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Culto
Denise Rosenthal: salón de emociones

Denise Rosenthal: salón de emociones

Lleno total en el teatro Nescafé de las Artes en la segunda noche del estreno en vivo de Cambio de piel (2017), el último álbum de Denise Rosenthal con giro hacia el soul, el R&B y la world music, tras debutar en el pop chicloso con Fiesta (2013).

Todo el personal incluyendo roadies, son mujeres. En el escenario los instrumentos lucen engalanados con guirnaldas de flores, y parte de la audiencia mayoritariamente femenina y veinteañera, lleva cintillos ad hoc.

La banda tiene pocas presentaciones en el cuerpo. Durante el concierto esa condición asomó sólo una vez, la partida en falso de Cabello de ángel, una de las nuevas. En el resto de la cita, el sexteto fue el soporte preciso para un montaje ambicioso que funciona como orgulloso resumen de cuanto ha sido la breve carrera musical de Denise, reforzado por sus condiciones escénicas y un pleno sentido del espectáculo, que además reacciona a la coyuntura de género. La artista de 28 años canta, baila e irradia su insoslayable belleza con la propiedad ganada en más de una década de trayectoria mediática.



A diferencia de otras figuras del pop femenino que sepultan sus primeros discos -Alanis Morissette olvidó para siempre sus inicios en el dance-, el show de Denise es un repaso biográfico que no rehuye de sus canciones en spanglish o títulos como Princesa y Si tú me quieres, agrupadas en un medley. El público chilló y suspiró ante esos guiños a su historial, sin embargo la reacción mayor y el acento del número radica obviamente en el nuevo material. Cambio de piel funciona mucho mejor en vivo que en el disco, que trastabilla en retratar la fuerza que las piezas ganan en directo. La primera beneficiada es la propia Denise porque su voz cobra mucha más presencia, como también denota estudio para superar el pasado pop y meterse en un terreno de acrobacia como requieren los géneros que ahora abraza.

El inicio tuvo tintes ceremoniales: la sala con luces bajas mientras la artista de cabellera trenzada y multicolor se movía coreográficamente junto a su grupo cantando a capella “Rododendro”. En “Luna”, Denise se puso tras el teclado introduciendo el corte con un discurso sobre el autoconocimiento y el amor. El público respondió cantando cada línea. Denise bailó sensual en “Amor con amor”, un corte soul que incluyó a Nicole ZC rapeando, aunque su intervención nunca se escuchó con claridad. Dos bailarinas ingresaron enérgicas para “Nuestro sueño se hizo realidad”, parte del primer medley donde invitó al público a subir el escenario. Entre medio se sumaron tambores, bronces, y el ambiente se volvió carnavalesco. Más tarde hubo aires de musical de Broadway en “Can’t stop”, donde además Denise sostuvo un breve duelo vocal con la tecladista, ambas luciéndose.

El show era una montaña rusa que luego ofrecería un remanso cuando Denise hizo un dúo acústico con su pareja Camilo Zicavo de Moral Distraída, otro momento que hizo chillar a la audiencia con sus aires de teleserie juvenil en vivo y en directo. Cantaron, equivocaron la letra, sobre la marcha hicieron chistes del error, y la pareja salió jugando mientras las pedían “el beso” a gritos.

Hacia el final Denise Rosenthal dio un giro épico con canciones como “Niñita de mar” e “Isidora”, esta última dedicada a una amiga que murió atropellada. La energía retornó al turno de “Lucha en equilibrio” con globos inundando la sala, y el público de pie hasta el bis con “Cambio de piel” y “Encadená”. El teatro terminó convertido en una fiesta tras un paseo por distintas curvas emotivas y rítmicas.

Justo antes del remate Denise Rosenthal recibió doble disco de platino, discursos del sello y el público gritando “se lo merece”. El momento tenía algo de televisivo, la cuna de esta figura que pese a su juventud tiene largo carrete. Esa experiencia confluye en un show sólido con posibilidades de expandirse hacia otros mercados.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras