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Culto
Espejo, de Javiera Mena: lo importante es el mensaje

Espejo, de Javiera Mena: lo importante es el mensaje

Espejo, la cuarta entrega de su discografía, es el primer título con Sony. Implica entrar de lleno al mercado, competir en las más grandes vitrinas, asumir la condición de producto prioritario. ¿Venderse? Son las reglas si quieres que más y más gente conozca un trabajo marcado por la expectativa.

Como todo artista que capta atención y trasciende, hay varias versiones y episodios en Javiera Mena (34). Está la figura rotulada en el extranjero como estrella del electro pop e icono gay, descrita en cada artículo como una cantante chilena de gran proyección internacional. También existe la que sólo conquistó indiferencia en el festival de Viña hace un par de años, prueba de fuego para el verdadero alcance popular de su propuesta que redundó en ejemplo de cómo los gustos de elite difícilmente traspasan barreras. Eso si, hay un mérito digno de reconocimiento más allá del juicio hacia su música: Mena llegó al evento más grande del país de manera independiente y sin un hit masivo, conocida a lo sumo para el gran público por el cover de “Yo no te pido la luna”, también gracias a un sostenido apoyo mediático de portales y especialistas, que proyectan a una sacerdotisa desde Chile hacia el mundo propagando el credo del synth pop con vocación bailable. La compositora, productora e intérprete lee e interpreta muy bien su momento, la relación con su público y la prensa. La generación millenial se identifica con ella.

Espejo, la cuarta entrega de su discografía, es el primer título con Sony. Implica entrar de lleno al mercado, competir en las más grandes vitrinas, asumir la condición de producto prioritario. ¿Venderse? Son las reglas si quieres que más y más gente conozca un trabajo marcado por la expectativa.

Entre algunos fans antiguos hay sentimientos encontrados con este peldaño, porque parte del encanto de Mena radicaba en su aproximación casi artesanal a la electrónica. A pesar del ansia cosmopolita, la chilenidad asomaba por la voz -trabajo siempre en progreso en su caso-, los arreglos o la producción. No es particularmente prolífica ni un talento innato y desbordante, sino una obrera del pop consciente de sus baches y a la vez con muchísima fe en si misma. Por otro lado, los seguidores más antiguos suelen entristecerse un tanto egoístas cuando su ídolo va por la masa.

En este capítulo transnacional, Javiera Mena se suma a la fila de la EDM planetaria, aunque matizando. Espejo funciona como bisagra entre sonidos y fórmulas reinterpretadas de los 80 y los 90, habitando ambos espacios y a la vez fusionándolos. El nivel de producción supera trotando su labor anterior con Cristián Heyne y asoman otras variables. Hay más tiempos medios que vuelos directos a la pista de baile, como también demostraciones de que Mena aspira a la capacidad de síntesis de distintos periodos de estrellas de su género como la canadiense Grimes, particularmente notorio en canciones como Cerca y Escalera, con decorados que irradian una sensación espacial mezclados con bajos de electrónica vintage.

Parafraseando al gran Zalo Reyes, las pulsaciones más calmas tienen un motivo y una razón. En su posición asumida de voz generacional, Javiera Mena aspira a que su mensaje sea escuchado. Las letras son importantes en Espejo. Se inclinan por cierto carácter de autoayuda con aroma a sicología best seller propagada en matinales, y títulos concisos con guiños espirituales como “Alma”, “Noche” e Intuición”. Desde el comienzo, en la pegajosa “Dentro de ti” interpela a quien podría ser un nieto del personaje que aludía Jorge González en ¿Por qué no se van?: “oye tú que has andado, por las Islas Baleares, navegando en un yate, por el Mediterráneo, yo te pregunto, si tú fuiste dentro de ti”. En Todas aquí, con una de las mejores construcciones melódicas de su carrera y suave cadencia, apunta la condición femenina: “Y todas aquí, igual que yo, van transportando algún dolor, y todas aquí, igual que tú, atravesando por un viaje muy profundo”.

“Aire y Noche” se desprenden con gracia de las citas al pasado irradiando presente y futuro, mientras Espejo con sus connotaciones cósmicas -”y si el universo se mira en las aguas de la noche, y se enciende todo el lago con las constelaciones”-, se interna en un house actualizado. El barniz urbano de Intuición es un traje que no le acomoda del todo. El tema demora en despegar.

Espejo no te remece de entrada. El efecto toma tiempo y quizás adolece de un hit demoledor. A la vez, actúa con la mecánica de un tatuaje a cada pasada. Lo que ha hecho Javiera Mena en este gran salto internacional es construir su versión en español de la Electronic Dance Music, que hoy domina parte importante del pop mundial. Se suma al movimiento pero lo hace con sus leyes. El espíritu independiente de sus comienzos sigue despierto en las grandes ligas. Es parte de la marcha pero va con el paso ligeramente cambiado. Todo un detalle.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras