Culto
Caribe pop

Caribe pop

Comenzó como escritora. Luego formó una banda de electromerengue. Y entonces se agotó de la fama musical y volvió a las historias sobre ese Caribe que mastica cultura pop y escupe espanglish. Rita Indiana es la autora de Papi, novela que puede ser leída como un objeto de culto, un libro tan único que la convirtió en la voz más llamativa de la literatura caribeña.

Tal vez la gran novela latinoamericana sobre dictadores no tiene dictadores: Papi gira en torno a una niña chillona, hiperventilada y cargosa que respira cultura pop ochentera, la cual espera a su padre. Pero “papi” aparece, desaparece y reaparece, cargado de dólares y un sinfín de coches, novias y regalos. Y siempre, al final, abandona a su hija.

Y vale aclarar otra cosa: publicada originalmente en 2010, la obra de Rita Indiana no es una novela en el sentido novelístico clásico. Porque uno se adentra en el libro que hizo conocida a esta escritora dominicana y por momentos se siente frente a un rap. O un mantra. O simplemente una voz –digresiva y juguetona– que comienza así:

Papi es como Jason, el de Viernes trece. O como Freddy Krueger. Más como Jason que como Freddy Krueger. Cuando uno menos lo espera se aparece. Yo a veces hasta oigo la musiquita de terror y me pongo contenta porque sé que puede ser él (…). Pero en lo que más se parece papi a Jason no es en que se aparece cuando una menos lo espera, sino en que vuelve siempre. Aunque lo maten”.



Papi trata sobre una niña que espera a su padre, un mafioso dominicano que vive en Nueva York (o sea, un dominicanyork) y que de vez en cuando vuelve a la isla. En esas visitas, claro, el padre mima a su hija y le compra todo, aunque ella tenga que aguantarle algunas cosas, como que siempre ande con una novia distinta bajo el brazo, que en reiteradas veces desaparezca misteriosamente, y que no sea muy claro sobre sus negocios.

“Mi papi tiene más carros que el tuyo, más carros que el diablo. Mi papi tiene tantos carros, tantos pianos, tantos botes, tantas metralletas, botas, chaquetas, chamarras, helipuertos, mi papi tiene tantas botas, mi papi tiene tantas novias, mi papi tiene tantas botas, de vaquero con águilas y serpientes dibujadas en la piel (…) A veces papi prefiere comprar la tienda y quedarnos a dormir allí mismo, entre aires acondicionados, neveras, licuadoras, televisores y demás artículos para el hogar”.

No hay mucho más que decir de la novela que Rita Indiana Hernández (1977) publicó en República Dominicana en 2005. Una niña espera a su padre y de paso nos enteramos de cómo es la vida en Santo Domingo. En ningún momento se menciona al dictador Rafael Trujillo, pero su sombra se proyecta a lo largo de varias páginas. De alguna forma, Papi es la contraparte de La fiesta del chivo, la gruesa novela de Mario Vargas Llosa del 2000. Si en aquella vemos la arquitectura vargasllosiana en su máximo esplendor, Papi parece escrita sobre esquelas Hello Kitty en las que hay dibujos de bandas metaleras, skates y corazones en los bordes. De ahí la idea del principio: que tal vez la gran novela latinoamericana sobre dictadores sea una novela sin dictadores. Y en el caso de Papi, además, una obra escrita con la mismas armas del capitalismo: espanglish, mucho humor adolescente y cultura pop. Algo que Rita Indiana, desde San Juan, Puerto Rico, donde vive hace unos años con su pareja y tres hijos (dos de su pareja y uno de Rita), comenta. Porque el nacimiento de Papi tiene que ver con un episodio ligado a la cultura de masas. La ocasión en que Indiana veía Scarface, de Brian de Palma, y sintió que la película le hablaba. A ella. A su historia. Ahí estaba Tony Montana con la nariz empolvada, actitud de macho recio y derrochador de dinero.


–A mí me interesa mucho la cuestión de las ropas en esa película, la carga emotiva que tiene, ¿no? Los objetos: la ropa, los carros, la casa. Que la gente piensa un poco que eso es la cáscara, pero esas cosas tienen vida. Y tienen el adn nuestro y vivimos con ellos. Tienen un pedazo de nosotros y por eso en la magia negra se usan.

–¿Y ahí nace Papi?

–Sí. Lo que pasó un poco es que yo estaba viendo la película y de repente me tocó y comencé con la idea de la novela. De Papi. Pero no era tanto de la actitud del personaje, sino los ambientes, el decorado, las casa, las ropas. Eso me trajo las memorias de un montón de episodios que yo viví con mi papá.

–Tu padre fue asesinado en el Bronx, Nueva York, cuando tenías doce años. ¿Te sirvió Papi para exorcizar ese recuerdo?

–La muerte de mi padre fue fundamental. Fue una de las cosas que me marcó y que definió la trayectoria de la literatura en mi vida. Y la novela, por supuesto, es un homenaje a esa memoria. Y también un exorcismo, tú sabes, porque yo adoraba a mi papá, él era lo mejor. Siempre pasa eso con los hijos de divorciados. Que con el que uno vive, es un poco despreciado. Y el que no vive con uno, es imaginado como una especie de ídolo, ¿no? Aunque de ídolo no tiene nada. Entonces Papi fue eso. Fue trabajar con ese lado negativo. Y enfrentar ese amor.


Con esa memoria Rita Indiana escribió Papi. La novela tuvo repercusión en la República Dominicana y los alrededores, aunque nunca sobrepasó del todo las fronteras caribeñas. Hasta que el 2011 la editorial Periférica la publicó en España y la distribuyó en algunos países de América Latina. Luego vendrían otras dos novelas: Nombres y animales (2013), sobre una chica que trabaja en una clínica veterinaria; y La mucama de Omicunlé (2015), una historia de ciencia ficción caribeña donde hay un personaje que viaja en el tiempo y también en su cuerpo. “Es un remix de varias cosas. Una es las religiones afrocaribeñas. Otra es la piratería en el siglo diecisiete, los bucaneros y todo eso. Y el arte contemporáneo”, dice.

–Es una novela de ciencia ficción y transgénero. Una mezcla bastante inusual para la literatura latinoamericana.

–Sí. Y también hay un poco comentarios del arte moderno, del arte como mercancía. Porque ella tiene el poder de duplicarse en el tiempo hacia atrás, pero no viajar en el tiempo, sino tomar otro cuerpo en el pasado. Entonces tiene un cuerpo en el dos mil uno, y otro en el dos mil veinticinco. Ese poder lo debería usar para el bien de la humanidad, pero lo usa, como mucha gente lo haría probablemente, para lucrarse y convertirse en un mecías capitalista.

***

Septiembre del 2011 y Rita Indiana aterrizaba en Barcelona con dos objetivos claros. El primero era presentar la reedición de Papi, su novela hit que la hizo conocida en el caribe y ahora al alcance de lectores españoles y latinoamericanos gracias a la editorial Periférica. El segundo era despedir su carrera musical. Ya iban dos años en que Indiana se ponía al frente de Rita Indiana y Los Misterios, un grupo de electromerengue.

Y ya no daba más.

Rita Indiana quería abandonar su etapa musical. O por lo menos pausarla.

Hoy uno puede encontrar El Juidero, único disco de Rita Indiana y Los Misterios, en alguno de los varios foros o blogs sobre música indie latinoamericana desparramados en la web. La portada no está muy alejada de la estética setentera de Scarface, lo mismo para los videos que hay en Youtube. Mucho brillo, pantalones pata de elefante y patillas largas. Y humor, también, muy sintonía con lo que Rita escribe en sus libros. Ahí está por ejemplo la canción “Maldito feisbu”:

“Miro tu foto
Mira la mía
A toda hora de noche y de día
Me puse a taggear sin compasión
Mientras en mi casa se metía un ladrón
(…)
Mi vida sexual es inexistente
Desde que me paso lo’ día’ añadiendo gente”

Rita Indiana y Los Misterios comenzó como un grupo de nicho, experimental, y de a poco las audiencias comenzaron a crecer. Viajaban a tocar a Nueva York y a otras ciudades y países. Julieta Venegas los versionó (la canción “La Sofi”). Recibieron buenos comentarios de Calle 13 (y luego Rita escribió el guión de un documental sobre ellos). Y más: hoy en la web uno encuentra videos de Rita Indiana en programas como matinales o shows estelares bastante alejados de los aires indie de sus inicios.


–Como comencé este proyecto un poco con la idea de tomar la música popular, me invitaban a esos programas y yo decía coño, tengo que ir a estos programas para que más gente me escuche. Pero de repente ya estaba en la vorágine. Y cuesta. Llegó un momento en que perdí el norte de lo que el proyecto era. Era un proyecto conceptual. Y de repente me convertí en ese pop star que yo supuestamente estaba interpretando. Y bueno, nada, después de dos años con el proyecto decidí quitarme. Porque no me gustó ese tipo de fama.

–¿Hubo algún episodio en especial que te hizo renunciar a la música?

–Sí, varios eventos. Pero una vez estaba con mi familia en el zoológico de Santo Domingo y había una clase, un curso de la secundaria haciendo un paseo al zoológico. Y nos cayeron. Miles de escolares corriendo. Fue como de película. Yo le dije a mi pareja: ‘Corre con ellos, agarra a nuestros hijos, yo me voy a quedar aquí’. Y ahí pensé: ‘¡Yo no quiero vivir así’. Prefiero mil veces la vida de escritora. Esa cosa de tocarte, de sacarte, que tiene la estrella de pop, nunca me gustó.

***

Sucede hace un par de años atrás en la Feria del Libro de Bogotá, una de las más importantes en América Latina. Rita Indiana es una de las invitadas; y uno de los éxitos. Sus presentaciones se llenan. Tanto que algunos lectores quedan afuera. En una de esas, en la librería Madriguera, Rita lee de Papi y de Nombres y animales, la otra novela que conforman, en sus palabras, “la trilogía de las nenas insoportables” junto con La estrategia de Chochueca, su primer libro del 2000.

Rita Indiana es alta como un poste (1,90), flaca y de pelo corto y peinado como escolar recién duchado. Esa noche lee de Papi y la gente ríe, como si fuera un hit, y luego le preguntan sobre si se siente conectada con el barroco caribeño, autores como Reinaldo Arenas, Virgilio Piñera, Severo Sarduy, Lezama Lima y Rita responde que sí a todos, y agrega que “Alejo Carpentier también, aunque no él no era maricón, pero sí tremenda loca”. También sobre el boom, y Rita menciona a los sospechosos de siempre –García Márquez, Vargas Llosa, Fuentes–, y dice sobre Cortázar que “hay que salir del clóset en lo de Cortázar; tanto escritor que ahora dice que no le gusta”. Y luego las firmas: una fila de gente que se acerca a hablarle tanto de su música como de sus libros y hasta para pedirle una foto. Mientras los libreros anuncian que de La mucama de Omicunlé, su última novela, no quedan ejemplares hace un buen rato.


–Tus novelas anteriores a La mucama de Omicunlé son coming of age, novelas de aprendizaje. ¿Qué te atrae de este género?

–No es que me atrae el género, sino era necesario para mí, para salir de lo autobiográfico y buscar esa voz de una niña y contar esas historias.

–Escribiste una novela sobre una niña y su padre desde la perspectiva de ella. ¿Qué sucede cuando tus hijos te dicen mami?

–Ja, ¿por Papi tú dices?

–Claro, ahora estás al otro lado, ¿no? Cruzaste al lado de los padres y las madres.

–Bueno, yo estoy todo el tiempo tratando de combatir de los modelos con que crecí. Lo que pasa es que lo negativo tiene más peso. Y es difícil ser mamá, se aprende día a día. Pero los niños son muy inteligentes, tienen muchas cosas muy claras.

–¿Y qué viene ahora?

–Estoy escribiendo una novela sobre los últimos cuarenta años de la política dominicana. No a partir del palacio nacional, sino a partir de la gente.

–Me imagino que será de terror entonces.

–Un gótico de horror, sí. Un gótico tropical.

Sobre el autor:

Antonio Díaz Oliva |
Es periodista y escritor. Ha publicado la novela La soga de los muertos, la investigación Piedra Roja: el mito del Woodstock chileno y el volumen de relatos La experiencia formativa. En Twitter es @TheAntonioAdo