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Mujeres del Goya: llegan las películas La Librería y Verano 93

Mujeres del Goya: llegan las películas La Librería y Verano 93

El 28 de junio se estrena el largometraje de Isabel Coixet protagonizado por Emily Mortimer que se llevó el premio a Mejor Película en los mayores galardones del cine iberoamericano. Un mes después se exhibirá Verano 93, elogiada historia autobiográfica de la debutante Carla Simón que obtuvo tres Goyas.

La tradición del idílico pueblo inglés erosionado por el egoísmo de sus habitantes sigue viva en las imágenes de la nueva película de la cineasta Isabel Coixet. Tan viva como en los libros que Jane Austen escribió hace dos siglos y que tuvo en su compatriota Penelope Fitzgerald (1916-2000) una virtuosa continuadora. Ganadora del prestigioso premio Booker en 1979, Fitzgerald vivió a contrapelo de los convencionalismos de su época, de la misma manera en que la protagonista de su novela La librería se enfrentó a la miseria solapada de su comunidad. Esta historia es la que Isabel Coixet transformó en cine y la que este año se llevó el principal premio Goya, el de Mejor película.

Ganadora además de Mejor directora y Mejor guión adaptado, La librería se estrenará en Chile el próximo 28 de junio. Es el primero de dos filmes salidos del horno de los Goya 2018 que llegan en el invierno chileno: el otro es Verano 93, la sorpresa de la temporada española. La película, que se exhibirá desde principios de agosto, obtuvo este año los Goya a Mejor dirección novel, Mejor actor de reparto y actriz revelación.

Veterana del cine español nacido en los años 80, la catalana Isabel Coixet (1960) siempre ha manejado con habilidad los resortes de la emocionalidad femenina. Empezó en Demasiado viejo para morir joven en 1989, pero sólo a partir de Cosas que nunca te dije (1996) encontró la horma de su zapato, de su forma de producir y de su estilo: fue una película en inglés, protagonizada por la estadounidense Lily Taylor y con el paisaje de fondo del verde y frío estado de Oregon en Estados Unidos.

Desde ese momento haría gran parte de su carrera recurriendo a historias y a actores de la órbita anglosajona. Quizás su mayor éxito es Mi vida sin mí (2003), película donde Sarah Polley era una joven madre con cáncer terminal que se proponía hacer lo que nunca se atrevió en el tiempo que le queda de vida.

La librería, que fue rodada en la costa de Irlanda del Norte, es una adaptación bastante fiel del libro de Penelope Fitzgerald, una autora que recién empezó a publicar a los 58 años y que escribió este volumen a los 62. Es en gran parte autobiográfico y se interna en los mil y un esfuerzos que la abnegada viuda Florence Green (Emily Mortimer) hace por mantener una librería en Hardborugh, un pueblo costero de Inglaterra. El año es 1959 y la comunidad es ciega, sorda y muda a los avances civiles y al lugar de las mujeres en la sociedad. Tenaz y sensible al mismo tiempo, Florence compra una vieja mansión en ruinas con el dinero que le legó su esposo y empieza a vender libros con apenas la ayuda de Christine (Violet Kneafsey), una niña de 10 años que lee tarde, mal y nunca.

Con mejores críticas en Estados Unidos y Europa que en la propia Gran Bretaña, la película de Coixet entra en la tierra de la tensión cuando Florence recibe la desaprobación de Violet Gamart (Patricia Clarkson), millonaria y gran dama de la pacata sociedad local. Ni ella ni su círculo está dispuesta a aceptar que en un pueblo donde no hay ni cines, ni galerías de arte ni nada remotamente cultural, una voluntariosa viuda traiga los éxitos literarios más escandalosos del momento: es el año 1959 y Florence pone en escaparate Lolita de Vladimir Nabokov y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, obras que apenas tenían cuatro y seis años de circulación respectivamente.

Muchos han visto en Florence un espejo de la propia Isabel Coixet, mujer de voluntad fuerte y gran capacidad de trabajo, con 20 películas a la fecha. Ella misma lo sugería de alguna manera al diario El País hace unos meses: “Como Florence, soy testaruda, no he medido los riesgos que he corrido y también pienso bien de todo el mundo”.


Aquel estío

Tomando la posta de Isabel Coixet, hay otra cineasta española. También es catalana y también gusta de escarbar en su propia vida para hacer películas, aunque de una forma mucho más directa. Se trata de Carla Simón (1986), quien debutó en el largometraje con Verano 1993, la película que por lo demás fue elegida por la Academia de Cine de España para representar a su país en el cupo al Ocar a Mejor filme extranjero.

Antes de ganar los tres galardones Goya de principios de año, Verano 93 ya había encontrado el elogio y la celebración en el Festival de Berlín 2017, donde obtuvo el premio a Mejor opera prima. La historia es la de la propia Carla Simón cuando pequeña, en el momento en que debe hacer la transición desde la ciudad a una comunidad rural de Cataluña. La razón es particularmente trágica: sus dos progenitores (primero su padre y tres años después su madre) mueren de Sida, y la niña es enviada a vivir con su tío materno, su esposa y su hija.

En la película la niña de seis años es Frida (Laia Artigas), una inquieta y traviesa muchacha de Barcelona. Trasplantada súbitamente a un pueblo del interior, Frida se transforma en el comidillo de la comunidad y en la hija adoptiva de su tío Esteve (Diego Verdaguer) y su esposa Marga (Bruna Cusí), que hacen lo que pueden con una muchacha resbaladiza y difícil de domar. Su pequeña aliada local es su prima Anna (Paula Robles), que tiene tres años, los suficientes como para jugar con ella y darle un sentido a aquel verano de 1993.

Sin referirse explícitamente al Sida, el debut de Carla Simón es capaz de mostrar el lado sombrío de esta historia: Frida, generalmente alegre, no entiende por qué de la noche a la mañana ya no vive donde nació ni tiene a los padres con que vivió. En su elogiosa crítica, The New York Times lo ponía en estos términos: “La película se balancea delicadamente en las secuelas de una tragedia, pero su tono está lejos de la congoja. Melancolía, sí. Incluso desgarro momentáneo. Pero finalmente su arco emocional insiste en ir desde una vaga tristeza a una gentil catarsis”.

Hablada en catalán y filmada en seis semanas, Verano 93 parece mostrar una nueva y original voz en el cine español. Una comandada por una mujer que conservará las locaciones pueblerinas en su nuevo filme. Así lo anunciaba hace poco al diario ABC: “Mi nueva película hablará de relaciones familiares, del mundo rural, en Lleida. Habrá cosas de mundos que conozco, pero no tan personal. Para empezar no está basada en mi experiencia que después de todo el viaje de Verano 93, me apetece cambiar”.

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