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Hablar de ti: Gepe en breve

Hablar de ti: Gepe en breve

Doce años separan a Ciencia exacta de Gepinto, dos de los seis discos que ha editado el hombre de “Un día ayer” y que lo han consolidado como un señero autor de su generación. Lo siguiente es un repaso abreviado por su biografía.

Silencioso y sufrido

La historia comienza con el ritmo de una tonada en metalófono de juguete para “La enfermedad de los ojos”, la pista que abre Gepinto (2005), el primer destello masivo de Daniel Riveros:


“La música de Gepe es folclor con pop”, decían los registros de Jacobino Discos, donde había publicado un breve disco que incluyó una pequeña hoja de rutas:

“La canción es como una casa. Se construye pero se puede remodelar, y esto siempre a partir de sus cimientos ya establecidos. Voy a elevar el techo, voy a construir un subterráneo, no importa, pues la casa sigue siendo la misma, ubicada en la misma calle y barrio”.

Eran los días de MySpace, de cuando Gepe ocupaba el sillín de baterista en la banda de Javiera Mena o cantaba con las baquetas en las manos al frente de Taller Dejao, al tiempo que estudiaba diseño gráfico en Lo Contador y seguía el programa Folclor sin fronteras.

Días en que respondía entrevistas donde contaba cosas como que su escuela musical era la música que escuchaba: el ruido de Swans, el post-rock de Jim O’Rourke y la melancolía de Low, hasta las folcloristas chilenas Gabriela Pizarro y Margot Loyola.



“El 2000 empecé a escuchar a Víctor Jara, a la Violeta Parra, después a Osvaldo Jaque, a Las Hermanas Castillo, a las Hermanas de Lo Barnechea, a la Margot Loyola, a la Gabriela Pizarro”, contó en una de esas entrevistas seminales.

Allí daba luces sobre su particular manera de encarar las canciones: “Ponía la canción ‘Angelita Huenumán’, de Víctor Jara, y justo había estado escuchando Low o Yo la tengo y de alguna manera se conectaban. Fue una cosa progresiva, del folk pasé a eso”.

Así fue cómo escribió Gepinto, su debut que presentó en sociedad el 4 de noviembre de 2005, en la Sala Master de Providencia, acompañado de acordeones, charangos y teclados tocados por Pablo Flores y Sebastián Sampieri, sus compañeros de Jacobino Discos.

Ese disco incluye el potente sencillo “Namás” —que abre el esencial compilado Panorama neutral (2005) y fue escogida entre las mejores canciones de 2006 por Rolling Stone Argentina— y temas sensibles como “Nunca mucho” o “Los barcos”:


“A mí me gusta explorar la tonada, que está relacionada a una sensibilidad mucho más silenciosa, más sufrida. Comulgo más con la Violeta Parra”, decía entonces, en una época de locales que pagaban con cervezas, de cargar instrumentos y adaptarse a escenarios que lo invitaban a tocar sin banda de acompañamiento.

De cuando giraba —a veces— en compañía de Pedropiedra, Javiera Mena y Fernando Milagros, y se apoyaban unos a otros porque viajaban sin sus músicos.



Dulce nombre el tuyo

Fue Gepinto el disco que lo llevó a tocar en festivales como Mutek y EIMA, donde conoció al productor Vicente Sanfuentes, con quien grabó su siguiente trabajo, uno que mantiene el balance entre el sonido acústico y la electrónica, pero se inclina hacia las bases programadas, los teclados y los bajos tocados por Pedropiedra.

Ese disco se llamó Hungría (2007) y lo puso en guardia para el siguiente paso, tal vez el más calculado: el del salto a la masividad.


En paralelo, Daniel Riveros figuraba en los registros de la Universidad Católica con una tesis para ser diseñador gráfico: una sobre cómo ocupar los sonidos como herramientas de diseño.

Eran los días en que explicaba por todas partes su particular nombre artístico, “Gepe”, uno que tomó prestado de una caja roja de diapositivas belgas, una frase que repitió hasta el hartazgo y más.


“El pop no es arte, es como una mezcla entre diseño y publicidad”

Así como Álvaro Henríquez tomó la guía telefónica para escribir un tema como “Restorán” y grabarlo junto a Los Tres, a la altura de Audiovisión (2010) —su siguiente trabajo—, Gepe usó el Antiguo Testamento y escribió algunas canciones con frases que encontró en la Biblia.

En “Victoria Roma”, por ejemplo, canta: “Si te volvieras, vuélvete a mí”, como reza el libro de Jeremías (4:1).


De la mano de sencillos como “Por la ventana” y “Alfabeto”, Audiovisión fue una especie de ensayo y error para lo que vendría más adelante. Un disco que dio paso a la experimentación incluso de nuevos instrumentos, según contó el productor Cristián Heyne: “Grabamos todas las percusiones con una botella vacía de Glasex Multiuso con arroz. Gepe le puso glasso a este instrumento nuevo”.


En 2007, había protagonizado un documental junto a Javiera Mena (Al unísono, de Rosario González y Pablo Muñoz) y era signado como el señero representante de una generación desprejuiciada, una que usó Internet como plataforma para extender el alcance de sus canciones.

Por entonces, la música de Gepe llegaba hasta las páginas de la española Rockdelux y en México era etiquetado como un autor de “folk andino”:


“Existe un afán porque más gente lo escuche”, contó Gepe a propósito de su siguiente álbum, el más masivo de su discografía: “Siempre hay un disco que es el que cacha la gente, siento que eso pasa con GP” (2012).

De la mano del productor Cristián Heyne, el hombre de “Un día ayer” consolidó su declarada apertura a audiencias mayores en Chile, la que inició con Audiovisión pero afianzó a la altura de GP —su cuarto disco de estudio—, de la mano de éxitos como “En la naturaleza (4-3-2-1-0)” y el reggae distendido de “Fruta y té”, su canción más reproducida en Spotify:


Fue en esa época que dijo una de sus frases más recordadas: “La música pop no es arte, es como una mezcla entre diseño y publicidad”, una pista clave para entender la tecla que ha seguido pulsando desde entonces.

Así encaró a su sucesor, el disco Estilo libre (2015), poniendo en manifiesto su distancia con los escenarios: “Me dan lo mismo, puedo tocar en Loreto o en Coachella. La satisfacción para mí está en hacer canciones, porque ahí es cuando libero energía. No soy tan fanático de tocar”.

A esas alturas, Gepe ya había triunfado en Viña del Mar, pero también en Lollapalooza, SXSW y el Vive Latino mexicano, entre varios otros.


Tanto Estilo libre como GP comienzan con una fanfarria de bronces y redobles, guiñando a las diabladas nortinas, anidando cierta fragilidad en la voz. Así dio pie a otros estilos e invitados, como la peruana Wendy Sulca (en el corte “Hambre”) o la mexicana Carla Morrison (en “Bailar bien, bailar mal”).


“Aunque su entonación sugiere melancolía, Gepe ha encontrado en un maridaje de ritmos nortinos y bases electrónicas, la mezcla perfecta para invitar al baile con un dejo de lamento, una de las rúbricas de los sonidos del altiplano”, sentenció el crítico musical Marcelo Contreras, desde una reseña del lanzamiento de Estilo libre.


Libre

Tras casi dos años de receso, en mayo del año pasado Gepe anunció el lanzamiento de su sexto disco de estudio, uno llamado Ciencia exacta (2017), que incluye nueve canciones y una versión personal para “Las flores”, ese clásico de los mexicanos Café Tacvba, tal vez el país que más ha hecho eco de su música.

De hecho, luego de Santiago, Ciudad de México es la segunda ciudad donde más se escuchan las canciones de Gepe en la plataforma de Spotify, seguida por Lima, Concepción y Buenos Aires.

“Me gusta más su cabeza que su música”, dijo Gepe de los mexicanos, “la manera en la que han afrontado su carrera, esa forma de jugar con el pop y al mismo tiempo con la vanguardia y lo contemporáneo”, argumentó.


En Ciencia exacta, Gepe lleva sus canciones a un plano mucho más austero y despojado, una economía que contrasta con GP y Estilo libre, y que parece guiñar a sus comienzos desde un enfoque de matriz pop y raíz folclórica. Un círculo que podremos ver girar el próximo 8 de abril, cuando celebre su cita más masiva en el Movistar Arena, donde prometió mostrar canciones de todos sus discos.


Consultado por Culto, el productor Cristián Heyne dice que “en Chile hemos aprendido a hacer los discos de música pop de una forma bastante particular, que ha sido bien recibida en los circuitos de otros países. Durante los últimos años he producido varios proyectos para artistas de Perú, Ecuador o Argentina. Me gusta pensar que parte de lo que estos músicos buscan es ese sonido pop que empezamos a construir aquí hace muchos años”.

-¿Qué opinión te merece el cambio en el sonido de Gepe, desde sus primeros discos a esta parte?

-Totalmente fiel a sus necesidades de cada momento. Por eso ha sido, dentro de todo, fácil y agradable trabajar en esos discos.

-¿Qué es para ti lo más llamativo de trabajar con Gepe?

-Lo libre que es.

Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars