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Culto
Álvaro Henríquez: gigante menor de edad

Álvaro Henríquez: gigante menor de edad

Durante esta última semana, en boca de todos y en plena recuperación, las canciones de Los Tres, Pettinellis y las que firmó en solitario tuvieron un sabor distinto, otro sentido, más trascendente y urgente. Incluso las más olvidadas como "Y para qué", de Coliumo (2010), donde el penquista se definía como un “gigante menor de edad” que “quería llorar y no podía hablar”, quizás lo más cerca de su estado actual.

Y sí, para los que tenían alguna duda, un poco de morbo o simples ganas de que esto fuera cierto, lo de Álvaro Henríquez era alcoholismo. Confirmado con poquísima discreción por su propio médico. Dependencia al trago, declive por el frasco y “de larga data”, según abundó el galeno. Y frente a eso, ante la cruda confirmación de uno de los facultativos que pasó ocho horas trasplantándole un hígado a este hombre de 48 años que se bajaba una de whisky diaria y que llegó a pesar 150 kilos, es muy probable que los más pobres de espíritu hayan sentido cierto placer al corroborar que la caída del ídolo pudo haber tenido algo que ver con la debilidad, esa que siempre es más visible en el resto que en uno mismo, y quizás también con el envanecimiento, la soberbia, la maldita fama.

Porque incluso en la derrota, en el momento en que debería existir cierta compasión o discreto silencio, el mejor músico chileno de los últimos 30 años, el duro de piel sensible, sigue provocando escozor e incomodidad entre cierto público. Una brutal mala onda, porque se lo merece, porque no reía lo suficiente, ni decía lo que tendría que haber dicho o porque era un pesado de sangre. Y de esa manera, tan cruel y mezquina, se hizo público lo de su deteriorada salud y que lo de Talagante, ese infame show de enero, no fue borrachera sino el síntoma más evidente de un hombre que por esos días ya era prioridad nacional para ser intervenido.

Durante esta última semana, en boca de todos y en plena recuperación, las canciones de Los Tres, Pettinellis y las que firmó en solitario tuvieron un sabor distinto, otro sentido, más trascendente y urgente. Incluso las más olvidadas como “Y para qué”, de Coliumo (2010), donde el penquista se definía como un “gigante menor de edad” que “quería llorar y no podía hablar”, quizás lo más cerca de su estado actual. El futuro, como siempre es un misterio, aunque hay casos puntuales en la música como el de Camilo Sesto o Raphael, que siguieron adelante después de la misma operación a la que fue sometido el chileno el martes. Los más cercanos no tienen dudas: Henríquez vuelve y no desaprovechará esta nueva oportunidad de vida, quizás la última. Los que miran de lejos, los que mezclan fastidio personal con desprecio artístico, deben pensar que éste es un tipo con demasiada suerte. Los que admiran su obra esperan su retorno y más canciones. Esas tremendas canciones del gigante menor de edad.

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