Culto
Murió Milos Forman, director de Amadeus

Murió Milos Forman, director de Amadeus

El cineasta checo y doble ganador del Oscar al mejor director, falleció ayer en EEUU a los 86 años tras una breve enfermedad, confirmó su viuda.

Nunca estuvo entre sus planes volver. Había estudiado cine en la Escuela de Praga, y sus primeras películas –Pedro, el negro (1964) y Los amores de una rubia (1965), nominada al Oscar extranjero- habían llamado la atención de los festivales internacionales, pero no fue hasta el estreno de ¡Al fuego, bomberos! dos años después, cinta en la que criticó a las altas cúpulas de su país, además de su burocracia, que Jan Tomáš Forman -más conocido como Milos Forman-, comenzó a sentir la presión y vigilancia de las autoridades comunistas. Por eso, cuando las tropas soviéticas invadieron su Checoslovaquia natal en agosto de 1968, el cineasta, que por azares de la vida se encontraba en París cerrando el que iba a ser su primer proyecto en EEUU, decidió nunca más regresar.

“Prefiero un país libre y atestado de mal gusto a un país refinado pero sin libertades”, solía decir el director, quien ayer falleció en su casa en Hartford, Connecticut, EEUU, a la edad de 86 años y a causa de una breve enfermedad, según confirmó su viuda, Martina. “La censura es el peor de los males. Viví bajo un régimen totalitario en el que existía la presión de la censura ideológica. Ahora vivo en un país en el que si existe alguna presión es la comercial. Sin duda -agregó-, prefiero esta última, al menos en ella deciden miles de personas y uno una sola”.

Nacido en 1932 en Caslav, República Checa, Forman se crió junto a dos padres adoptivos: tanto su madre biológica, Anna Suabova, como el hombre al que por años creyó su padre, un maestro llamado Rudolf Forman, habían sido asesinados por nazis en campos de exterminio. Y aunque de pequeño fue educado bajo las leyes del protestantismo, Forman siempre se hizo llamar “medio judío”.

Fue en 1985, con la publicación de sus memorias escritas junto a Jan Novak, que el cineasta reveló al fin su propia historia: en mitad de los 60, Forman conoció a una amiga de su madre y sobreviviente de Auschwitz, quien le confesó que su verdadero padre no había sido ese profesor del que guardaba borrosos recuerdos, sino un arquitecto judío que, al igual que ella, había sobrevivido al Holocausto. Meses más tarde, el director partió a conocerlo a Perú poco antes de que él muriera.


Emprender en EEUU

Llevaba tres años sin pisar Checoslovaquia e intentando hallar la suerte en EEUU, donde pasaría el resto de sus días, pero el éxito tardaría en llegar. Corría 1971 y Forman estrenó en salas americanas la comedia Juventud sin esperanza, su primera película en años y a la que pronto le llovieron las críticas. Sumido en una profunda depresión, el entonces director y guionista de 39 años se encerró en su habitación del hotel Chelsea de Nueva York, decidido a torcer su propio destino y con el peso del exilio sobre sus hombros.

Entre las mismas cuatro paredes apareció el guión de One Flew Over the Cuckoo’s Nest (Atrapado sin salida), que lejos de solo haberlo puesto nuevamente en pie, encumbró su nombre hasta las primeras ligas de la industria hollywoodense de la época, reinada por Martin Scorsese y Francis Ford Coppola. Protagonizada por un soberbio Jack Nicholson, la historia recayó en R.P. Mc Murphy, un bravucón acusado de cinco casos de agresión y quien es trasladado a un hospital siquiátrico estatal para ser examinado. Allí, sin embargo, su plan es descubierto: Mc Murphy no solo había fingido magistralmente su desequilibrio mental, sino que además consiguió despertar en sus compañeros el sentido de la libertad que durante años había dormido en ellos.

Y aunque años más tarde el propio Forman revelaría que Michael Douglas y Saul Zaentz, productores del filme, lo habían contratado “por unos cuantos dólares”, la cinta estrenada en 1975 se volvió un éxito de taquilla y en la gran ganadora de la temporada de premios: al año siguiente, Atrapado sin salida se quedó con cinco premios Oscar, incluidos los de Mejor película, Mejor director, Mejor actor, Mejor actriz y Mejor guión adaptado, además de obtener otras seis estatuillas en los Globos de Oro.

Desde entonces, Forman tuvo la libertad de escoger sus futuros proyectos: el exitoso musical Hair (1979); Ragtime (1981), última película de James Cagney y, desde luego, Amadeus, de 1984 y que terminó por hacerle un espacio junto a las grandes leyendas del cine del siglo pasado. Tomando como punto de partida la obra homónima de Peter Shaffer, Forman puso en la gran pantalla la supuesta rivalidad entre los compositores Antonio Salieri y Wolfgang Amadeus Mozart, interpretados por F. Murray Abraham y Tom Hulce, respectivamente.

Ya convertido en un temprano clásico, Amadeus volvió a robarse la película en la entrega de premios de la Academia de 1985 con ocho estatuillas, entre las que nuevamente figuraban Mejor película, Mejor director, Mejor actor y Mejor guión adaptado. Para Forman, además, había saciado un deseo de años: ya nacionalizado estadounidense, el director retornó a su país natal para rodar el filme. Y en su biografía, Turnaround: A memoir, de 1994, escribió: “Todo en la vida me ha supeditado a ganar”.

Como realizador y al centro de la gran industria cinematográfica de su época, al checo nunca le importó rodar guiones ajenos. De las ocho películas que filmó en su exilio, solo escribió dos: “Yo prefiero tener un guion sólido en el que apoyarme, pero me gusta que en el rodaje de la secuencia haya sitio para la improvisación”, decía: “Un 10% de improvisación a la hora de rodar puede deparar momentos únicos, increíbles. Me gusta rodar con actores que no se sepan al dedillo el guión, pero hacerles actuar siguiendo el guion, que yo ya me sé de memoria, dándoles indicaciones para que el diálogo sea más real, más fresco, más vivo”, agregó en 2010.

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