Culto
Lorde: Melodrama

Lorde: Melodrama

Lorde percibe la música en colores, condición conocida como sinestesia. Se puede decir que Pure Heroine despliega elegante blanco y negro, mientras Melodrama rebosa tonalidades caleidoscópicas.

Lorde, como pasa en cada generación, estima que la historia se escribe a la par de su vida. La artista de 20 años aseveró al diario El País de España que hoy ser una estrella de la música resulta “muy diferente y libre”, porque alinea con el feminismo, la ropa negra, la estética gótica y goza del arte. Digamos que Madonna, Siouxsie Sioux, Grace Jones y Kate Bush, entre varias, vivieron sus respectivos procesos emancipatorios cuando el pop aún tanteaba alternativas. Parte importante del éxito de la cantante y compositora neozelandesa responde a su indiscutido talento precoz -apenas 17 años al irrumpir-, pero también a un contexto flojo en que la formulación y el producto seriado dominan severamente. Marcar diferencias implica agallas y Lorde las tiene. Veámoslo así. Madonna y Cyndi Lauper eran caras muy distintas de una misma moneda. Hoy es pega distinguir entre Iggy Azalea y Bebe Rexha.

El debut Pure Heroine (2013) fue más directo y frontal, reflejo de la energía propia de una adolescente que sorprendía al mundo por encontrar de inmediato maneras propias. Melodrama refleja un paisaje aún más intenso y detallado, un vocabulario en expansión. Lorde reelabora y complejiza su música donde la voz protagoniza las canciones con murallas de armonías levantadas por ella misma. A la vez se reitera una pequeña dictadura desde la sección rítmica programada, que a ratos uniformiza el material más de la cuenta. El resto es solo crecimiento.

Aunque la artista neozelandesa define Melodrama como una obra sobre la soledad más que un disco-post-quiebre-románico (rompió un largo noviazgo), también persiste el hedonismo (“Sober” y “Homemade dynamite” por ejemplo) que hizo encantador a Pure Heroine, sin ese acento fanfarrón, plástico y forzadamente erotizado que aporta al asunto el pop estadounidense. Hay canciones desenvueltas en términos progresivos, como si estuvieran compuestas de actos. Pasa en “The Louvre” con su arranque en guitarra (instrumento aún de reparto en su obra) y luego subdividido en secciones independientes cohesivas. “Hard feelings/loveless” contiene características similares en medio de una sonoridad industrial. En otros momentos Lorde transfigura la voz. “Writer in the dark” es una balada al piano que esquiva clichés y nos presenta una intérprete que en el coro parece una mujer con el doble de edad.

Lorde percibe la música en colores, condición conocida como sinestesia. Se puede decir que Pure Heroine despliega elegante blanco y negro, mientras Melodrama rebosa tonalidades caleidoscópicas. Aún es temprano para coincidir con David Bowie en cuanto a Lorde como el futuro de la música. Figuras de cariz más alternativo como Grimes y St. Vincent tienen algo que decir al respecto. Pero Lorde, entre todas las princesas del pop en competencia, es única.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras