Culto
Raúl Zurita: “Mis únicos referentes son el Manifiesto Comunista y los Evangelios”

Raúl Zurita: “Mis únicos referentes son el Manifiesto Comunista y los Evangelios”

Radical y directo, el artista de 68 años publica Un mar de piedras, selección de 300 entrevistas que recorren su vida. Además aparece el volumen de ensayos Son importantes las estrellas.

Es el registro de la mejilla izquierda manchada de sangre, producto de la herida dejada por una quemadura autoinfligida, en el rostro de Raúl Zurita (68) hace cuatro décadas. La fotografía es de la artista Lotty Rosenfeld, cuya imagen abrió el camino de su obra al ilustrar la portada de su primer libro, Purgatorio, en 1979. Un retrato que ahora está impreso en la portada de su último título, Un mar de piedras, que acaba de publicar la editorial Fondo de Cultura Económica.

El ejemplar es una recopilación de 300 entrevistas publicadas en la prensa hispanoamericana, a lo largo de 40 años. La labor de recopilación y edición fue realizada por el poeta Héctor Hernández Montecinos. “A no mucho andar me fui dando cuenta de que entre las primeras entrevistas y las que iba sumando había una continuidad, un tono, una lógica”, escribe Hernández en la introducción del volumen que será presentado el 23 de mayo, a las 19.00 h, en la Biblioteca Nacional.

Dividido en tres partes, el trabajo es una biografía en primera persona del premio Nacional de Literatura 2000. Es el efecto que produce Un mar de piedras luego de fragmentar por temas los diálogos de prensa. Es Zurita por sí mismo. Las historias de su vida y obra, donde narra la importancia que tuvo en su formación la abuela, Josefina Pessolo; la amistad con el poeta Juan Luis Martínez; el arte extremo desarrollado con el CADA (Colectivo de Acciones de Arte), hasta las últimas instalaciones, como la expuesta en la Bienal de Kochi, India, en 2017.

Hace dos semanas Raúl Zurita estaba en Francia. Fue invitado por la Universidad de Poitiers para presentar los dos tomos de su Obra poética (1979-1994), a cargo de Benoît Santini. Después viajó a Italia a recibir el Premio Alberto Dubito y la semana pasada estaba en Perú para ser reconocido en Art Lima. Allí se valoró su trayectoria y se exhibió parte de su obra Verás un Dios de hambre.

“Mira, yo soy un bicharraco sentimental sudamericano y la cercanía con que tanto en Francia o Italia y antes en lugares tan remotos como Hong Kong, Eslovenia, Grecia o la India, han escuchado y leído las cosas sobre las que no tengo más mérito personal que el del azar de que me haya tocado a mí escribirlas me llena de asombro y de algo que debe ser semejante a la gratitud”, comenta Zurita.

A librerías también llega el conjunto de ensayos Son importantes las estrellas que publica Ediciones UDP. En sus páginas se explaya sobre la figura y obra de Walt Whitman, Pablo Neruda, Shakespeare, Nicanor y Violeta Parra, Pablo de Rokha, el arte de la fotografía y la pintura de Roberto Matta y Francis Bacon.

Zurita es radical. “Violeta Parra es nuestro Shakespeare”, apunta en el escrito Doblada de amor. “En sus canciones están contenidas todos los sentimientos y emociones humanas”, agrega.

Mientras que en Un mar de piedras hay recuerdos sorprendentes. Por ejemplo, cuando su madre, secretaria de la Compañía de Teléfonos, llega al hogar tras ser despedida. O la imagen alterada del padre, quien murió con 31 años, cuando él tenía 2 años. También narra su relación con autores como Gonzalo Millán, Enrique Lihn, Roberto Bolaño, y cómo el golpe de Estado de 1973 y la enfermedad del Parkinson marcaron su existencia.


Ud. señala que una obra “que no me dé cuenta del mundo, que no tenga una relación política, no me interesa para nada”. ¿Se define un escritor comprometido?

– Lo sostengo, pero no la frase “escritor comprometido”. Cruelmente la poesía no tiene ninguna otra posibilidad que la de ser extraordinaria, ese es el único adjetivo que le cabe, no existe la poesía misionera ni la poesía coloquial ni la poesía concreta ni la antipoesía; la única poesía que existe es aquella que tiene la suficiente dignidad como para ser leída en voz alta frente al mar.

Si J. L. Martínez y el CADA fueron su escuela, ¿hoy quiénes son sus referentes?

– Los antecedentes son muchos. Con Juan Luis nunca nos extraviamos, intentaron tantas veces enemistarnos sin lograrlo jamás. El fue muy importante en lo que escribí cuando joven como yo lo fui en lo que escribió él, ahora no pueden haber dos cosas más distintas que Purgatorio y La Nueva Novela. Con el CADA no diría que fue mi escuela, tal vez decir que el CADA hizo escuela conmigo sería más correcto, pero tampoco se trata de eso, en los años que duró, desde el 79 al 83, hicimos cosas tremendas. Por supuesto que admiro a tantos autores geniales, pero mis únicos referentes, y es cada vez más así, son el Manifiesto Comunista, de Marx y Engels, que implanta el más sobrecogedor y remoto de los sueños: una sociedad sin clases, y la sencillez y pureza sublimes de los Evangelios. “Y el que esté libre de pecados que tire la primera piedra”, es la frase más conmovedora, profunda y bella que se haya jamás escrito.

¿Cómo recuerda su relación con la poesía de Parra?

– A Parra lo admiré mucho, lo quise mucho y aprendí mucho de él, pero sobre todo tuvo un gesto de nobleza que solo de recordarlo me hace llorar. Yo lo único que tengo son palabras de gratitud hacia él. Los grandes poetas que revolucionaron la poesía en castellano del siglo XX fueron Pablo Neruda y César Vallejo, y no solo en castellano, pero lo que hizo Nicanor Parra también es extraordinario.

¿En la actualidad está más cómodo en la prosa que en la poesía?

– En la actualidad necesito que alguien que sepa me instale en la computadora el más avanzado sistema de dictado, porque yo no logro dar con él, porque teclear se me está haciendo cada vez más difícil y torturante. Si yo fuera un porteño bonaerense te diría: ¿Viste? Y en eso Beethoven coincide conmigo, él tenía toda la música dentro y no podía escucharla porque se quedó sordo, ¿viste? Y yo tengo toda la poesía dentro y no puedo escribirla porque tengo cada vez más rígidas las manos, ¿viste? Pero lamentablemente no soy ni Beethoven ni un porteño bonaerense.

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