Culto
El culto a Steven Wilson por dentro

El culto a Steven Wilson por dentro

Un grupo de fans persiguió durante tres días al cantautor británico en su hotel en Santiago, en la antesala de su aclamado show en el Caupolicán. Pero éste no se dejó ver. “Anda muy divo, ya no es el de antes”, se quejan los fanáticos más fanáticos de Steven Wilson.

1.

Dicen que Steven Wilson anda “divo”, que “no pesca” a los fans y que su último disco To the Bone (2017) es “demasiado pop”, que ya no es como antes. Dicen también sobre el músico británico –que el miércoles se presentó a tablero vuelto en el Caupolicán- que se le notan las arrugas, que los integrantes de su banda “son mucho más simpáticos” que él y que parece que algo le pasó tras cumplir 50 años “porque se ha puesto muy tincado”. También los fans más fans que lo esperan a la salida del Hotel Crowne Plaza, en la antesala de su octavo concierto en Santiago, cuentan que Wilson ya no se quiere sacar fotos con sus seguidores, que a lo más una firma en un disco “porque su sello cuida demasiado su imagen” y que para eso está el “meet & greet”, que por supuesto “está arreglado para los apitutados de siempre”. “Cuando Steven venía a Chile, siempre salía del hotel a saludarnos. Incluso después de los conciertos lo esperábamos y se daba tiempo para tomarse fotos y firmar todo lo que le pasaran”, narra una fan que se pidió el día en su trabajo para “estar más tranquila en la previa del show”. “¿Sabes lo que no me gusta? Es que ahora él ya no hace metal ni rock progresivo, sino que electrónica y pop”, se queja esta misma seguidora.


2.

Steven Wilson, por su parte, dice de muy buen ánimo y con ironía inglesa en su concierto que “menos mal que no tengo ningún hit, porque así al final del recital puedo tocar lo que mejor me parezca”, frase que provoca una risotada en la audiencia. Wilson cuenta también que uno de sus grandes ídolos de infancia fue Prince, que tenía posters del fallecido cantautor de Minnesota en su pieza y que por eso usó el falsete en “The Same Asylum as before”, de su última placa. Steven Wilson también les dice a “los menores de 23 años” que lo que tiene colgado es una “guitarra eléctrica, una Fender Telecaster 1963”, para que vayan conociendo el sonido de ese instrumento, por si algún millenial distraído no sabía que ese modelo alguna vez fue utilizado por Bruce Springsteen, Syd Barret o Joe Strummer. El público estalla nuevamente en risas. Finalmente, Wilson sostiene que él también puede hacer “pop” y pregunta al Caupolicán por cuál fue el “grupo pop más grande”. “¡ABBA!” grita la audiencia. “¡No! ¡The Beatles! Y ellos hacían pop”, responde el músico, cual profesor que les enseña a sus alumnos que no siempre los cambios son malos, como ocurrió con To the Bone.


3.

Wilson no se asoma por el hotel. Sí lo hace Craig Blundell, el baterista de su banda, que anda en short y polera, listo para un paseo por Santiago. Blundell firma discos y luego se toma una selfie con la fanaticada que llegó temprano al Crowne Plaza. Cuenta que a esa hora Steven Wilson está dando una entrevista, pero que ya va a bajar, que hay que tener paciencia. Blundell aprovechó bien la mañana, ya que compró un par de cosas para su batería en la galería del hotel y luego partió a conocer el río Mapocho e incluso se dio tiempo para visitar el zoológico. A su cuenta en Instagram subió una foto de un pingüino. Horas después baja a saludar Adam Holzman, el tecladista. “El es un genio”, repiten los fans. De bajo perfil, Holzman saluda sin separarse de su taza de té, se toma una imagen grupal y firma una decena de discos. “Me doy por pagado”, comenta uno de los seguidores de Wilson. “Pero yo quiero que venga el Steven. Siempre que viene a Chile me tomo una foto con él. Pero ahora anda medio ‘pesao’. En su gira por América Latina no se tomó fotos con casi nadie”, dice una fan. Otra responde de inmediato: “Se tomó una foto casi obligado con una azafata de Latam. Es la única que hay circulando en las redes sociales”. “¿El To the Bone? Naaaa, eso es pop”, se queja un fan que se acaba de integrar a la conversación.


4.

Steven Wilson parte su concierto con “To the Bone” y luego arremete con otras dos de su último álbum, “Nowhere Now”, acompañada de imágenes del desierto de Atacama y el observatorio ALMA, y “Pariah”. Para ese último tema, la cantante y modelo israelí Ninet Tayeb, cuya voz forma parte esencial de la canción, aparece personificada en una imagen de grandes dimensiones sobre una tela instalada justo adelante del escenario. A lo largo de su presentación, desplegará parte de la totalidad de su último disco, además de seis canciones de Porcupine Tree. “Mi actual banda es mucho mejor que mi anterior grupo”, comenta el propio Wilson. También interpreta tres de su aclamado álbum Hand Cannot Erase (Ancestral, Home invasion y Regret #9) y concreta muchísimos guiños a sus fans más fieles, con “Blackfield” y “Arriving Somewhere but not here”. En total, 22 temas en casi tres horas de un concierto demoledor, de sonido impecable y en el que las imágenes están al servicio de la música y no viceversa. “Wilson se pasea por el prog, algo de electrónica, metal, punk, el formato acústico y el pop. Es un maestro. Es un genio”, dice un asistente que figura en platea.


5.

Los fans del meet & greet no dan más. Muestran orgullosos sus discos firmados y despliegan sus fotos en las redes sociales. “Los apitutados de siempre”, insiste la más fan de las fans de Wilson en Chile, según su propia descripción, sentada en primera fila. Otra fanática se queja de que el baterista no entró bien en los temas de Porcupine Tree “aunque igual es entendible porque no es fácil tocar los temas de Gavin Harrison” y que el bajista, Nick Beggs “es sequísimo”. Otro seguidor no tan seguidor y cuyo asiento está en galería dice que el recital “fue sublime”. “En un momento cerré los ojos, me eché para atrás y fue un deleite total”, narra. “Ahora volví a creer en el rock, aunque sigo encontrando que Wilson es muy intelectual”, cuenta otro asistente, al que le regalaron la entrada.


6.

Los fans que han esperado a Wilson en el hotel no han perdido sus esperanzas. Tras el concierto, parten hacia Plaza Italia. Una reja justo en el ingreso del Crowne Plaza, impide cualquier eventual acercamiento. En eso Nick Beggs y Alex Hutchings (guitarrista) aparecen y se dan tiempo para un par de fotografías. Quien no aparece es Wilson. “Bueno, él se manifestó en su show. El recital estuvo increíble. Al final de la noche, eso es lo que importa”, concluye, resignado pero feliz, otro fan, aunque no tan fan.

Sobre el autor:

Alejandro Tapia |
Editor de Mundo de La Tercera. Ha cubierto los más importantes hitos políticos de América Latina de las últimas dos décadas.