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Culto
Oh el amor

Oh el amor

“Gracias gente maravillosa”, dijo anoche Andy Bell hacia el final de una cita que califica con los mismos términos para la presentación de Erasure en el Movistar Arena.

Hay dos rectángulos gigantes y un cubo al centro en escena conformando la minimalista escenografía. En cada rectángulo se ubica una corista mientras al centro del cubo se instala con gesto señorial Andy Bell. Sobre esa estructura, a la manera de un titiritero, Vince Clark ubica su misterioso y más bien escueto arsenal de máquinas. Nunca parece estar tocando como un intérprete tradicional, excepto cuando coge la guitarra acústica, sino operando como un maquinista o un químico, activando quien sabe qué para gatillar esos teclados primorosos que colorean como cascadas las canciones de Erasure. Noche tibia del jueves y con el Movistar adaptado hasta mitad de cancha, el sitio luce repleto e íntimo a la vez, el tipo de espacio que el legendario dúo británico de synth pop prefiere. Porque Erasure juega en todo minuto a acortar las distancias entre artista y público no solo a través de un puñado glorioso de composiciones, varias de ellas clásicos de todos los tiempos del pop de sintetizadores, sino con la simpatía del cantante, afanado en chapucear un poco de español, bromear, bailar coqueto y desplegar ademanes dramáticos que remontan a la mejor tradición del cabaret con toda la teatralidad posible pero sin excesos, siempre con el gusto y la distinción que se pueden esperar de una voz extraordinaria como la suya, una garganta rendida al soul de ojos azules, el pop chicloso y la mejor tradición en la balada.

Resuena “Oh L’ amour”, uno de sus primeros sencillos del debut Wonderland de 1986, con el que pasó poco y nada en su momento, para convertirse con el paso de las décadas en un hit tardío. El sonido, perfecto. Vince viste de traje y Andy lleva chaqueta y lo que parecen ser unos pantalones muy ajustados. “Estamos felices de estar aquí otra vez”, exclama el vocalista en español. Avanza el concierto y pregunta si conocen el álbum Cowboy (1997) para introducir “In my arms”. Acusa el calor de la noche y deja caer la chaqueta revelando una polera negra con un pentagrama en la espalda. Sigue “Chains of love”, un exitazo hace 30 años, y se activa la fiesta y el karaoke. Andy acomoda ligeramente el tono para evitar los agudos. Gracias a la armazón de voces con las coristas el cambio es apenas perceptible. Sigue “Sacred” y luego una de las nuevas, “Sweet summer loving” del último álbum World be gone editado hace un año, canción que capturó la atención del público.

En “Victim of love” de The Circus (1987) Andy se quita la polera y solo queda con una malla ajustada de trazado psicodélico que cubre todo su cuerpo incluyendo una panza impúdica. La gente chifla y aplaude. El cantante responde bailando, haciendo poses, jugueteando sin descarrilarse entre la magnificencia y la parodia.

El ambiente se vuelve crepuscular con “World be gone”. Ese es un costado que desde Nightbird (2005), título marcado por el VIH de Bell, ha ido ganando espacio en la discografía de Erasure. La fiesta volvió con “Who needs love like that”, otra pieza que no puede faltar en ningún compilado del dúo. Los pasos de baile del cantante arrancan chillidos y con “I love to hate you” el Movistar se ilumina por completo con la gente grabando la interpretación de un himno romántico inapelable.

Más clásicos como las hermosas “Blue Savannah”, “Always” y “A little respect” cierran una noche redonda de la mano de una leyenda. “Gracias gente maravillosa”, dice Andy hacia el final de una cita que califica con los mismos términos para ellos.


Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras