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Bolaño columnista: la historia tras su participación en periódicos

Bolaño columnista: la historia tras su participación en periódicos

El autor de Los detectives salvajes redactó columnas en España y Chile. En su tiempo pasaron inadvertidas, puesto que aún no era el escritor best seller que conocemos hoy.

Roberto Bolaño no solo fue narrador y poeta. Hacia los últimos años de su vida tuvo una participación como columnista en medios escritos. La primera de estas fue para Diari de Girona, de la provincia donde residía, en Cataluña, España.

Según cuenta el editor Ignacio Echevarría en el prólogo del libro póstumo Entre paréntesis, esto comenzó en enero de 1999. Durante un año y medio, las colaboraciones eran originalmente elaboradas en castellano para luego ser traducidas y publicadas en catalán.

A mediados de 2000, poco después de terminar su participación en ese matutino, Roberto Bolaño le envió un mail a su amigo Andrés Braithwaite, quien trabajaba en el diario Las Últimas Noticias, proponiéndole la idea de tener un espacio semanal: “A mí me gustaría tener una columna en donde pueda hablar del más desconocido poeta provenzal hasta el más conocido novelista polaco, todo lo cual en Santiago sonará por igual a chino. De hecho, esas crónicas, de aquí a un tiempo, conformarán un libro, y por eso quiero meter también las que se publicaron ya en catalán. No sé si está claro: sería una columna básicamente literaria”.

Así, el narrador comenzó a redactar para LUN.

El contacto con Braithwaite ya venía desde antes; se habían conocido en 1998 en una comida organizada por revista Paula. Se cayeron bien, comenzaron a charlar, y de a poco comenzó a surgir una amistad.

“No había ninguna pomposidad, todo muy relajado. Él sugería los temas, no había pauta, era como un divertimento”, cuenta Andrés Braithwaite.

¿Cómo era Roberto trabajando?

“Era muy puntual. Si había que entregar un martes a las 6.30, él entregaba a esa fecha y hora. Generalmente en los mails mandaba la columna junto con algún comentario tipo ¿cómo están tus hijos? Hablábamos de otras cosas también, porque esto era sin pretensiones”.

En equivalente al dinero de estos tiempos, el periódico le pagaba 70 mil pesos por columna al autor de Estrella distante. Como Bolaño residía en España, y no había cómo transferir, el mismo editor juntaba el pago en efectivo y se lo entregaba personalmente cuando se daba la ocasión en algún viaje. “Incluso, una vez me pidió que le entregara la plata a su mamá que venía a Chile. Una señora muy amable”, recuerda Braithwaite.

El creador de los personajes Arturo Belano y Ulises Lima narraba de todo en sus columnas, aunque algunas de ellas terminaron convirtiéndose en relatos de sus libros, como “Jim”, el cuento que abre el volumen El gaucho insufrible; o “Playa”, que tuvo su origen en una columna publicada primero en Girona y después en LUN.

Por esos entonces, Bolaño había comenzado a ganar una fama incipiente gracias a Los detectives salvajes y gozaba de estima en los círculos literarios, pero no era un autor best seller. Por lo mismo, la columna pasaba más bien inadvertida en el diario, en ningún caso causaba furor. Solo la gente más interesada en los libros valoraba el espacio, que era compartido con el escritor español Enrique Vila-Matas. “El bolañismo vino después de su muerte”, apunta Braithwaite.

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