Culto
Laurent Cantet, cineasta francés: “En Francia es fácil que el extremismo convenza a jóvenes sin un futuro claro”

Laurent Cantet, cineasta francés: “En Francia es fácil que el extremismo convenza a jóvenes sin un futuro claro”

El ganador del Festival de Cannes estará mañana en Chile para presentar su nueva película L’Atelier, parte del Festival de Cine Francés que va del 6 al 11 de abril en Santiago y Viña del Mar. El filme del realizador de Entre los muros describe la radicalización de un solitario muchacho con tendencias

Antoine cultiva su cuerpo y escoge sus palabras. Todos los días hace flexiones en su pieza y cuando habla trata de decir con pocas frases lo que siente. Para desgracia de sus compañeros de un taller literario de una ciudad provincial de Francia, Antoine no tiene demasiadas cosas buenas cosas que pronunciar sobre ellos. No le caen bien los árabes, desprecia a los negros, irrita a medio mundo y hasta cuestiona las condiciones literarias de la profesora, una escritora de cierto prestigio. Se trata de un tipo difícilmente soportable, pero es mejor que Antoine canalice su intolerancia en un cuento que a través de alguna de las organizaciones políticas de extrema derecha que consulta todos los días en su facebook.

Ese es el credo al menos de Olivia Dejazet, la asertiva profesora del taller. Cree que Antoine no es un caso perdido y estima que la literatura podría salvarlo de convertirse en un neonazi fatal. Olivia y Antoine son los dos centros morales de L’atelier (2017), la nueva película del realizador francés Laurent Cantet, ganador del Festival de Cannes 2008 con Entre los muros, otra historia de jóvenes, pero en ese caso en las escuelas públicas de la periferia parisina. L’atelier (traducible como El taller) es la película inaugural del Festival de Cine Francés, que se extiende desde mañana al miércoles 11 de abril en el los Cinemark Alto Las Condes y Marina Arauco.

El propio Cantet estará mañana a las 20 horas en la avant premiere del filme en el Cinemark Alto Las Condes para participar de un conversatorio. La película tendrá dos funciones más entre el viernes y el sábado, de la misma manera que el resto de las 12 seleccionadas. Entre ellos están Visages villages de Agnès Varda, Basada en hechos reales de Roman Polanski, Amantes por un día de Philippe Garrel o Mal genio, de Michel Hazanavicius. Todas del año pasado y varias de ellas con presencia en festivales (más información en cinemark.cl).

Al teléfono desde París, Cantet se explaya sobre L’atelier, que el año pasado recibió muy buenas críticas en su estreno en el Festival de Cannes.


– ¿Como nació L’atelier?

– Todo ocurrió hace 20 años atrás. Tenía la idea de hacer una película sobre las jóvenes generaciones y su relación con la cultura de clase trabajadora de la ciudad de La Ciotat, ubicada cerca de Marsella, en el Mediterráneo. En ese contexto aparecerían los personajes de un taller literario. En ese momento, por diversas razones, no pude escribir el guión y olvidé por un tiempo la idea. Pasaron los años y poco después de los ataques a Charlie Hebdo (en el 2015) me llamó mucho la atención como mis hijos se tomaban la situación. Estaban algo desesperados por los niveles de violencia en el país, acorralados. Me pregunté cómo se siente tener 20 en la Francia de hoy. En ese momento volví otra vez a la idea de L’atelier, pero con las preguntas de nuestra época. Por supuesto que en La Ciotat ya no existe aquel contexto de clase trabajadora tan evidente hace 20 años. Todo ha cambiado. Los muchachos se relacionan de otra manera con el mundo. Pero el espacio de un taller de literatura, donde siempre hay conversaciones y discusiones, me seguía sirviendo como modelo.

– La política también ha cambiado bastante…

– Sí, particularmente en el sur de Francia, donde cada vez hay más gente atraída por la extrema derecha. Lo que me interesa de eso es la capacidad de seducción de los extremismos de cualquier signo hacia jóvenes que no saben que harán con sus vidas y que no tienen un futuro claro. Para las organizaciones radicales es muy fácil convencer y llevar hacia su lado a esos chicos. Les dicen “ven con nosotros y le daremos un sentido a tu vida”. En esta película tenemos el caso de Antoine (Matthieu Lucci), un joven que es atraído por la extrema derecha. Pero perfectamente podría haber sido alguien reclutado por la Jihad islámica o por grupos radicales de diferente signo político. Lo que quiero decir es que el mecanismo es el mismo.

– El protagonista encuentra diversión en los videojuegos. ¿Eso tiene un especial significado?

– No creo que la película muestre algo así como “el peligro de los videojuegos”. Al inicio hay una secuencia que muestra como un caballero medieval se mueve en un territorio nevado y luego apunta con su arco y flecha hacia el sol. Va jugueteando con su espada y ha piruetas con ellas. Eso más bien representa la violencia al interior del personaje. O, para ser exactos, sus sueños violentos.

– ¿Cree que la violencia de Antoine se canaliza en sus escritos?

– No estoy seguro. En realidad no es importante para mí que tipo de historias está escribiendo Antoine. Lo que me interesa destacar es que él en principio se resiste a escribir y luego es capaz de cambiar su vida en la medida que encuentra las palabras exactas para sus narraciones. Esto es realmente valioso. Me refiero a que un taller (sea de literatura u otra cosa) es un lugar de discusión y de confrontación de ideas, un territorio que les sirve a los muchachos para poder expresar sus pensamientos y encontrar su lugar en el mundo.

– En varias de sus películas, entre ellas Entre los muros , los jóvenes tienen un lugar central, ¿Por qué?

– Porque nadie escucha a los jóvenes. Los adultos tendemos a juzgarlos, a encontrarlos estúpidos o a calificarlos de acuerdo a sus preferencias culturales, si es que leen o no leen, etcétera. Creo que esa postura es muy peligrosa.

– ¿Pero coincide en que los jóvenes están menos ideologizados?

– Lo que sucede es que es difícil proyectarse y soñar cuando todo está bloqueado, cuando no tienes un futuro a la vista y apenas vives el día a día. Muchos de los chicos a los que entrevisté para esta película tenían ocupaciones temporales, trabajaban vendiendo helados en el verano, cosas así, sin saber que va a pasar mañana. En esas condiciones es difícil además pedirles que se proyecten.

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