Culto
Sex and the city y las mujeres imperfectas

Sex and the city y las mujeres imperfectas

Hace veinte años se estrenó la serie de televisión que opera con una premisa sencilla: mujeres que disfrutan del sexo y no necesitan de un compromiso para tenerlo. Lo que hoy nos puede parecer básico, en 1998 generó gran revuelo.

La crítica millennial insiste que, en el fondo, Sex and the city sigue el paradigma de la historia de princesas cuya única motivación es encontrar el amor de su vida. Sin embargo, muchos anulan lo que de verdad hace diferente esta serie (y por qué aún hablamos de ella): Sex and the city es una historia de amor, pero una historia de amor de personas imperfectas.

Carrie Bradshaw, la protagonista, sólo comparte dos cosas con las princesas: la búsqueda del amor y su gusto por la moda. Es neurótica, obsesiva y una drama queen (se cuestiona cuando lleva una relación duradera y todo anda bien). Cuando pololea con quién podría ser el hombre perfecto, Carrie lo engaña con su ex (que le partió el corazón). Es la clásica amiga que quieres que deje de autosabotearse. Pero al mismo tiempo, es muy sincera, y sabes que no es una mujer mala. Carrie es un personaje lleno de matices que nos hace amarla y odiarla a la vez. El rol de anti héroes estaba bastante reservado para los hombres, y Carrie fue una de las primeras en encarnarlo.

Las amigas no se quedan atrás. Charlotte, es una romántica que sólo quiere casarse pero al mismo tiempo quiere pasarla bien. Es la amiga que descubre que el sexo sí afecta a las relaciones (eso que no nos comentaron nunca en los cuentos). En general, creemos que el feminismo tiene que ver con mujeres trabajando, cuando en realidad tiene que ver con que cada una/o elija lo que quiere hacer con su vida.

Samantha es lo contrario: ella ve la relación con los hombres como una prisión, es orgullosa y autónoma en casi todos los sentidos. La primera vez que Samantha llora en la serie es escondida en un ascensor tras defenderse al ser humillada por un magnate de la industria hotelera (lo cual arriesgaría una demanda hoy). A través de la serie, Samantha encuentra el amor con un hombre menor, que le ayuda a entender que a veces también es bueno bajar la guardia.

Mi personaje favorito es Miranda. La exitosa y ruda abogada pelirroja. Miranda tuvo que aguantar el mansplaining en su trabajo (mucho antes de que fuera un tema) y luchar por hacerse camino en un terreno masculino. Por lo mismo, tiene la actitud más ruda y crítica de todas. Ante sus colegas, no puede mostrarse débil. Es la amiga que sabes que es seca y que va a lograr todo lo que se proponga. Lo irónico es que se enamora de un hombre increíblemente sencillo, no es ni mino ni el abogado más exitoso, es un barman que logra enamorar a Miranda sólo por su simpatía y sinceridad. Ellos son de mundos completamente opuestos, y la orgullosa Miranda muchas veces dificulta la cosas más de lo que debería.

Es cierto que en el final de Sex and the city todas las “princesas” terminan emparejadas. Sin embargo, estas son princesas que tuvieron sexo con extraños, que se tuvieron que realizar el test del VIH, que mantuvieron relaciones tóxicas, que engañaron a sus parejas, que intentaron innovar en su vida sexual, que abortaron (sin sentirse culpables), que fueron madres solteras, que rechazaron la violencia, que priorizaron su carrera y no tuvieron miedo a que las llamaran putas… mujeres imperfectas, mujeres reales.

Sobre el autor:

Ángela Godoy |
Directora audiovisual.