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Culto
Edita Rojas: la mujer del tiempo

Edita Rojas: la mujer del tiempo

Mujeres bateristas hay pocas y dentro de esa singularidad Edita Rojas destaca por su talento. Integrante fundamental de Electrodomésticos por 17 años, explica por qué importa más la canción que el estilo propio, cómo trabaja con Carlos Cabezas, que aprendió de “Tilo” González, y el círculo vicioso que afecta a los músicos chilenos.

Teatro Municipal de Santiago, domingo 22 de abril. Electrodomésticos cierra la presentación de Ex La Humanidad (2017), uno de sus mejores discos. La banda símbolo de electrónica y rock, y en cuyo recetario original las percusiones se programaban, abotona la noche con un espectacular solo de batería de Edita Rojas (40). Aquel recurso prácticamente desterrado de la música en vivo, encaja perfecto porque Edita ha sido la estrella de la noche. Su precisión en el manejo de los tiempos, la matemática de los arreglos, la energía, la capacidad de reforzar el registro en estudio en función del grupo y las canciones, resaltan. Hay humildad dentro de la espectacularidad de su trabajo, un efectivo control del ego.

El grupo la observa, en particular Carlos Cabezas (63). En el rostro del líder se dibuja una mezcla de orgullo y cariño. Edita le da con todo. La idea ha sido de él. “Yo jamás lo habría propuesto. Estoy muy alejada del concepto del solo de batería. La perspectiva era que me inspirara en un extracto de “Moby Dick” de John Bonham. No es un solo particularmente virtuoso como de esos bateristas gringos con harto platillo, harta subdivisión, sino un solo bien bruto”.


Edita Rojas

Edita ensayó varias veces ese momento en que el teatro completo estaría pendiente de ella. No siempre salía igual, pero todos los movimientos estaban fríamente calculados. “Toqué con un clic en la oreja porque tenía que terminar en un punto exacto”, explica.

-¿Y te gustó cómo salió?

-Sí, súper bien. De todos los municipales que hemos hecho, este es el mejor.

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Cabezas no está en Chile y responde por mail un par de preguntas, básicamente las cualidades de Edita como músico. El guitarrista y cantante devuelve una pérgola bien argumentada sobre su compañera musical desde 2001. “Es una persona muy luminosa que ha recorrido un camino muy propio, mujer tocando batería, con mucha convicción y energía. Es una persona muy clara, ética, cariñosa, inteligente, con mucha conciencia social. Todo esto es fundamental en su aproximación al trabajo artístico, que -sabemos- refleja la experiencia de vida de una persona”.

Cabezas elogia también su entusiasmo por nuevas sonoridades y tecnologías, el rigor, la precisión y su “conciencia de banda haciendo música”.

“¡Como te puedes dar cuenta adoro a Edita!!”, remata.

La baterista conoce al líder de Electrodomésticos desde los 23 años. Con su primera banda Índigo eran fans de El Resplandor (1997), el disco solista de Cabezas, y se acercaron a él para que los produjera. “Justo estaba armando ese quinteto con Cuti Aste, (Gabriel) Vigliensoni, (Silvio) Paredes, y le faltaba baterista. Como yo estaba rondando, me invitó y sigo ahí”.


Carlos Cabezas

-¿Cómo definirías tu relación con Carlos?

-Nos entendemos muy bien en lo musical y fuera de los musical también. Tenemos una relación bien familiar, un cariño muy profundo. Él me conoce desde que yo tenía 23 años. Tendemos a no juzgarnos, entonces tenemos una relación bien transparente y desprejuiciada. En lo musical no termino de admirarlo. Me gusta mucho como compone y escribe las letras. Tengo un respeto por lo que él presenta. Es bien abierto a propuestas, no es un personaje que no permita navegar, cambiar un poco o proponer. Todo eso se da porque cuando se trabaja con él hay que hacerlo desde el prisma de que tienes que saber de quién se trata, para dónde va, cuál es su rollo, en qué está. Porque Carlos ahora no está en lo mismo que hace diez años. Lo que trato de hacer es ser partner, no tanto como un igual porque no lo soy, pero si un partner.

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“¿Cómo llego a la batería? Estaba en una búsqueda adolescente. Me gustaba mucho la música, era muy fan, investigaba con las pocas herramientas que había en esa época sin Internet. Pero me gustaba mucho la música, el rock, la típica, me conseguía casets, re-grababa. En esa época fue la explosión del grunge, que igual así en lo cultural mediático para una quinceañera era impactante. Por ahí me quise meter en esto de la música. Empecé a aprender guitarra pero fue un desastre. Caché que la motricidad fina no me acompaña mucho, y por ahí de repente típico que conoces a un amigo que tiene una batería, y me dieron ganas de empezar a tocar. Me importó muy poco que fuera un instrumento más masculino, no tuve rollo con eso, en mi familia tampoco, no me pusieron ningún atado. Y nada, ahí como que hinché e hinché y me metieron a clases de batería primero”.

-Del grunge ¿quién te llamaba la atención?

-El movimiento en general y esta cosa escénica relajada. Me gustaba mucho Kurt Cobain como personaje, que estaba lejos de esos tipos que se subían al escenario con brillos y luces, en cambio él salía con un chaleco medio ajado. Eso me llamaba mucho más la atención que la música en sí.

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Edita tuvo un par de profesores de batería hasta llegar a Sergio “Tilo” González, el legendario fundador y miembro de Congreso. Estuvo seis años aprendiendo con él. Aun así tiene reparos con la instrucción académica. “Encuentro que es bastante dañina, bien aplastadora. No tiene un perfil artístico creativo. ¿Por qué duré tanto con el “Tilo”? Porque tiene una forma de entregar conocimientos un poco fuera del estilo tradicional. Cuando uno estudia batería en una escuela te pasan por temáticas concretas y muy alejado de lo creativo, siempre enfocado en lo funcional. Bossa nova se toca así, rock así, cumbia igual. Es como un catálogo de ritmos que uno se aprende de memoria y que tienes que rendir a la hora de que Juanito Pérez te llama a tocar y sabes tocar. En cambio el “Tilo” tenía un perfil de enseñanza como de entrega de herramientas más que de conceptos enciclopédicos concretos para que uno resolviera lo que quisiera, sacara la canción que quisiera, o herramientas creativas”.

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-El último álbum Ex La Humanidad cobra otra vida en vivo, y sobre todo destacan tus arreglos en batería ¿Cómo se desarrollan? ¿Son instintivos o están meticulosamente trabajados?

-En este disco fue en el sentido inverso de lo que sucede muchas veces porque lo regular es que te enfrentas a canciones para armar un disco y las ensayas mucho, haces taller, desarrollas tus partes, llegas al estudio y grabas. En este disco fue un poco al revés. Llegué a grabar con muchos temas no totalmente madurados. Había varios que llevábamos mucho tiempo tocando, pero otros no. Siento que desde ahí los temas maduraron más cuando los ensayamos para tocarlos en vivo y lograron otra tonalidad. También ocurre que la manera en que enfrentas una canción para grabarla es distinto a como se enfrenta en vivo. En la grabación se disfruta mucho más la máquina, hay que darle mucho más espacio. Son trabajos distintos igual.


Electrodomésticos

-Es bien matemático lo que haces en este disco.

-Sí. Es que voy tocando junto con máquinas todo el tiempo. Voy con un clic en la oreja, máquinas sonando. Tengo que ser súper cauta con eso porque cualquier cosa sinuosa que haga, no funciona, no resulta. Es muy distinto a cuando toco con otra gente sin pistas ni bases. Ahí hay un margen para jugar, equivocarse y correrse mucho más amplio. Acá, tienes razón, es mucho más cuadrado y matemático.

-¿Cómo es tu disciplina con el instrumento? ¿Tocas diariamente?

-Estudio tanto como puedo, no todos los días. Si no, en la casa con unos pads de práctica que tenemos todos los bateristas. Por último para mover las manos, para estar entrenada.

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Edita dice que no sabe cómo definir su estilo en batería, no piensa en algo así como una rúbrica como pasa con figuras como Stewart Copeland, que escuchas un solo golpe y ya sabes quién es. Edita sigue pensando que la canción es lo importante. “Me siento capaz de responder en distintas situaciones, una especie de madurez musical fundamental a la hora de enfrentarse con otros estilos. Es también dejar un poco de lado esta cosa como narcisa del instrumentista de lucirse y responder a lo que la canción, la banda o el proyecto necesite”.

Peter Gabriel y Tori Amos están entre sus artistas favoritos, como en el último tiempo Edita está pegada con Elbow. En la categoría bateros favoritos menciona a su maestro “Tilo” González, Manu Katché y Vinnie Colaiuta, todos definidos por un virtuosismo con toques de jazz fusión, world music y rock.

-¿Y los clásicos tipo John Bonham?

-Mmmh, me gustan más los bateristas asociados a proyectos musicales que me gustan.

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Si Edita tiene distancias con la academia, también manifiesta reservas sobre el presente de la música popular chilena, en particular con los propios músicos. “Ya no callejeo como antes para ir a ver bandas y estoy un poco perdida en lo que está pasando con las nuevas generaciones. Siento que hay creatividad para todo, herramientas, gente haciendo cosas súper interesantes. Pero igual cuesta instalar una escena musical local desde esta cosa idiosincrática chilena que no nos permite mucho hacernos amigos entre los músicos”.

-¿Es un tema entonces sólo de los músicos? ¿Qué piensas del público y la cobertura mediática?

-Tiene que ver con todo. Esto que te digo atañe principalmente a los músicos. Pero el tema mediático es fundamental. No hay tanto medio especializado ni periodistas muy preparados. No hay mucho espacio en los medios más populares, y no sé cómo se resuelve. El público chileno no paga un ticket para ir a ver a una banda chilena. Y creo que igual tiene sentido porque muchas veces la banda chilena no brinda un espectáculo de la calidad que podría costar ese ticket ¿no? Por otro lado el músico chileno no tiene todo el tiempo ni el presupuesto del mundo para elaborar un show de la calidad que quisiera. Eso es un círculo vicioso. Finalmente mientras el músico no pueda vivir de la música, no va a poder mejorar la calidad de su producto.


Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras