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Philippe Garrel: “Mayo del 68 no fue un éxito, fue una revolución abortada”

Philippe Garrel: “Mayo del 68 no fue un éxito, fue una revolución abortada”

Ganador del León de Plata en Venecia y partícipe de las masivas protestas de su país hace 50 años, el más fiel heredero de la Nueva Ola francesa estrena la próxima semana en Chile su película Amantes por un día, premiada en Cannes 2017.

Philippe Garrel (1948) tenía 20 años cuando el 6 de mayo de 1968 una marcha de 20 mil estudiantes se derramó por las calles de París. Era la primera de muchas y querían recuperar el campus Nanterre de la Universidad de La Sorbona, cerrado por las autoridades. Precoz e inquieto, Garrel ya había dirigido seis películas cuando los acontecimientos políticos le explotaron en la cara. Se trataba en gran parte de historias de amor y de desarraigo adolescente. Después de mayo de 1968, de cierta forma seguiría narrando lo mismo, pero la desafiante protesta comandada por jóvenes de su edad cambió su forma de ver la vida para siempre. Es más, salió a la calle e hizo una pequeña película con las manifestaciones: Actua I.

‘’Mayo del 68 no fue un éxito, fue una revolución abortada”, reflexiona Philippe Garrel al recordar los hechos que en un par de semanas cumplen 50 años. El más directo heredero de la Nueva Ola francesa estuvo esta semana en Buenos Aires para la retrospectiva que le dedicó el 20 Festival de Cine Independiente (Bafici). En medio de charlas y entrevistas hizo un hueco en su agenda para responder algunas preguntas a Culto.

Garrel conoce Chile (el año pasado fue invitado al ciclo La ciudad y las palabras de la UC) y la próxima semana se estrena acá su más reciente película, Amantes por un día, premiada en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes 2017.

La película, de apenas una hora y 16 minutos, está filmada en su habitual blanco y negro de alto contraste y establece el conflicto a partir amores rotos y plenos: el profesor de filosofía Gilles (Éric Caravaca) vive junto a su alumna Ariane (Louise Chevillotte), pero al mismo tiempo debe hacerle un lugar en la casa a su hija Jeanne (Esther Garrel, hija del cineasta), que acaba de ser dejada por su novio y tiene la misma edad de Ariane.

Garrel, que tiene 32 películas desde que empezó a filmar a los 16 años en 1964 , entregó la que es tal vez su creación más “popular” en el 2005 con Los amantes regulares. La película ganó el León de Plata a Mejor Director en el Festival de Venecia y precisamente contaba una relación romántica estudiantil en medio del turbulento paisaje de mayo de 1968. Antes, en 1991, ya había ganado este mismo galardón en Venecia por J’entends plus la guitare, una afiebrada fábula de amor que de cierta forma recreaba sus propia relación con la cantante alemana Nico (conocida por sus vínculos con The Velvet Underground y Andy Warhol). El cineasta vivió una década junto a la fallecida artista y la hizo actuar en varias de sus cintas, entre ellas La cicatrice intérieur (1972).

-¿Cómo recuerda mayo del 68?

Yo siempre fui rebelde y no dudé en bajar a la calle. En ese momento me parecía más importante la insurrección que dedicarme a hacer cine.Pero no me olvidé de tomar mi cámara de 16 mm y filmé en el momento los ‘mini reportajes’ que se agruparon bajo el nombre del corto Actua. Otros cineastas, por la prisa y la inmediatez, se olvidaron. Creo que fuimos sólo Jean-Luc Godard y yo.

-¿Qué queda de esa generación, artísticamente asociada a la Nueva Ola francesa ?

De esa generación quedan activos pocos directores. Están Godard, Jacques Doillon, Benoît Jacquot. Y hay que fijarse en los que se suicidaron: Jean Eustache en 1981 o Chantal Akerman hace poco, en el 2015. Hubo consecuencias para los participamos en Mayo del 68: muchos fueron enviados a un servicio militar duro. Yo fui recluido algunas semanas en un hospital psiquiátrico donde me aplicaron electroshock. Tras eso quedé muy atemorizado y entendí hasta donde el poder establecido te deja llegar. Después de esa experiencia me convertí más en artista que en rebelde. No voy a fomentar revoluciones, pero siempre estaré al lado de quienes las hacen para conseguir cambios. Hay todavía mucho que lograr. Veo como en París o aquí en Buenos Aires, nos hemos acostumbrado a caminar entre los vagabundos que viven en las calles. En fin, para algunos el cine francés se acabó cuando apareció la Nueva Ola, pero para mí y mis compañeros , empezó con la Nueva Ola. Es insuperable.

-¿Por qué prefiere el blanco y negro y las historias de amor?

Henri Langlois, el mítico fundador de la Cinemateca Francesa, me dijo una vez: ‘Si te gusta realmente el blanco y el negro y filmar en 35 mm, no lo abandones. Nunca van a desaparecer porque son el origen del cine’. Tuve la suerte de trabajar con grandes directores de fotografía como Pierre Lhomme, William Lubtchansky, Raoul Coutard, Willy Kurant o Renato Berta. Por lo demás, las historias de amor siempre me interesaron, están presentes en todas mis películas a partir del 68: pero no sólo las mías, incluso las de mis padres (su padre fue el actor Maurice Garrel) que retraté en algunas películas. Ahora bien, la sexualidad es algo muy fuerte, por encima de nuestra conciencia. No se puede siempre mostrar fácilmente en la pantalla con alguien que es familiar tuyo. Por eso en un filme como A la sombra de las mujeres (la segunda de su “trilogía del amor” integrada además por La jalousie del 2013 y Amantes por un día del 2017) decidí no trabajar con mis hijos actores (Louis Garrel, Esther Garrel) o parejas (Brigitte Sy, actriz francesa), presentes en mis filmes anteriores.

Sobre el autor:

Rodrigo González |
Sub-editor de Cultura de La Tercera.