Culto
La leve vida de Taller Dejao y las intensas primeras tocatas de Gepe

La leve vida de Taller Dejao y las intensas primeras tocatas de Gepe

El dúo formado por Gepe y Javier Cruz llamó la atención por su aproximación al folclor tocado con la mitad de una banda de rock: solo bajo, batería y voz. “Llenaban el ambiente como una orquesta de cinco”, dice el hombre que los llevó a grabar su único disco.

Fiesta maestra

Ocurrió en una tocata, cuando Gepe todavía no era Gepe sino un baterista que cantaba dulces melodías desde el sillín, sin dejar de atacar su instrumento con compases de tonada o cueca, mientras su compañero Javier Cruz tocaba un macizo bajo eléctrico con si tratara de rasguear una guitarra con intensidad.


En febrero de 2004, Rodrigo “Katafú” Rozas, el guitarrista del grupo Familea Miranda y director del sello Miranada Discos, los vio en una casa del barrio Brasil de Santiago y les propuso grabar un álbum de canciones.

“Me los encontré por casualidad en una fiesta. Recuerdo que Carlos Reinoso de Mostro y Walter Roblero de Congelador que estaban presentes ya los conocían de la órbita de Javiera Mena: dos personas tocando en una habitación con sonido directo de los instrumentos y llenando el ambiente como una orquesta de cinco miembros”, explica a Culto desde Barcelona el músico conocido como Katafú.

El guitarrista de Familea Miranda recuerda que lo impresionó “el formato tan melódico y folclórico y con una urgencia casi punk —sin serlo para nada—, la forma en que Daniel tocaba la batería a lo Keith Moon de The Who, rápido, técnico y preciso y pareciendo que no le costaba nada, algo muy natural”.

“Su voz, que entonces me sonó bastante a Silvio Rodríguez y el bajo de Javier, un bajo de 5 o 6 cuerdas que rasgaba cual charango me conquistaron. El paquete completo era muy tentador”, asegura el hombre de Miranada Discos.

Luego sigue: “Había carisma en el dúo, algo difícil de describir, sentí que esa música tenía que escucharse y curiosamente creo que ni se habían planteado grabar un disco todavía, entonces alguien tenía que dar el primer paso y proponérselos”.


Caminito

Para julio de ese año, Daniel Riveros y Javier Cruz se encerraron a registrar trece temas en un solo día.

La grabación se hizo en una sitio llamado Koala producciones en calle Salvador, que era al mismo tiempo la sala de ensayo de Familea Miranda y otras bandas, y estuvo a cargo de Pablo Soto.

“No recuerdo haber estado presente en la sesión pero creo que grabaron 11 canciones en una tarde y en primeras tomas. Algo increíble para los estándares modernos”, recuerda Katafú.


El resultado se tituló El brillo que tiene es lo humano que le queda (2004) y permitió al dúo de amigos estirar las posibilidades de su aproximación al folclor, pero tocado con la mitad de una banda de rock. Es decir: solo bajo, batería y voz.

Desde allí construyeron canciones inspiradas por trotes nortinos y melodiosas tonadas, influenciados —según contaban en sus entrevistas— por Violeta Parra, Los Jaivas y Tobías Alcayota:


Ambos eran compañeros de curso desde la educación básica en el Liceo Miguel León Prado de San Miguel, la comuna de Santiago que vio nacer a Los Prisioneros y Aguaturbia.

“Fuimos al mismo colegio, nuestras mamás son amigas”, contó el bajista Javier Cruz al sitio Super45, que los reseñó a comienzos de 2005, cuando apenas llamaban la atención.

“El Javier vive a una cuadra de mi casa y ensayamos en la mía. Entonces vivimos absolutamente en la misma realidad y es como ir a un almuerzo familiar”, decía Riveros.


En el documental Al unísono (2007, Rosario González y Pablo Muñoz), intentando una definición para el dúo, Javier Cruz dice que “uno empieza sorprendiéndose por el formato y después ojalá se sorprendan por la música”.

Gepe lo interrumpe y habla rotundo: “A Javier le gusta el rock y a mí no. A mí me gustan las cosas más pop, folclor y esas cuestiones. Entonces es la mezcla de eso. Cada uno deja de lado lo suyo y hacemos Taller Dejao”.


No quiero querer a nadie

La mezcla eso sí duró poco. Apenas un año después Taller Dejao anunciaba una tocata de despedida en el Cine Arte Alameda.

Katafú enarbola su propia teoría: “Supongo que para Javier la música no era tan prioritaria como para Gepe y creo que fueron motivos de estudios universitarios los que dividieron su camino”.

Según el guitarrista, “se veía venir que Gepe iba a hacer algo pronto. Había mucho talento que seguir entregando en otros formatos”.



“Trabajar en grupo es siempre como una especie de asociación en que tenís que encontrar un montón de soluciones en común y tenís que ceder y aportar cosas”, reflexiona Gepe desde el documental Al unísono.

Allí explica las razones de la disolución que ubicó a su carrera solista como nuevo norte: “Como que de repente me dieron ganas de no ceder tanto y hacer lo que yo quería. Y resultó que se me hizo fácil y cómodo tocar la guitarra”.

“Le tengo muchísimo cariño a Taller Dejao”, dice hoy Gepe en entrevista con Culto. “Creo que había una profunda libertad cuando tocábamos en ese grupo. Como una soltura mental y una sensación de que no había nada que perder muy profundas”, reflexiona el cantante.

“El mejor cariño le tengo a los cuatro años que duró ese grupo. Probablemente, en una de esas, nos juntamos. Yo no tendría ningún problema. Ahora, el Javier hizo una familia y se fue a vivir a Brasil, entonces se pone más complejo el asunto. Pero si pasa una temporada larga por acá seguro que resulta”.

Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars