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Culto
El cine y las audiencias, desde el sur

El cine y las audiencias, desde el sur

El hecho de que Cannes no pudiese cumplir su ferviente y confesado deseo de estrenar la recientemente finalizada (gracias a Netflix) película de Orson Welles, es una señal clarísima de que los festivales de cine están cambiando. Así mismo, la compra por parte del gigante del streaming de otros filmes premiados en el certamen galo para ser estrenados por su plataforma en lugar de ser exhibidos en el circuito de salas y festivales, no sólo pone en entredicho el reinado de Cannes sino que también el destino del circuito festivalero.

Finalizó Cannes y la ganadora a la Palma de Oro a Mejor Película ya tiene nombre: Shoplifters del director japonés Hirokazu Kore-eda, quien se impuso a un notable grupo de cineastas comandados por el histórico y revolucionario Jean-Luc Godard, los consagrados Lee Chang-dong, Jia Zhang-ke, Pawel Pawlikowski, Nuri Bilge Ceylan, Spike Lee y Jafar Panahi, y los emergentes Alice Rohrwacher, Ryusuke Hamaguchi y David Robert Mitchell. A una semana del cierre del festival, ya comienzan a exhibirse en distintas partes del mundo estas y otras películas estrenadas mundialmente en Cannes, lo que seguirá consolidando al evento francés como el gran y más importante escaparate del cine contemporáneo.

Sin embargo, el hecho de que Cannes no pudiese cumplir su ferviente y confesado deseo de estrenar la recientemente finalizada (gracias a Netflix) película de Orson Welles, es una señal clarísima de que los festivales de cine están cambiando. Así mismo, la compra por parte del gigante del streaming de otros filmes premiados en el certamen galo para ser estrenados por su plataforma en lugar de ser exhibidos en el circuito de salas y festivales, no sólo pone en entredicho el reinado de Cannes sino que también el destino del circuito festivalero.

Frente a estas transformaciones y ante la incertidumbre respecto a lo que nos depara el futuro, hoy es central preguntarse por el rol y la importancia de este tipo de espacios.

Tradicionalmente, un festival de cine es un acontecimiento compuesto por tres elementos. Es, en primera instancia, un evento cultural en el que, a través de su programación y su selección de contenidos, cristaliza una forma de ver el mundo. Por otro lado, es un evento de índole profesional, donde confluye la industria a socializar, a compartir sus experiencias y a avanzar en acuerdos de colaboración artística, laboral y/o comercial. Y en tercer lugar, es un encuentro social, al que un grupo de personas, el público, acude en busca de una experiencia particular que se vuelve colectiva en la pantalla.

Sin dejar de velar por los primeros dos elementos, quiénes llenan las salas, compran los boletos, acuden a las charlas y comentan las películas, así como la comunidad que gira en torno a un festival local (aquellas personas que a través de su trabajo en el comercio, la industria hotelera, etcétera, hacen posible y a la vez se benefician del evento) deben ser siempre el foco de atención de un festival de cine.

Desde que tuve el honor de asumir la dirección del Festival Internacional de Cine de Valdivia en 2014, junto al equipo que lo hace posible nos planteamos encaminar nuestros esfuerzos en esa dirección: ser un evento que tenga sentido para la comunidad que lo acoge. Una instancia que, sin descuidar a la industria ni la calidad de su propuesta cultural, sea capaz de interpelar a las audiencias. Es por esto que FICValdivia se ha transformado en un espacio cuyo accionar se desarrolla a lo largo de todo el año, con actividades de exhibición y formación que van mucho más allá de los días a los que se circunscribe un festival de cine tradicional, llevando a la práctica la idea de que debe haber cine todo el año, para todos y todas, en todos los rincones, con base en Valdivia y la Región de los Ríos.

El futuro de FICValdivia y el futuro de los festivales de cine en general, en el contexto internacional frente a un panorama de importantes transformaciones, es volver la mirada al tejido social en que se sustenta el cine como fenómeno y desarrollar una forma de crecimiento y consolidación vinculadas con la comunidad, con el entorno. FICValdivia, como espacio para compartir diferentes miradas del mundo, lleva años ejecutando con éxito su visión sobre cómo afianzar de forma permanente a la comunidad tras el festival y nos hemos propuesto como meta seguir siendo una contribución al país.

Durante los últimos años, junto con mantener nuestra consistencia en términos de una programación de vanguardia que se ajusta apropiadamente a nuestro lema “clásicos del futuro”, hemos profundizado nuestro eje educacional y nuestra voluntad de diálogo ciudadano, en sintonía con los lazos que nos unen a la Universidad Austral de Chile, al Gobierno Regional de los Ríos, a la Ilustre Municipalidad de Valdivia, a Codeproval y al Centro de Promoción Cinematográfica de Valdivia. Así, hemos sabido vincularnos y conversar también con las otras artes, las ciencias y los movimientos sociales.

Este camino, por cierto, implica mucho trabajo, debate, atención a los cambios culturales y a las oscilaciones de la industria. Su proyección en el tiempo depende de los apoyos que FICValdivia logre sumar y, en este sentido, una de nuestras metas más anheladas es lograr un financiamiento a largo plazo en el presupuesto de la nación. La celebración de los 25 años de FICValdivia, que se llevará a cabo entre 8 al 14 de octubre de 2018, está a la vuelta de la esquina. La necesidad de tocar tierra firme para poder apuntar más alto, resuena de forma imperiosa, para que el impacto generado en las audiencias a lo largo de nuestra historia sea de provecho para toda la comunidad nacional.

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