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Culto
Pensar y leer: la filosofía al alcance de todos

Pensar y leer: la filosofía al alcance de todos

¿Se debe enseñar filosofía a los niños? ¿Tiene sentido impartirla en liceos? Nuevos libros buscan promover la reflexión y difundir autores de manera lúdica con títulos como Filosofía en viñetas y Dame reggaetón Platón.

“¿Quién soy? ¿Por qué soy así? ¿La vida es un asco? ¿Estamos condenados a sufrir? ¿Se puede comprar la felicidad en el black friday? ¿Existe la belleza más allá de los ‘me gusta’?”, son algunas preguntas que plantea el libro Dame Reggaetón Platón, del profesor español de filosofía Josep Soler. Las eventuales respuestas están presentes en el ejemplar que estará disponible desde las próximas semanas en Chile, impreso por editorial Montena.

El título y su contenido no son un caso aislado, sino más bien se suma a un interés editorial por difundir la filosofía de una manera más lúdica. Lo confirman otras obras de reciente aparición como Filosofía en viñetas, de Michael Patton y Kevin Cannon, que aborda el desarrollo del pensamiento de Sócrates a Henry Thoreau. En sus páginas se puede ver, por ejemplo, a Descartes (1596-1650) detenido en un auto policial diciendo: “Me gusta el escepticismo. Me parece una buena actitud”.

En el país son varios los académicos que se han referido a la relevancia de la filosofía en la enseñanza. “La importancia de la filosofía deriva del hecho que en ella -como con elocuencia explicaba Jorge Millas- se ejercita el pensamiento hasta el límite”, opina el doctor en filosofía y rector de la UDP, Carlos Peña. “De manera que quien se expone a la filosofía aprende a sospechar de las cosas que el sentido común tiene como evidentes y bien establecidas. Desde este punto de vista, una buena enseñanza de la filosofía constituye un ingrediente indispensable de la educación”, agrega quien en los próximos meses publicará un ensayo que aborda estos temas, ¿Por qué la filosofía?

Si pensadores actuales como Byung-Chul Han y Slavoj Žižek son bestsellers, la historia de la filosofía también puede cautivar a lectores jóvenes. En Argentina el sello Paidós publicó Filosofía en 11 frases, de Darío Sztajnszrajber, que se basa en enunciados célebres como “Sólo sé que nada sé” o “Dios ha muerto”. En su primera semana vendió 8 mil ejemplares, y en un mes ya va en su tercera edición.

Un éxito, desde hace algunos años, son los títulos de divulgación enfocados en los más pequeños de la dupla Oscar Brenifier, doctor en filosofía argelino, y el ilustrador francés Jacques Després. Entre sus títulos destacan El sentido de la vida (2009), La cuestión de Dios (2011), ¿Contrarios? Un libro para ejercitar el arte de pensar (2015), y El bien y el mal (2016). Todos ellos publicados por editorial Océano.

“A mí me gusta decir que aprender filosofía es un derecho humano”, señala Ana María Vicuña, parte del equipo docente del programa Filosofía para Niños, de la Universidad Católica. “Creo que nos ayuda a comprendernos mejor a nosotros mismos, al mundo y a los demás, a sentirnos parte de una comunidad que reflexiona”, añade la profesora y traductora, junto a Celso López, de Ari, Kio y Gus y Pixy. Son tres libros escritos por el investigador estadounidense Matthew Lipman, quien creó el programa Filosofía para Niños, en 1969.

Ari comete un error mientras está distraído en clases, y al reflexionar sobre esto, descubre una regla de la lógica aristotélica. Los protagonistas de Kio y Gus son dos desconocidos que se hacen amigos en vacaciones. Gus es ciega y Kio trata de explicarle cómo se ven las cosas, pero Gus termina maravillándole a él con la riqueza que sus otros sentidos le aportan a su realidad. Mientras el personaje de Pixy, quien no revela su nombre verdadero, desarrolla el tema de la identidad.

Igualmente las inquietudes existenciales se pueden compartir con quienes aún no leen. Con la ayuda de un mediador, ya sean padres o profesores, que puedan guiar las historias. Así surgen obras como El soñador, de Pablo de Bella, que en pocas páginas cuenta la aventura de un pequeño jaguar que se queda dormido en todas partes, para así hablar de la noción de realidad sin entrar en profundidades metafísicas. “A veces sueño que me quedo dormido”, dice, y agrega: “Me vuelvo a dormir y a soñar…”.

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