Culto
Let’s dance: cuando David Bowie se puso optimista

Let’s dance: cuando David Bowie se puso optimista

Tras la trilogía Berlín, el "Duque blanco" recurrió a la música negra para reinventarse. En la travesía lo acompañó el productor Nile Rodgers.

Para 1983, David Bowie era un artista consagrado en el mundo de la música. Hasta esa fecha, llevaba una carrera con sólidos álbumes de rock/pop (en combinación con otros estilos), y además pasó por una etapa más experimental con la llamada “Trilogía de Berlín”, muy rica musicalmente, pero menos comercial que los otros trabajos.

Si bien en 1980 había vuelto al ruedo pop con Scary monsters, a Bowie todavía le faltaba un paso adelante. Ir más allá de lo que ya estaba haciendo. ¿Cómo hacerlo? La respuesta llegó durante unas vacaciones en 1982 en el Pacífico Sur. Para paliar el aburrimiento, llevó consigo algunos de sus discos de blues y R&B favoritos de los años cincuenta y sesenta: James Brown, Buddy Guy, Albert King y Elmore James.

Esa música negra le provocó una sensación. “Me pregunté a mí mismo, ‘¿Por qué elegí esta música?’ Es música que no es tensa, y proviene de una sensación de placer y felicidad. Hay entusiasmo y optimismo en esas grabaciones”, contó el “Duque blanco” en una entrevista posterior con la revista Rolling Stone.

Y para obtener ese entusiasmo optimismo, nada mejor que recurrir a la música disco, la tendencia en boga de esos tiempos. Por eso, decidió dejar de lado a Tony Visconti (quien venía produciéndolo hasta entonces) y llamó a Nile Rodgers, un guitarrista y productor quien manejaba perfectamente el sonido que el autor de “Starman” quería darle a su nuevo trabajo.



Rodgers (quien también produjo el single “Get Lucky”, de Daft Punk en 2014), le dio una sonoridad brillante al largaduración. Suena efectivamente como para colocarlo en medio de una fiesta. Los bronces, los teclados, las guitarras filosas y rasgantes, los coros, la rítmica potente de la batería en estilos funk y soul (usando semicorcheas en bombo y tambor) invitan inevitablemente a que el oyente salga de su estado de comodidad y comience a bailar. Si bien, tiene momentos de quietud con “China girl” y “Ricochet”, en ningún momento pierde el feeling y el groove del funk.

El pasado 8 de enero se liberó una versión demo del track que le da el nombre al álbum. Sin tanta producción, pero con el nítido toque funk de Nile Rodgers. La guitarra del productor tiene un notorio protagonismo y hace caminar la canción.

“Let’s dance” se realizó en solo 17 días en el estudio Power Station, de Nueva York. Alcanzó el número 1 y se convirtió en el elepé más vendido de la carrera de Bowie, y el segundo más vendido de 1983 después de Thriller, de Michael Jackson. Lo elevó a la categoría de superestrella.



Sobre el autor:

Pablo Retamal N. |
Periodista de La Tercera. En Twitter es @pabloretamaln