Culto
Martín Gusinde: el sacerdote que retrató el espíritu de los hombres de Tierra del Fuego

Martín Gusinde: el sacerdote que retrató el espíritu de los hombres de Tierra del Fuego

Con una muestra de 178 fotografías en la Sala de Arte de Las Condes, la Corporación Cultural de Las Condes presenta, hasta el 26 de mayo, el trabajo fotográfico y etnológico de Martín Gusinde, sacerdote y antropólogo, quien viajó desde Alemania a conocer en profundidad la vida de los abandonados pueblos patagónicos.

Los selk’nam, kawésqar y yagán ubicados en el archipiélago del Cabo de Hornos y la isla grande de Tierra del Fuego fueron sus destinos y allí convivió con ellos, conoció su cotidiano, sus tradiciones y su gran riqueza espiritual. Aquellos elementos que se pueden conocer en sus textos de campo y libros, se enriquecen con los cientos de fotografías que retratan estos pueblos, constituyendo un acervo de gran valor cultural para Chile y el mundo.

“Estos hombres primitivos de la Tierra de Fuego, tan poco conocidos como menospreciados, me ofrecieron amablemente no solo sus valores culturales externos, sino también los más celosamente guardados, llegando a ser yo considerado en sus ceremonias secretas como un miembro más de la tribu”, así explica el misionero alemán de la Congregación del Verbo Divino, Martín Gusinde, su relación y trabajo con los diversos pueblos con quienes convivió. En su libro Hombres primitivos en la Tierra del Fuego (1951), Gusinde da cuenta de cómo estas tribus le demostraron que no solo eran dignos de admirar en cuanto a su capacidad para sobrevivir en climas tan hostiles como la Patagonia, sino que también poseían un interesante desarrollo y conexión con la espiritualidad.

La fotografía, resultó ser para este investigador, el elemento principal sobre el cual retrató la apariencia de estos pueblos y sus costumbres. En estas imágenes, plasma el cuerpo de las tribus adornados con plumas, corteza de árbol, pieles de guanaco y pinturas rituales, cuyos rostros muestran una vida de sacrificios, pero también de satisfacción con su propia alma, con su comunidad y con la naturaleza.

La exposición que se lleva a cabo en la Sala de Arte de Las Condes “El espíritu de los hombres de Tierra del Fuego”, tiene entrada liberada y da cuenta de estas experiencias, y consiste en la muestra más extensa que se ha realizado sobre las fotografías de Martín Gusinde por todo el mundo. Ya ha visitado Europa, Japón y Sudamérica, y hasta el 26 de mayo estará en Santiago de Chile a propósito del aniversario de los 100 años de la primera expedición del antropólogo a la Patagonia.

Gusinde, quien llegó a Chile como docente del Liceo Alemán de Santiago, trabajó en el Museo de Etnología y Antropología, realizando estudios sobre Isla de Pascua e investigaciones sobre los araucanos, posterior a ello, viajó en cuatro ocasiones a Tierra del Fuego, entre 1918 y 1924,

“Si bien estas fotografías nos revelan un mundo que permanece ampliamente inaccesible, al menos permiten entrever la riqueza mítica de sociedades que hasta ahora habían sido consideradas poco dignas de atención. En sus publicaciones, Gusinde solo reprodujo una pequeña parte de esas imágenes”, afirman los curadores de la muestra, Christine Barthe y Xavier Barral, y explican que las fotografías que se exponen son seleccionadas para resaltar la forma en la que Gusinde retrató a estos pueblos pero también la manera en que ellos aceptaron ser fotografiados para la posteridad. Dichas imágenes corresponden a la digitalización de los negativos originales conservadas por el Anthropos Institut de Alemania.



El hain, un rito del espíritu

Aquella observación etnológica, realizada por Gusinde, se convierte en un testimonio único, especialmente al mostrar a las tribus en sus más íntimos rituales, como por ejemplo el hain, tradición propia de la cultura selk’nam que busca iniciar a los jóvenes hacia el mundo del hombre adulto a través de la representación teatral de los siete espíritus selk’nam.

Los personajes, que refuerzan la apariencia de estos espíritus, son pintados con ocre rojo y blanco de hueso triturado. De esta manera, en la muestra se puede observar el retrato de algunos personajes significativos como Short, uno de los más difíciles de interpretar para los selk’nam, ya que jamás debe dar cuenta, ni siquiera con gestos, de su naturaleza humana.

Short aparece del fuego en la choza del hain, y se dedica a torturar a los jóvenes iniciados y aterrar a las mujeres. La antropóloga americanista Anne Chapman, quien trabajó después de Gusinde en Tierra del Fuego, describe a este personaje así: “Avanza dando pequeños pasos, sacude la cabeza de manera entre cortada, a un lado y al otro, de repente salta, luego se detiene bruscamente, temblando. Sus brazos están doblados, sus manos, cerradas (como las de un boxeador) el dorso de las manos girado hacia adelante. Cuando sale el hain y vuelve, alza los brazos, siempre doblados, con los puños al aire, moviendo los bíceps. Como todos los demás espíritus, es mudo. Todos sus movimientos son rígidos y precisos, para fascinar a las mujeres o incluso para suscitarles pánico”.

Otro de los personajes es Koshmenk, uno de los más burlescos del hain. Representa a los maridos cornudos de Kulan, una mujer quien siempre está rodeada de amantes. Son personajes ridículos, hazmerreír de las mujeres. Según Champan: “Koshmenk se presenta como el hombre vencido por la fuerza sexual de la mujer y, de nuevo, como ella. Ridiculiza el modelo ideal, el modelo masculino”.

Al objetivo principal del hain, se suma el carácter de aprendizaje, donde a los jóvenes se les revela el secreto de la dominación patriarcal, y Chapmann afirma también que busca “disciplinar e intimidar a las mujeres, a fin de salvaguardar la sociedad patriarcal, responder las aspiraciones religiosas, conmemorando los orígenes míticos de la sociedad”. De esta manera el proceso podía durar incluso hasta 5 años.


La tragedia de los pueblos de Tierra del Fuego

Martín Gusinde, llegó a conocer a las sociedades selk’nam, yagán y kawésqar en un momento en el que su población había disminuido en gran parte.

Los territorios que les permitieron vivir y desarrollarse culturalmente por miles de años fueron invadidos por los colonos europeos y fueron asesinados por aventureros blancos y estancieros en masacres relacionadas a la protección del ganado, por ejemplo. También sufrieron las enfermedades transmitidas por las ropas, y de esta forma comenzaron a extinguirse como pueblo.

Gusinde tras esta situación se preocupó por estudiarlos y retratarlos como un testimonio para el futuro y además denunció con ímpetu el exterminio de estos pueblos patagónicos.

“Ninguna fiera se ha comportado de tan manera cruel como lo han hecho los blancos contra los indios indefensos. Estos renglones deben ser una permanente protesta contra aquellos cazadores de hombres, que han aniquilado sin compasión al pueblo de Selk’narn”, dice Gusinde en su libro, y agrega más adelante: “Hoy, cuando esto escribo, viven unos cuarenta representantes auténticos de esta tribu, noticia que sé por la correspondencia que mantengo con una familia amiga establecida en la Isla Grande”.

Gusinde, en su cuarta visita a la Patagonia, sabía que no volvería a ver más a estos pueblos, por su mal estado de salud y el fin de su estadía en Chile. En Alemania siguió con sus estudios antropológicos y comienzó a estudiar otras tribus, como los pueblos sioux y cheyene en Estados Unidos, y en el Congo a los pigmeos.

En 1956 fue invitado a Chile por la Universidad de Chile, y posteriormente, cuando su salud ya no le permitió viajar, se refugió en el Seminario Misional San Gabriel, falleciendo a los 83 años.

Para el sacerdote, su experiencia al conocer profundamente a estas tribus caló hondo en su alma. Y así, lo demuestra en las últimas palabras de su libro, cuando ya no había esperanzas para que los selk’nam, kawésqar y yagánes siguieran sobreviviendo en un futuro que era propiedad de occidente.

“Y cuando a mí, quizás como el último fueguino, me lleven a la tumba, habré elevado con esta descripción un monumento de gratitud a mis hermanos de tribu, al poner de manifiesto que son hombres perfectos con capacidad de trabajo y carácter, con alma y corazón. El futuro ya no podrá olvidar a mis indios”.

Sobre el autor: