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Culto
Pablo Milanés: “En la Cuba revolucionaria hubo campos de concentración”

Pablo Milanés: “En la Cuba revolucionaria hubo campos de concentración”

Pablo Milanés (75) se presentará en tres fechas distribuidas entre Santiago, Valparaíso y Temuco.

La próxima escala de Pablo Milanés (75) en el país no sólo será una tanda de tres fechas distribuidas entre Santiago, Valparaíso y Temuco. Para el cantautor, también será un reto, un barómetro de su resistencia. Tras someterse a un trasplante de riñón en 2014 -donado por su esposa, la historiadora Nancy Pérez-, el cubano debió acatar una estricta disciplina en sus hábitos cotidianos, con el fin de mejorar su condición física para poder trasladarse sin problemas hasta rincones tan remotos como Chile.

“Hoy estoy bajo mucho cuidado. Me cuido en muchos aspectos y por eso puedo moverme a Chile, que es un viaje largo, supuestamente incómodo, por las carreteras, las ciudades que tengo que ir. Pero todo eso me llena de vida y me siento muy bien”, dice el artista, al teléfono con Culto desde su país, para después enumerar los otros sitios intrincados donde ha cantado en las últimas temporadas: las montañas ecuatorianas y un pueblo en Colombia situado a tres mil metros de altura.

“Yo no me canso. Entre los hábitos que cambié está la alimentación y la bebida. No fumo, nunca lo he hecho, fumé un poco en la juventud. Pero mis problemas eran la alimentación y la bebida, lo que he regulado bastante hasta el punto en que me siento bastante bien. Además, todo esto conlleva una responsabilidad, porque el riñón me lo ha dado mi esposa, entonces en consideración a ella y a mis hijos, debo portarme mejor, así entre comillas (se ríe)”.


– ¿Nunca vio el retiro o una pausa prolongada como algo posible?

– No, nunca lo he contemplado. Cuando era más joven, cuando tenía treinta y pico de años, dije: ‘cuando llegue a los 50 me voy a retirar’. Hoy tengo 75 y no pienso en lo absoluto en retirarme. Yo no concibo la jubilación. No sé qué soledad, qué tristeza, qué repercusión puede tener en el espíritu humano la jubilación, pero realmente yo no la concibo.

Y está claro que Milanés no concibe la existencia sin trabajar. Su adultez artística se sintetiza en un bellísimo y evocativo disco (Renacimiento, de 2013), donde viaja hasta las raíces de la tradición cubana, al son, la conga y el guaguancó; un proyecto de piano y voz (“Flores del futuro”) que lo une bajo pinceladas jazzísticas a uno de sus instrumentistas, Miguel Núñez; un álbum en inglés de standards norteamericanos; otro de salsa, travesía inédita en su discografía; y un trabajo a dúo con Haydée, su hija, materializado en Amor, donde reviven las mejores composiciones del cantautor. “Tengo la duda de que la gente piense que le estoy inculcando a Haydée que cante canciones mías. Y ha sido una resolución absolutamente de ella, una iniciativa que no he podido frenar”.

– ¿No le gustan los homenajes?

– No, no soy muy dado a los homenajes. Por todo lo que trae detrás, la organización, la colaboración en esto y en lo otro, y soy un poco vago para eso. Al contrario de para trabajar, que soy muy trabajador, para ese tipo de cosas soy muy vago. Realmente los rehúyo.

– Pero usted recibió el homenaje más grande para un artista hispanohablante: el Grammy Latino a la Excelencia en 2015, en Las Vegas.

– Fue una lucha tener que ir ahí. Yo no quería ir, soy consecuente con lo que te estoy diciendo. Sin embargo, hubo dos cosas que me convencieron: la amabilidad de los organizadores, aunque yo no esté de acuerdo con esos festivales. Y luego, los compañeros artistas que iban conmigo a ese premio no merecían que yo lo rechazara, porque de alguna manera los estaba rechazando a ellos también.

– Su hija está preparando una segunda parte de Amor con artistas como Julieta Venegas, Lila Downs y Fito Páez. ¿Le gusta la música actual? ¿Ha escuchado reggaetón?

– No, no me gusta. No sólo por el ritmo, que es muy aburrido; es como una letanía. Esa es la palabra exacta que puedo encontrar. Una letanía que no cambia. Desde lo musical y popular, las canciones deben ser más variadas, debe variar el ritmo, la melodía. Los textos deben ser delicados. No puedes ser grosero al cantar, pensando que las canciones educan, forman un gusto en el sentido popular. El reggaetón carece de todo eso: de gusto, de melodía y de canto también, es una letanía que es insoportable. Las compañías lo han explotado, han formado un público en el mal gusto, una juventud que está cuestionada en estos momentos por mucha gente que sabe lo que es buena música. Y es una lástima que esté pasando eso en el mundo, por el reggaetón y las compañías transnacionales que lo están respaldando en el mundo entero.

– Su álbum Renacimiento tiene un tono nostálgico. En “Canto a La Habana” dice que hoy la ciudad está “mustia y marchita”. En “Dulces recuerdos” parece añorar a la antigua izquierda.

– En “Dulces recuerdos” hablo del Partido Comunista en España como una metáfora a lo que pueden ser los partidos comunistas del mundo. Esa canción tiene el recuerdo y la tristeza de lo que fue y ya no es. Las nostalgias pueden ser tristes y alegres.

– Pero en la memoria del músico también hay espacio para la penumbra. Entre 1965 y 1967, debió interrumpir su ascendente carrera artística para ingresar a las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), un campo de concentración donde fue sometido a trabajos forzados y a un rígido adoctrinamiento de parte del régimen de Fidel Castro. Logró escaparse y huir hacia La Habana, pero fue encarcelado por desacato.

– “Siempre lo recuerdo, pero nadie lo refleja nunca. Hago muchas entrevistas en Cuba y cuando hablo de la UMAP es como si hablara del diablo, porque es una pena que se lleva dentro, no han podido corregirla ni pedir perdón tampoco por lo que hicieron. Y fue condenar a miles de muchachos jóvenes a campos de concentración simplemente porque pensaban libremente, ni siquiera porque pensaban lo contrario, sino porque eran librepensadores y tenían opiniones. Y no hablemos más de eso, porque fue un asunto muy muy oscuro de la historia de la Cuba revolucionaria: hubo campos de concentración. Fueron 50 mil jóvenes los que estuvieron en los campos de concentración, y entre ellos yo también”.

– ¿Y por qué después siguió creyendo en la Revolución?

– Porque yo soy revolucionario. Ellos no, yo sí.

– ¿Espera un perdón del gobierno cubano?

– No. He dicho que pidan perdón, pero no lo han hecho.

– ¿Cómo vivió la muerte de Fidel Castro?

– Creo que todo el mundo sintió la muerte de Fidel y yo también la sentí. Y no quiero hablar más de política.

– ¿Y fue a ver a los Rolling Stones en Cuba?

– No fui a verlos porque mi salud no me permite transitar por un estadio de medio millón de personas y estar parado, pero mi esposa y mis hijos si fueron y me parece que fue maravilloso. Me contaron después. Y yo lo vi por la tele. Ellos son unos de los grandes grupos que se han impuesto en el mundo con calidad, con calidad y con calidad. Son extraordinarios.

Sobre el autor:

Claudio Vergara |
Editor de Espectáculos de La Tercera y periodista especializado en música popular.