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Culto
Tradición, precisión y belleza: la filosofía del arte japonés

Tradición, precisión y belleza: la filosofía del arte japonés

Más de 30 piezas de arte originales procedentes de Japón, donde destacan grabados o estampas japonesas, armas, armaduras samuráis, vestuarios y mobiliario que formaban parte de las costumbres de la vida cotidiana nipona, se pueden apreciar en el Museo Nacional de Bellas Artes, desde el 25 de mayo hasta el 5 de agosto. Una exhibición que lleva de viaje a los espectadores al oriente del pasado, para ser testigos de la riqueza cultural y artística de esta sociedad milenaria, llena de misterios, tradiciones e historias.

Mundo flotante del período Edo es el nombre de esta muestra, cuyas dos primeras palabras provienen originalmente de un término budista relacionado con la miseria, la tristeza del mundo y la vida fugaz. Sin embargo, durante la época Edo, se reinterpretó la idea de “mundo flotante” para describir el mundo de los placeres, la superficialidad de la vida cotidiana y la prosperidad.

A través de diversas historias que relatan las tradiciones de lo cotidiano en el periodo Edo, que se estableció en Japón desde del siglo XVII al XIX, la muestra se compone principalmente por estampados pertenecientes a la colección del MNBA, y se complementa con objetos provenientes de la colección del Museo Histórico Nacional (MHN) y el Museo de Artes Decorativas (MAD).

Así, se genera una exhibición colaborativa que busca que el espectador desarrolle su curiosidad, aprendizaje y se conecte con la muestra a través de las narrativas presentadas sobre costumbres y leyendas, que incluso, pueden extenderse hasta el día de hoy.

Algunas de estas piezas artísticas, exhibidas por primera vez en casi 90 años, dan cuenta de la estética japonesa, en un período que duró 250 años y estuvo caracterizado por el aislamiento, evitando la influencia extranjera, según afirma Roberto Farriol, director del MNBA, en la presentación de esta muestra.

El director de la institución, agrega que en esta época se instauró una serie de normas y protocolos, pero también se dio paso a la proliferación y desarrollo de las artes, cultura y entretención. “En esta etapa, los artistas buscaban la representación del encanto y la diversión del entorno”, explica Natalia Keller, curadora de la exposición.

Así es como surge la técnica de estampado en color llamada ukiyo-e, es decir, “las imágenes del mundo flotante”, que se puede observar en la exhibición.

Para los artistas que utilizaban esta técnica, la representación femenina era muy popular y se relacionaba con la admiración de la burguesía urbana de las ciudades, con vestuarios esplendorosos, peinados abundantes y el colorido diseño de las vestimentas de las geishas y cortesanas, asegura Keller.

Además, en la muestra aparece la técnica a tinta negra llamada sumi-e, con obras realizadas, generalmente en papel. Se trata de una técnica previa al periodo Edo, transmitida por los monjes budistas zen desde China, donde destaca el arte de la caligrafía y la intención de describir la esencia de lo representado en pocas líneas o manchas.

Dentro de estas estampas, se relata una de las primeras novelas japonesas, escrita en el siglo XI, donde se narra la historia del príncipe del Genji, quien está enamorado de una princesa que no lo acepta, debido a que lo considera mujeriego. Sin embargo, ella tampoco le niega su amor, y eso mantiene a Genji eternamente interesado.

Como una metáfora del amor imposible, la princesa es nombrada Asagao, como las flores (que aparecen en la parte inferior de la estampa), que se caracterizan por ser venenosas y hermafroditas, abriéndose en la mañana y cerrándose al atardecer.


Príncipe Genji y princesa Asagao. Hosoda Eichi 1756 a 1829.

Carolina Barra, Encargada de colecciones del MNBA, destaca los códigos de honor y de defensa que tuvo la figura del samurái en este periodo y que se pueden contextualizar a través de las espadas y armadura presentes en la muestra.

Un ejemplo de este comportamiento, menciona Barra, es que en combate los samuráis cortaban la cabeza de su enemigo, siendo un motivo de orgullo, por lo que realizaban rituales para embellecerlas y exponerlas. Así como también, antes de ser asesinados, practicaban el suicidio para mantener el honor.

A través de esta exhibición también es posible derrumbar algunos mitos presentes en la sociedad occidental, como por ejemplo el rol de la geisha que parece ocupar un puesto equivalente al de la cortesana. Sin embargo, puede llegar a sorprender al público el hecho de que las geishas, solo ejercían actividades de entretención como bailes y cantos, pero no servicios sexuales, como sí lo hacían las cortesanas.

Un ejemplo de ello, es la estampa llamada “Geisha de la era Kaei tocando shamisen”, donde aparece una mujer vestida con un kimono y un elegante peinado, mientras sostiene un instrumento de cuerda originario de China que comenzó a tocarse en Japón durante el periodo Edo, por lo que se deduce su especialización en las artes de los instrumentos musicales.


Geisha de la era Kaei tocando shamisen. Tsukioka Yoshitoshi de 1839 a 1892.

El vestuario también fue un aspecto importante dentro de la tradición japonesa, y destacan los kimonos, que de acuerdo a su diseño, daban cuenta del estatus social, edad, estado civil y sexo de la persona. Además, la importancia que se le dio a esta norma de vestimenta fue tanta, que los personajes envueltos en los kimonos parecían perder su individualidad, comenta la curadora.

Y así lo confirma el pensador japonés Jun’ichiro Tanizaki en 1930: “Nuestros antepasados, al igual que los objetos de laca con polvo de oro o de nácar, consideraban a la mujer un ser insuperable de la oscuridad e intentaban hundirla tanto como les era posible la penumbra; de ahí aquellas mangas largas, aquellas larguísimas colas que velaban las manos y los pies de tal manera que las únicas partes visibles, la cabeza y el cuello, adquirían un relieve sobrecogedor”.


La fiebre por el coleccionismo japonés

Según explica el director del MNBA, el periodo Edo tiene su fin a mediados del siglo XIX, cuando Japón abre sus fronteras frente al colonialismo europeo, dejando entrar a la modernidad y poniendo fin a largo período feudal de los samurái, con el establecimiento de la figura del emperador como símbolo de la autoridad japonesa.

Mientras tanto, en occidente se comenzó a desarrollar un especial interés en la exótica estética oriental. Y en el mundo artístico europeo, este tipo de arte fue una influencia para personajes como Vincent Van Gogh (1820-1888), Edgar Degas (1834-1917) y Henri de Tolouse-Lautrec (1864-1901), quienes demostraron su inspiración en las estampas japonesas en su producción artística.

En Chile, también tuvo influencia, como por ejemplo en las pinturas “Antiguos objetos japoneses” de Joaquín Fabres (1856-1909), “Flores japonesas de Alfredo Valenzuela Puelma (1856-1909) y “Kimono blanco” de Judith Alpi (1893-1983).

Además, surgió el interés por adquirir y coleccionar objetos orientales, siendo una tendencia de moda en la época. Esta práctica se desarrolló tanto en Europa, en nuestro país.

Producto de la investigación de la curadora en torno a la muestra, se descubrió el origen, hasta ahora desconocido, de la colección, y se la relacionó finalmente con la gestora de arte, escritora feminista y periodista, Luisa Lynch del Solar, quien durante su estancia en Japón junto a su marido Carlos Morla Vicuña, adquirió una extensa colección de piezas japonesas, algunas de las que posteriormente pasaron a ser parte de la colección del MNBA.

De esta forma, la colección de estampas japonesas fue exhibida por primera vez en Chile en la inauguración del Palacio de Bellas Artes en el marco de la Exposición Internacional en 1910, y ha sido conservada durante casi 90 años en los depósitos del MNBA, donde ha habido un largo proceso de conservación restauración e investigación histórica sobre su procedencia.

Es así como este trabajo, constituye, según la curadora “un aporte al estudio sobre el origen y destino de este importante conjunto de obras y sobre el coleccionismo oriental en Chile en los inicios del Siglo XX”.

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