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Culto
Luis Poirot y el rostro de las letras chilenas

Luis Poirot y el rostro de las letras chilenas

90 retratos a escritores y artistas nacionales, desde Manuel Rojas y Raúl Ruiz hasta Isabel Allende y Pedro Lemebel, componen El paisaje es el rostro, la muestra del reconocido fotógrafo chileno que hasta el 27 de mayo se exhibe gratuitamente en Casas de Lo Matta.

La altura de ese hombre al que varias veces había leído lo intimidó, al punto de casi no dirigirle la palabra. Era 1968 y el Premio Nacional de Literatura y autor de Hijo de ladrón, Manuel Rojas (1896-1973), que rozaba el metro y 90 cm, llegó con su esposa a la casa del actor, director y entonces miembro del Ictus, Luis Poirot (1940), de 28 años. “Era la primera vez que me tocaba enfrentar a un escritor más allá de sus libros, y la primera además en que recibía el encargo de la editorial Zig-Zag para retratar escritores para una nueva colección de literatura chilena que estaba por aparecer”, recuerda. “Me cohibió muchísimo, la verdad. No me atreví a dirigirlo ni mucho menos, pero él era muy profesional. Se puso ahí, lo fotografié algunas veces y ya, pero no me dio entrada para nada más. No recuerdo ni el menor diálogo personal con él”, agrega.

50 años han pasado desde aquella tarde, y la misma fotografía del autor de El vaso de leche, en que se lo ve tan cano como serio, marca ahora el inicio del recorrido de El paisaje es el rostro, la muestra que el fotógrafo chileno exhibe hasta el 27 de mayo en Casas de Lo Matta. “No creo haber logrado un retrato, apenas una foto correcta técnicamente, pero abrió el camino a un encuentro con Nicanor Parra en la Reina, Neruda en Isla Negra y que estableció el diálogo posible para luego llegar al retrato”, anota Poirot en la presentación de la misma serie, para la que 59 autores locales posaron frente al lente de su cámara.

Descalzo y recostado sobre su cama o frente al escritorio y la máquina de escribir, el autor de El obsceno pájaro de la noche, José Donoso, es uno de los autores a los que Poirot le siguió los pasos durante varios años, al igual que a Raúl Zurita, Mauricio Wacquez, Raúl Ruiz y los dramaturgos Jorge Díaz, Egon Wolff y Alejandro Sieveking. A este último volvió a retratarlo por última vez este año, en un vano intento por hallar la banca en la que lo había capturado en los 60 junto a Víctor Jara y la actriz Bélgica Castro, sentados en el Parque Forestal.

“Yo llevaba algunos años retratando a gente del teatro, pero esos eran mis amigos, mi familia. Esto era muy distinto”, dice Poirot, mientras recorre la muestra en la comuna de Vitacura. “Yo siempre fui buen lector y desde muy joven, pero yo no vengo de ese mundo. Yo vengo del mundo del teatro, pero cada vez que he retratado a un escritor en estos años procuro leer primero sus libros y hallar en ellos algo de identificación. Es como si al hablar de sus dolores, rabias y sueños, hablaran también de los míos, y eso es lo que yo intento poner en imágenes. Además, los mejores diálogos de mi vida los he tenido con escritores, especialmente con poetas: Lihn, Neruda, Zurita, Parra, Uribe, y todos están aquí”, agrega el artista, quien en octubre, para la Feria del Libro de Santiago, pretende publicar un libro con el mismo registro, editado por Lom.


Encuentros y desencuentros

Con el antipoeta, a quien Poirot ya había fotografiado en los 60 en su casa en La Reina, luego para la revista Paula (1991) y finalmente para la edición de sus Obras Completas & algo más, en 2011, volvieron a reunirse en 2014, año en que Parra cumplió un siglo. “Era otro personaje muy distinto al que yo había conocido en La Reina”, dice. “Ya casi no se le podía acercar uno y era complicado de tratar. La última tentativa que tuve fue cuando cumplió 100 años. Lo llamé y contestó: ‘Tengo conflictos con la fotografía y el retrato’. Todos los tenemos, Nicanor, le dije, para nadie es fácil verse en una fotografía. Así y todo quedamos de vernos dos días después en Las Cruces”, relata.

El autor de Sermones y prédicas del Cristo de Elqui terminaba de traducir entonces el Hamlet de Shakespeare, cuando Poirot cruzó la entrada de su casa. “‘Es un autor para los pequeños burgueses’, me dijo, y a mí, que me lo habían enseñado mis grandes maestros en la escuela de teatro, no me dieron ganas de seguirle el amén. Obviamente él se enojó, quería que me fuera y al rato volvió con un abrigo grande encima y un sombrero que le cubría casi toda el rostro. ‘Ahora sí estoy listo’, me dijo. Le hice un par de fotos pero nunca las he revelado y dudo que lo haga, pues no eran lo que yo buscaba. Fue como cuando me pidieron hacer el retrato oficial para el presidente Sebastián Piñera en su gobierno anterior, y ellos no aceptaron porque querían modificar mi trabajo”, añade.

Además de retratos a Isabel Allende, Alejandro Jodorowsky, Volodia Teitelboim, Adolfo Couve y otros más recientes, como a Rafael Gumucio y María José Viera-Gallo, la muestra incluye además imágenes inéditas del cantautor chileno Víctor Jara (en 1967) y de Angel Parra en su paso por EEUU, en 1994. También de los poetas Gonzalo Rojas y Claudio Bertoni, y hasta de su conocida serie al Nobel de Literatura, Pablo Neruda, en su casa de Isla Negra en 1969. “Este material ya se conoce por mi libro Neruda: retratar la ausencia (1987), aunque esta vez amplié algunos negativos que nunca había visto”, dice Poirot. “No sé por qué, pero yo necesito un tiempo entre que tomo una foto para tomar distancia de ella, hasta que la revelo. Son dos procesos distintos, y cada vez me convenzo más de que la fotografía no es un arte de apreciación inmediata, sino uno que toma tiempo y vaya a saber uno cuánto”, agrega.

Violeta Parra e Isidora Aguirre son dos de los personajes a los que Poirot lamenta no haber retratado. “Con la primera nunca me atreví mucho, lo reconozco, pero de Isidora Aguirre siempre me arrepentí porque la tuve muy cerca y hasta trabajé con ella”, cuenta el artista. Sin embargo, hasta hace algunos años también estaba entre su lista de pendientes el cronista Pedro Lemebel, fallecido en 2015. “Yo sabía de su fama de provocador y nunca hice el intento por acercarme, hasta que fui a ver a Sergio Parra y él lo contactó de parte mía”, recuerda el fotógrafo.

Hasta el que solía ser su departamento, frente el Parque Forestal, Poirot llegó a mediados de 2014 con su cámara y hecho un atado de nervios. “Contra todo lo que yo creía, Pedro fue tan amable y generoso que sentí el peso de mis prejuicios”, dice Poirot. “Fue un año antes de su muerte, y él ya había sido operado nuevamente de la garganta, por lo que me advirtió de su cicatriz: ‘Trátame con cariño’, me dijo, y realmente espero haberlo hecho”, concluye.

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