Culto
Sergio Pitol: “La enfermedad me ha entregado caminos satisfactorios”

Sergio Pitol: “La enfermedad me ha entregado caminos satisfactorios”

En junio de 2011, el fallecido escritor mexicano conversó con La Tercera a propósito de su libro . Dijo que le interesaban las enanas.

Tiene más de 70 años y siempre se las arregla para ser otro. Antes de los 30, Sergio Pitol se fue de México en un barco alemán que salió de Veracruz. Quería cambiar de aire y regresó 28 años después. “He tratado de no copiarme”, dice sobre su obra. “Persistentemente me convierto en otro”, escribe en Una autobiografía soterrada, libro que llega esta semana a librerías por editorial Anagrama.

Su última obra es un diario de vida y un extenso relato. El libro finaliza con una conversación entre Sergio Pitol y Carlos Monsiváis, su amigo que falleció un día como hoy, hace un año. “De su presencia extraño, antes que nada, al gran amigo que tuve por 50 años y todo lo que eso implica: su conversación, solidaridad, valentía, congruencia”, responde Pitol desde su Puebla natal, una bella ciudad cerca del DF mexicano.

Pitol está enfermo. “Problemas serios de salud”, dice en esta entrevista. Y no es casual que Una autobiografía soterrada arranque contando su regreso a La Habana para someterse a un tratamiento de medicina alternativa. “Mi relación con la literatura se inició desde la infancia; tan pronto como aprendí las letras me encaminé a los libros”, escribe el Premio Cervantes y Juan Rulfo, nacido en 1933. Autor de obras como El arte de la fuga, Pitol comenzó en 1959 con Tiempo cercado, un puñado de cuentos de juventud.

La infancia, la enfermedad y los libros hicieron los rostros de Sergio Pitol. “A mis cuatro años era huérfano de padre y madre y la malaria me atacó durante años. Pasé una infancia enfermiza que me llevó a ser un lector empedernido”, confiesa quien se dedicó por décadas al trabajo de editor y traductor. Sobre su firma están las de escritores como Henry James, Jane Austen, Joseph Conrad, Giorgio Bassani, Witold Gombrowicz y Ford Madox Ford.


-¿Cree que Una autobiografía soterrada podría funcionar como una síntesis de su obra?

-Entre 2003 y 2008 releí toda mi obra para la edición de los cinco volúmenes del Fondo de Cultura Económica. Esa fue una oportunidad para confirmar la enorme cantidad de redes que hay entre todo lo que he escrito, desde el primer cuento hasta este libro. En mi caso, vida y obra están unidas de manera estrechísima, y por eso hay líneas de distintos tipos, que pasan de una a otra de mis páginas. No veo Una autobiografía soterrada como una síntesis, sino como la consecuencia de mi trayectoria. Una de mis preocupaciones de siempre ha sido la forma. En ese sentido, Una autobiografía soterrada, más que una síntesis es una especie de recapitulación en la que cuento, con ampliaciones y desacralizaciones. Son episodios de mi experiencia que se mezclan con la ficción.

-¿Qué es para usted viajar?

-Mis primeros viajes fueron mentales. Con Julio Verne conocí lugares inimaginables, y también la literatura que me daba a leer mi abuela (como Tolstói, Dickens, Balzac y Stevenson) me hacía viajar por zonas recónditas del mundo. Luego, a los 13 años, salí de la enfermedad tropical, pero no de mi afición a la lectura. Poco después empezaron los viajes “de verdad”, los que duraron casi 30 años fuera del país. La primera vez estuve en Italia, donde fui a buscar mis raíces.

-A pesar de lo paradójico de la pregunta, ¿qué le ha permitido hacer su mala salud?

-La enfermedad ha marcado caminos que he seguido, todos satisfactorios a la distancia. Ahora tengo un problema serio de salud, pero no me impide hacer mis actividades. Al contrario, sigo viajando mucho. Acabo de regresar de un viaje a Tijuana, donde presentaron Una autobiografía soterrada y me preparo para volar a China, porque en ese país se abrirá un centro cultural con mi nombre.

-¿Cree que el fenómeno que se ha dado con la obra de Roberto Bolaño perdurará?

-En un par de ocasiones que he estado en Chile he tenido la fuerte impresión de que a ustedes no les atraía mucho la obra de Bolaño. En una cena escuché a dos mujeres, una de ellas escritora, que se refirió con gran desprecio a sus novelas. Me parece que Bolaño es un gran escritor, como lo ha demostrado la recepción que ha tenido fuera de su país. Me gustan muchos de sus libros -como Los detectives salvajes y Entre paréntesis-, porque Bolaño tenía la posibilidad de hacer grandes cosas como narrador y también como ensayista.

-¿Qué temas le interesan por estos días?

-Las enanas.


* Publicado originalmente en La Tercera el 19 de Junio de 2011.

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