Culto
Los increíbles 2: el arte de la réplica

Los increíbles 2: el arte de la réplica

El buen sabor de boca que deja este retablo de superhéroes, así como las sutilezas y aciertos del relato, no borran una impresión general: he acá una réplica de ese terremoto con visos de cataclismo que pasó por salas hace 14 años. Ocurrente, respetable y hasta admirable, pero réplica al fin.

Antes de ser propiamente un departamento de Disney -después también, pero menos-, el estudio animado Pixar se consolidó como un lugar donde la domadura de la imaginación corrió en paralelo al despliegue del talento y lo que pareció un respeto genuino por la sensibilidad y la inteligencia del público masivo. En esa línea, y tras sorprender con hits como Toy story (1y 2), Monsters, Inc. y Buscando a Nemo, encontró una nueva cumbre con Los increíbles (2004).

Escrita y dirigida por Brad Bird, fue esa una película “familiar” en clave de thriller de espionaje con ambientación vintage. Una animación que se tomó muy en serio cada uno de los variados aspectos de su urdimbre, desde la acción hasta el sentido del humor, pasando por las facetas sombrías de sus protagónicos. Lo bueno de Los increíbles 2, 14 años después, es que respeta sus propios estándares y, por esta vía, manifiesta consideración por la audiencia, atienda o no los requerimientos del nerderío en redes sociales.

Nuevamente con Bird a cargo, esta continuación trae de vuelta a la familia Parr (Bob, Helen, Violet, Dash y el diablillo de Jack-Jack), a la que vemos padeciendo su doble vida: la de gente “normal” que, cuando la ocasión lo demanda, usa sus superpoderes -ilegales- para combatir el crimen. Fondeados en un motel, sin claridad sobre el futuro, reciben el salvavidas de un multimillonario que los quiere volver a ver en acción. Y ahí es donde Helen (con la voz de Holly Hunter en la versión subtitulada) se instala en primera fila, en desmedro de un Bob perplejo.

En lo que toca a los valores de producción, a la acción y sus coreografías, a lo impecable del trazo (digitalmente) animado, poco hay para reprochar en esta segunda parte. No se siente larga para su género, pese a durar casi dos horas, y si bien no le queda otra que tributar a la primera entrega, trasunta dignidad y vida propia, que es más de lo que puede decirse de varias segundas, terceras y cuartas partes de la última década, incluyendo las paridas por Disney/Pixar.

Dicho eso, el buen sabor de boca que deja este retablo de superhéroes, así como las sutilezas y aciertos del relato, no borran una impresión general: he acá una réplica de ese terremoto con visos de cataclismo que pasó por salas hace 14 años. Ocurrente, respetable y hasta admirable, pero réplica al fin.

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