. Ellos le dieron visibilidad a lo que hoy en día está en la mesa, lo que se está conversando en las casas. Así que sombreros, digamos, chapeau y glorias eternas a las Yeguas.


Contemplación

SG: Es como tirarse y dejar pasar. Puede ser un primo lejano de “El cielito de mi pieza” (Congreso, 1977), pero igual tiene algunas cosas interesantes. La letra nombra “Del volar de las palomas” de Los Blops, que en el fondo es volver a esa época donde tenías mucho tiempo de contemplar y ver pasar las nubes, dónde iban, qué querían.

FS: Más hippie.

SG: Claro, y justamente invitamos a Simón (González) en guitarra para tener una sonoridad cercana a esa época o al mismo Eduardo Gatti. También tiene que ver con algo que ellos planteaban: una pausa. Salirse un poco del día a día, de la vorágine y quedar suspendido.


El regreso

SG: Tiene que ver con “Canción de Nkwambe” del disco Estoy que me muero (1986).

FS: Es como una nieta que llega a Valparaíso y ve la estatua del Santo Farías que está en la plaza Echaurren. Está ambientada entre Serrano y la plaza Sotomayor. Y el abuelo le dijo “Valparaíso está pulento”. Es una canción amorosa, aparece un perro y un Valparaíso con una mirada de gaviota.

SG: El ritmo podría haber sido un vals en representación de Valparaíso, pero como está este personaje Nkwambe no lo fue. Esas vueltas de tuercas hacemos en la música.

Culto: ¿De dónde sacan materiales para sus letras?

FS: Para escribir letras uno es un vampiro. Yo escucho desde conversaciones de micro hasta Píndaro, Ovidio, que son cosas sacadas de contexto pero metidas en los textos. Por supuesto Neruda, Violeta Parra, Víctor Jara, todos los grandes creadores de letras. García Lorca, cosas del flamenco, los blues antiguos. A Jorge Teillier lo admiro mucho en el sentido de esa nostalgia, de esa borrachera, de la niña que nadie saca a bailar. A Gonzalo Rojas. También hay un lado erótico en nosotros muy cuidadoso, muy especial, que está presente en la parte carnal del deseo.

SG: Yo soy de lecturas más clásicas. Para mí La tregua (de Mario Benedetti) sigue siendo un libro así como guau, qué hermoso, qué emoción, y tan simple además. Esas lecturas me gustan. No ando buscando lo último ni lo contemporáneo. En el último disco hay un trozo de Octavio Paz (se refiere al poema “Piedra de sol”, que aparece en el libro Libertad bajo palabra), que también está en mi velador. Soy bastante conservador y además me gusta la poesía. A veces hemos viajado a otros lugares a tocar y se acerca alguien y te entrega un libro editado con su esfuerzo y hay cosas hermosas. En Chile como que todos tratamos de ser poetas. A veces Pancho presenta una letra de manera muy coloquial, para un tema importante como “Nocturno” (del disco Estoy que me muero, de 1986), y es una tremenda canción. Está ese juego de no tomarse las cosas muy en serio a pesar de estar hablando de algo muy importante.

Culto: En sus entrevistas siempre hablan de “las imágenes borrosas”, de “los que no salieron en la foto” o de “lo que la gente olvida”. ¿Qué significa eso?

SG: Significa que es muy triste estar en donde no te toman en cuenta, donde no eres parte de la fiesta. donde no te invitan a la mesa. Algunos versos invitan a pensar, aunque sea por tres minutos, en que existen, en que son de carne y hueso tal como nosotros, y que respiran, que quieren, que aman, y sin embargo están sometidos a un olvido terrible. Para qué decir cuando hicimos Los fuegos del hielo (1992) con todo el desastre del exterminio de los pueblos autóctonos del extremo sur. Ese tipo de acciones del ser humano nos conmueve a escribir. Es como esos versos (de Jorge Teillier) que dicen: “Es para la niña que nadie saca a bailar”.


Fin del show

FS: Es sobre un cantante ya gagá, que lo llevan al asilo. Entonces describe la parte en que lo están dejando.

SG: Uno que está más allá que acá.

FS: “Nieve en la guitarra”, como dice la letra, es una metáfora muy cursi y muy cliché, pero es verdad: está helado, ya no puede tocar. Pero es un cantante. Que no se piense en otro tipo de músico que no sea un cantante. Lo va a dejar alguien con quien estuvo algunos años, pero ella nunca dijo que lo amó. Está la tele, la muerte que juega a las cartas, un tango en el pasillo, y al final hay una alusión bíblica que aparece varias veces en nuestras canciones más antiguas: “Como las hijas de Lot/ sin mirar atrás”. Entonces le habla de repente a un Carlitos (que es el roadie de nosotros) para ver cómo sigue el show. “¿Cuál tema viene?”. Es como una profecía. La hice pensando con un egoísmo espantoso en todos los cantantes pero principalmente en mí. A mí ya se me olvida todo.


Tiro de esquina

FS: Es la revista Estadio, un joven que se prueba como arquero, que es muy bueno, pero que recibió un balazo como ocurre en algunas poblaciones.

SG: Ahí se conjuga la revista Estadio medio en sepia, pero con lo de hoy.

FS: Este jugador que se va a probar, hace el gran partido de su vida, hasta la mamá lo va a ver jugar, están todos en el tablón y se dice que un empresario lo quería contratar. Tenía todo para triunfar, pero le pegaron un balazo en el paradero cuando iba a trabajar y se acaba.

SG: Es bonita esta doble versión de lo que uno puede leer. “Tiro de esquina”, puede ser un córner y puede ser un balazo.

FS: Horrible la canción. Trágica. Pero es muy actual. Uno piensa en Vidal, en los grandes astros que con mucho sacrificio de todas sus familias lograron el triunfo, pero ellos son el uno por ciento de miles de historias que no conocemos y que se quedan en el camino.


Con el corazón

FS: Tiene que ver una idea que está en (el disco) Para los arqueólogos del futuro (1989), que son los desaparecidos. Los espectros de los cuales muy poca gente habla. Así como Marx escribió “un espectro recorre Europa”, nosotros tenemos muchos muertos arriba, todos los chilenos, y tenemos que darle el sitial de héroes. Piensa que se le ha negado el billete a los que fueron torturados. ¡Por favor! Todo Chile le pagó la deuda al Banco de Chile, al papel tissue y no tenemos o no hay voluntad política para entregarle un sueldo digno a gente que sufrió.

SG: También tiene que ver con cantarnos a nosotros mismos. “Dígale al Tilo que escriba esta noche/ de nuevo con el corazón”, dice la letra.

FS: A veces queremos ser cronistas de la pequeña historia.

SG: Y tiene que ver con la sensibilidad del que escucha. A veces uno se va encontrando con almas gemelas.


ESPECIAL: 50 AÑOS DE CONGRESO
Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars