Culto
Acusaciones entre hermanos: el patrimonio de Parra en conflicto

Acusaciones entre hermanos: el patrimonio de Parra en conflicto

Ayer Colombina, hija menor, habló tras la demanda de nulidad del testamento. “Ella me odia desde que nací”, dice de Catalina. El poeta dejó en su cuenta US$ 1 millón.

Fue una despedida masiva en la Catedral de Santiago, el miércoles 24 de enero pasado. Era su velorio. Al día siguiente, sus restos fueron trasladados a Las Cruces. Hubo momentos tensos, a pesar de que el féretro de Nicanor Parra, quien había fallecido un día antes en su casa de La Reina, a los 103 años, ya estaba instalado a pasos del altar.

“Dicen que no pueden poner a Violeta Parra en la iglesia… ¡Entonces nos vamos!”, fue la reacción de Colombina (1970), hija menor del antipoeta, cuyas palabras después de tensos 15 minutos y diálogos, pasaron a ser una anécdota. Sin embargo, las diferencias entre los hermanos ya era evidente. En la primera fila del templo, Colombina estaba con su hijo, Cristóbal Tololo Ugarte. Varios metros atrás estaban Catalina (1940), hija mayor del autor de Artefactos, junto a su hija Isabel Soler. Y más retirados, casi en la mitad de la Catedral, Ricardo junto a sus descendientes. De los seis hermanos, nacidos de tres parejas de Nicanor, solo participaron tres. Por diferentes motivos no llegaron al funeral los otros hijos, Francisca, Juan de Dios ni Alberto.

“Ninguno de Uds. sabe el estrés que sufrimos el día de su muerte en que llegó Catalina a pelear por que el papá no se enterrara en Las Cruces, si no que en un cementerio. Toda la familia Parra presenció esta discusión cuando mi padre todavía estaba tibio”, contó ayer Colombina en su cuenta de Facebook, luego de informarse de la demanda de nulidad del testamento interpuesta por sus hermanos Catalina y Alberto.

El documento testamentario la designa albacea y beneficia con un 58,33% del total de la herencia. El recurso judicial presentado el miércoles en el 24 Juzgado Civil de la capital, cuestiona la salud mental de Parra al momento de testar, acusa a la menor del clan de “injerencias indebidas” y “aprovecharse de su edad y estado de dependencia”.

El relato de Colombina en la red social es crudo y revelador: “Siento rabia por cómo estos hijos que dejaron al papá en el abandono ahora vienen por sus lucas”, dice, y desmiente cualquier problema mental del poeta: “El papá estaba viejo y sordo, pero no loco (…) Jamás lo tuve preso como dice ella”.

La cantante detalla otras solicitudes de Catalina en los funerales del padre. “Luego exigió que se embalsamara a lo que nos tuvimos que oponer nuevamente. Embalsamar para que Alberto que llegaba en unos días más alcanzara a ver el cadáver. Luego dio la orden de que se le velara en la Catedral a lo que no me opuse porque ya sería mucha pelea (sic)”, cuenta.

Luego se detiene en la relación personal con su hermana y artista visual: “Ella me odia desde que nací. Así de simple y no hay nada en el mundo que la pueda hacer cambiar de opinión. Yo no la odio. Hasta la admiré en una época pero ya no”, agrega para terminar su carta: “No basta con vivir en manhattan y exponer en el moma (sic). no basta guachita culebra. (…) chao pescao y nos vemos en tu juicio final”.


La UC se retira

La publicación hace evidente el conflicto entre los herederos, que estalló a solo días de la muerte del Premio Cervantes 2011.

“Las familias chilenas me recuerdan aquellas familias rusas que aparecen en los dramas de Chejov”, le dijo Parra al poeta Jorge Teillier, en una entrevista de 1968. “Todos se van quedando solos o van acumulando resentimiento que de pronto se encarnizan en echarse en cara unos a otros”, agregaba.

Una de las consecuencias de la disputa entre los hermanos y sus abogados ocurrió por estos días e involucra a la UC y su rector, Ignacio Sánchez: la interrupción de la ayuda otorgada por la casa de estudios en el inventario de los bienes del poeta, luego de aportar con dineros y sobre todo con profesionales para este fin.

“El rector dijo ‘si van a existir peleas familiares, yo no quiero estar al medio’. Entonces pidió una carta de todos los herederos que aprobaran el trabajo de la universidad”, dice Juan Esteban Montero, director jurídico de la UC. “Cuando Arturo Majlis (abogado de Catalina y Alberto) nos informa que iniciarán acciones legales -demanda- entre los hermanos, en ese momento decidimos que no nos correspondía estar metidos en enredos familiares”, añade.

Otra arista de la pugna tiene relación con los cuadernos recuperados de Parra, luego que su hijo Juan de Dios los vendiera a algunos coleccionistas. Un valioso material biográfico de uno de los más grandes poetas de Hispanoamérica.

Hace algunas semanas Luis Valentín Ferrada, abogado de Francisca, Ricardo, Colombina y Juan de Dios Parra, le informó a Arturo Majlis que los manuscritos del escritor quedarían resguardados en la biblioteca de la Facultad de Arquitectura de la U. Católica. Información que fue negada por el rector Sánchez e incluso por el mismo Emilio de la Cerda, arquitecto por entonces a cargo de la llamada Operación Inventario.

“Eso es verdad, pero se tomó la decisión bien excepcional de no hacerlo ya que iba en contra del tema del albaceazgo. Efectivamente los cuadernos, todos numerados, están dentro de sobres especiales sellados”, cuenta Ferrada, quien lamenta la distancia con la UC: “Es una pérdida enorme de colaboración, porque además se incluía la restauración de los cuadros de la Violeta”. Obras cuya propiedad está en discusión .


Trabajos poéticos

No era un secreto que el autor de Versos de salón era una persona austera. Cuando hizo clases, en los 80, en la Escuela de Ingeniería de la U. de Chile, cada cierto tiempo invitaba a un grupo de alumnos a almorzar, a una picada en Vergara 723 cerca de Blanco Encalada. En el restaurante, Parra pedía cazuela de ave o el menú casero del día. No solicitaba ni más ni menos de lo disponible. No era de excesos, le gustaba almorzar en restaurantes típicos del Litoral Central. Uno de sus artefactos titulado Salario mínimo, dice: “Nadie debe ganar + que el Presidente de la República/ ni menos”.

“Colombina como albacea no puede disponer del dinero para sí misma, pero los impuestos y contribuciones hay que pagarlos”, comenta Ferrada. El profesional se refiere a las propiedades de Parra. Parte de su patrimonio material consiste en una casa en Isla Negra, adquirida tras obtener el Premio Nacional en 1969; su hogar de Conchalí (hoy Huechuraba), donde apuntó su poema El hombre imaginario; la casa de Las Cruces, donde hoy descansan sus restos, y el hogar de La Reina. Este último mantiene un avalúo fiscal por $ 518 millones. Además, Parra conservaba terrenos en la comuna de Peñalolén avaluados en $ 300 millones. En EEUU, en tanto, se halla el departamento de Nueva York, ubicado en Cathedral Parkway 527.

Y confirman los abogados de ambas partes que también el artista dejó en su fondo de cuenta corriente US$ 1 millón. Parra, quien decía “que el poeta tiene que ser un empresario”, recibía dineros de su jubilación de la U. de Chile; académico emérito de la U. Diego Portales; los derechos de autor administrados por la agencia Carmen Balcells (que duran 70 años más) y la mensualidad del Premio Nacional. Además se sumaban los contratos de los libros. Por ejemplo, por Conversaciones con Parra, Chicago 1987, de René de Costa, aparecido en 2016 y editado por el Banco Estado, recibió $ 10 millones.

“El albacea es el administrador y tiene la facultad de la conservación de las propiedades. Es más, si ella no lo hiciera estaría cometiendo una falta”, señala Ferrada sobre la labor de Colombina, quien viene llegando de España, donde estuvo a cargo del montaje de una exposición que incluyó parte de la obra de su padre, en el Museo Vasco de Arte Contemporáneo.

Por otra parte, los abogados de Catalina y Alberto Parra dicen que Colombina no debería hacer ningún movimiento bancario, ya que “el testamento está objetado”. Ante las acusaciones en su contra de aprovecharse de los recursos del padre, Ferrada responde: “Es Catalina quien vive en un departamento en Nueva York comprado con dinero de su padre, cuando ella dice que eran sus hermanos menores los que vivían a costa de Nicanor”.

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