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Culto
Madariaga y otros : un mundillo cómico y redondito

Madariaga y otros : un mundillo cómico y redondito

Sea que aborde el arte del cuento como una serie de chispazos biográficos, sea que lo aborde como un puñado de situaciones mínimas dotadas de una inusual elocuencia, o sea que lo aborde con más largo aliento, Marcelo Mellado siempre triunfa.

Al igual que buena parte de su obra anterior, los nuevos cuentos de Marcelo Mellado se desarrollan en un espacio que comprende el puerto de San Antonio y sus inmediaciones. Sólo dos de los 19 relatos de Madariaga y otros ocurren en una zona geográfica diferente, Chiloé, pero aun así no se desprenden del fardo bien estibado con que el autor, valiéndose del humor, la ironía y la observación profunda, presenta la vida en provincia a través de una escritura impecable. Ahora bien, si hubiese que reparar en una diferencia entre éste y otros de sus libros, tal vez sea del caso mencionar el uso del lenguaje: aquí la procacidad cómica y efectiva a la que él nos tenía acostumbrados brilla por su ausencia, un rasgo que a más de algún ingenuote podría llevarlo a concluir que el hombre finalmente maduró y se refinó. Nada más lejano a la realidad, desde luego, pues Mellado nació en las letras como un escritor fino y maduro.

La primera parte del volumen comprende siete cuentos dedicados a las aventuras de Madariaga, un chofer de colectivo, ex militante del PC detenido en Tejas Verdes, que las oficia de servidor público por medio de una serie de encarguitos destinados a desmantelar los abusos de la municipalidad, de “los tristemente célebres poderes fácticos territoriales” y de los grandes conglomerados empresariales, todo a escala mínima, por supuesto, sin recibir más compensación que algún comistrajo gratis en los boliches que frecuenta. Aun así, Madariaga encarna una ética basada en convicciones admirables, si bien un tanto lejana de los gritos de guerra más de moda en la actualidad.

“Combatir el poder era una obsesión que reconocía diversas rutas, muchas veces sinuosas”, y Madariaga, que en el fondo es un soñador intrépido, está dispuesto a recorrerlas todas en su Lada ochentero. Centrado en San Antonio, su lugar de origen, Madariaga opera en un radio de acción que comprende todas las localidades aledañas hasta llegar a Valparaíso. En cuanto a evocación de un sujeto de otra época con participación activa en los desafíos del presente, Madariaga viene a ser un personaje entrañable.

La segunda parte del libro consta de 11 relatos que, por un lado, ponen en evidencia el buen manejo, la agilidad, la soltura de Mellado en el género breve y, por el otro, dan cuenta de algunas de las fijaciones que lo han llevado a forjar una obra singular y poco desperdigada. Temas como el desprecio que siente un artista mediocre por las limitaciones de los provincianos, la importancia patética que suelen autoasignarse los poetas de regiones, la obsesión general con la palabra “emprendimiento”, la rutina del pueblo anónimo trastornada por algún acontecimiento más o menos insólito, la presencia de animales domésticos despojados de linaje, todo le sirve a Mellado para construir historias breves y brevísimas que, curiosamente, conforman un mundillo superior en amplitud y valor a la suma de sus partes.

Mención aparte merecen dos de los cuentos más extensos de la compilación. Poética de la sumisión comienza así: “Pasó de la sorpresa a la intranquilidad cuando en su balcón apareció una tercera prenda. Era un sostén de color rojo. Debía corresponder a unas tetas enormes, imaginó. Sintió un estremecimiento. Primero había sido una blusa delgada de algodón, color pastel, luego una camiseta blanca, como de señora”. De ahí la narración irá derivando hacia una historia impredecible de sangre y horror, claro que matizada con toques maestros de suspenso cómico. El otro relato, La República del Canelo, que constituye por sí solo la tercera parte del libro, está dedicado a Francisco Coloane, “a quien conocí en el histórico matrimonio de Gagarín Durán, en Chacao, el año 85, creo”, y trata un episodio digno del Far West ocurrido, o más bien imaginado, en tierras chilotas a fines del siglo XIX.

Sea que aborde el arte del cuento como una serie de chispazos biográficos (la seguidilla dedicada a Madariaga), sea que lo aborde como un puñado de situaciones mínimas dotadas de una inusual elocuencia, o sea que lo aborde con más largo aliento, Mellado siempre triunfa. Este libro sin puntos bajos es prueba de ello.


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