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Antipoesía y fusión: la pichanga de Nicanor Parra y Congreso

Antipoesía y fusión: la pichanga de Nicanor Parra y Congreso

En 1992 Unicef decidió combinar tres tipos de arte en favor de los derechos de los niños. La literatura, la pintura y la música se unieron para crear un álbum a nombre de Congreso y el antipoeta.

Una promesa fue el inicio de todo: reducir la mortalidad infantil, la desnutrición y una educación básica para los niños del mundo. No era misión fácil, como tampoco lo es ahora, pero había que plantear el desafío.

Si en 1985 se compuso “We are the world” para recaudar fondos contra la hambruna en Etiopía, Unicef también optó por tomar la vía musical auspiciando un trabajo que reunió a la banda Congreso con el antipoeta Nicanor Parra y el pintor Bororo.

Pichanga nace porque se acercan dos amigos productores de proyectos y uno de ellos estaba vinculado al tema de la infancia”, contó Sergio ‘Tilo’ González en conversación con Culto. “La idea nace desde otros, los productores ejecutivos Hernán Dinamarca y Osvaldo Torres”, quienes los invitaron a crear pensando en la Convención sobre los Derechos del Niño.

Junto al Ministerio de Educación, el organismo coordinó el encuentro con Parra para colaborar en la composición lírica, y a Bororo para que realizara el arte y gráfica del proyecto.


“Con Nicanor tuvimos mucho contacto, varias veces en su casa escuchamos cómo íbamos con el proyecto”, recordó Tilo. “Con él tuvimos jornadas muy agradables e incluso de repente nos escribía algo directamente ahí mismo y nos llevábamos de tarea para hacer la música. Después se entusiasmó y fue al estudio cuando estábamos grabando y quiso leer algunas cosas que están en el disco”, explicó el compositor de Congreso.

Ya en 2015 mencionó en conversación con CNN aquellas sesiones de grabación con el antipoeta, donde recordó que “bailaba, era un niño como siempre lo ha sido, así que lo pasamos muy bien, fue un momento muy especial”.

Parra no fue un mero colaborador que se limitó a entregar algunas letras para luego olvidarse de él. Nicanor trabajó directamente con la banda chilena, invitándolos a su casa y también formando parte de las jornadas en el estudio de grabación. “Con él tuvimos un trabajo bien mancomunado. Es curioso porque hay algunas canciones que no están en su literatura editada, sino que solo para la canción”.


La pobreza, la educación y la violencia fueron algunos de los temas que Parra plasmó en la serie de antipoemas. De hecho, son sus escritos los que dan inicio y cierre al álbum conformado por 14 temas, de los cuales el segundo pide explícitamente que los derechos de los niños sean respetados.

Su hija Colombina —en ese entonces de 22 años— contó en conversación con La Tercera en 2013 que acompañó a su padre a grabar junto a Congreso en septiembre de 1992, y su hijo Tololo de solo 4 años lloraba: “Incluso se cuela en la grabación un llanto de él”. Pero aquella no fue la contribución principal de la familia del antipoeta. Colombina cantó la cueca “Juegos infantiles”, la cual —aseguró— “nunca había cantado en vivo”.

Los estudios de Filmocentro en Ñuñoa fueron la sede del registro de este disco finalmente llamado Pichanga, profecías a falta de ecuaciones; con un subtítulo creado por el hombre de Artefactos.

El lanzamiento oficial ocurrió el 10 de diciembre de 1992, y tomó lugar en la Plaza de Armas de Santiago. En una gran pantalla proyectaron las pinturas de Bororo y la banda presentó Pichanga con un concierto gratuito junto al antipoeta en el frontis de la Municipalidad: “Solo música y las pinturas de Bororo y una intervención de Nicanor”, describió Tilo González. No hacía falta más.



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