Culto
La vida en fuga de Andrés Pérez

La vida en fuga de Andrés Pérez

En 2001, un año antes de morir y mientras luchaba por administrar las Bodegas Teatrales de Matucana, el fundador del Gran Circo Teatro estrenó su última obra, La huida. La trastienda del montaje, registrada por el realizador Marcelo Porta en su documental Tacos de cemento, verá la luz la próxima semana, para el Día Nacional del Teatro.

Sabe que se le acaba el tiempo, o al menos lo sospecha. A fines del año 2000, el entonces ministro de Vivienda y Bienes Nacionales, Jaime Ravinet, le entrega en comodato un terreno baldío de 6 mil metros cuadrados, en el número 100 de la calle Matucana, al reconocido director chileno Andrés Pérez. “Dos meses”, piensa el fundador del Gran Circo Teatro. Dos meses para dividirse entre los ensayos de su obra más personal, La huida, y sobre todo para recuperar las Bodegas Teatrales que podrían albergar a su compañía una vez que él ya no esté.

“Andrés ya estaba enfermo y lo sabía, por eso vivió sus últimos dos años tan intensamente”, dice el realizador chileno Marcelo Porta (1969), quien por esos días lo conoció en Santiago. “Nos encontramos un par de veces en el centro y un día me acerqué para decirle que admiraba su trabajo. Yo pasaba películas en 16 milímetros para la Municipalidad de Santiago, y casi siempre andaba con mi cámara. Ahí fue cuando me invitó a trabajar con él en La huida, porque quería incorporar cine en sus obras, pero no pensé que de ese registro saldría algo más grande”, comenta hoy.

El próximo jueves por la noche, en la víspera del Día Nacional del Teatro, con que cada 11 de mayo se conmemora el natalicio de Andrés Pérez, debutará Tacos de cemento, documental con guión de María de la Luz Hurtado y Hugo Osorio. En 60 minutos, el filme dirigido por Porta -que estará disponible en la web y con funciones en la Cineteca Nacional – abre el proceso del montaje estrenado en febrero de 2001 y recoge además las preocupaciones del director de Popol Vuh, fallecido el 3 de enero de 2002, a los 50 años y de una neumonía agravada por el Sida.


Conferencia de prensa

Escribió La huida en 1974, a los 23 años, pero entonces no era el momento de hablar de homosexuales ni desaparecidos. “En una fiesta con amigos homosexuales supe de los rumores de este barco en el que se fondearon a varios hombres y mujeres durante el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo (1927-1931). (…) Les ponían cajones de cemento en los pies y los lanzaban al mar”, recuerda Pérez en el filme, en su departamento en el barrio Bellavista.

“Los primeros ensayos de La huida fueron ahí, en la azotea de su edificio. Era muy artesanal el trabajo del grupo, pero luego vino el episodio Matucana y todo se trasladó para allá”, recuerda Porta, físico e ingeniero de profesión y quien ha expuesto en el extranjero sus series fotográficas de Pina Bausch y Nicanor Parra, además de dirigir el documental El hombre imaginario, estrenado en Berlín en 2007.

“El año pasado dirigí también los cuatro capítulos de una serie sobre Luis Poirot y ahora estoy con la Operación Rescate de Nicanor Parra y sus casas”, dice Porta. “He grabado también a Humberto Maturana y a los poetas Raúl Zurita y Elicura Chihuailaf, y pienso que con todos, incluido Andrés, lo que me ha movido es la admiración que siento por ellos. Y si no recurrí a otras voces que hablaran sobre él o su trabajo, es porque preferí mostrar al Andrés Pérez que yo conocí”.

Del temprano encuentro con la escritura en su Punta Arenas natal, la “maestría” que obtuvo en el Théâtre du Soleil dirigido por Ariane Mnouchkine (“Allí aprendí lo vivo del teatro”, comenta) y hasta de su apego al realismo para cruzar hacia otros umbrales de representación, la cámara de Porta fue testigo también de la fría tarde de abril de 2001 en la que Andrés Pérez apareció suspendido por un arnés en la entrada de Matucana.

“Convocó a una ‘conferencia de prensa’, pero estando ahí arriba parecía más un manifiesto artístico”, recuerda Porta. “Que los artistas administren sus propios centros culturales”, leyó el director ante la multitud que se había agolpado en el lugar, y del que sería desalojado el 29 de abril del mismo año y donde se levantaría finalmente el centro cultural Matucana 100.

“Andrés fue maltratado y subvalorado en todo el proceso”, opina Porta. “Se sentía traicionado además, pues había apoyado la candidatura presidencial de Ricardo Lagos, y cuando su esposa, Luisa Durán, le pidió el terreno para las Orquestas Juveniles, el tema pasó a la prensa y pusieron a Ernesto Ottone hijo, quien no tenía experticia ni tacto en el tema. Y es cierto, Andrés ya estaba enfermo, pero varios vimos cómo repercutió en él esa última batalla que dio. Y mira cómo son las cosas: a 16 años de su muerte, la discusión sigue igual de vigente”, concluye.

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