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Las bellas extranjeras: el humor de Cărtărescu

Las bellas extranjeras: el humor de Cărtărescu

Amargo, negro y brutal: así es el tono del mayor narrador rumano de la actualidad en los relatos que conforman Las bellas extranjeras.

Considerado por la crítica literaria como el mayor narrador rumano de hoy en día, Mircea Cărtărescu es autor, entre otros títulos, del elogioso volumen de cuentos Nostalgia (Impedimenta, 2010) y la novela Lulu (Impedimenta, 2011).

Hace un tiempo, el escritor Edmundo Paz Soldán propuso una tesis sobre el rumano en el volumen Segundas oportunidades (Ediciones UDP, 2015), un libro donde el autor boliviano abre las puertas y ventanas de esa vieja iglesia conformada por las lecturas canónicas, para contagiarnos de curiosidad por autores lejanos y a veces desconocidos como el centroeuropeo.

Allí apunta que, en la obra de Cărtărescu, “la infancia se convierte en un espacio mítico, en un lugar del sueño, del juego, de la libertad”.

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“Crecer es, en cierta forma, morir”, sintetiza Paz Soldán.

Para el mismo Cărtărescu, “el sueño no es una huida de la realidad, es una parte de la realidad trenzada de forma inseparable con todo lo demás”.

Lo cierto es que en la literatura de Cărtărescu tanto el sueño, como la ficción y la literatura, son los verdaderos materiales de la realidad.

Ahí están los tres relatos que componen Las bellas extranjeras (Impedimenta, 2013), donde el narrador despliega un yo “que se contempla con humor y autoironía”, como apunta la traductora Marian Ochoa de Eribe en el prólogo.

Ya lo dijo el propio narrador en una entrevista: su aspiración es acercarse a los hechos con la distancia de una cámara, evitando los excesos formales.

Así, en Las bellas extranjeras, la apuesta es la búsqueda de la desnudez. Y por qué no, de la risa.

Las tres historias que componen este libro “nacen de situaciones y personajes reales”, advierte el autor e inmediatamente anuncia que los hechos —la llegada de un paquete sospechoso en plena paranoia post-11-S y delirantes viajes de escritores en distintas épocas— han sido maquillados para derivar sutilmente “hacia lo cómico, lo burlesco y lo grotesco”.

“Lo he hecho no por crueldad o por venganza, sino por mi deseo de reír y de oír a la gente reír, con una risa sana y relajada”, escribe Cărtărescu.

“Cada vez nos reímos menos —añade el hombre de Solenoide (Impedimenta, 2017), tal vez la piedra angular de toda su narrativa, escogido en casi todos los rankings en español de 2017 como libro del año—, despreciamos cada vez más la risa tanto en la vida como en el arte aunque, al fin y al cabo, si podemos definirnos como algo es como animales que tienen la capacidad de reír”.

Las bellas extranjeras está compuesto de tres relatos pensados como reportajes que tienen al autor como protagonista. Abandona aquí Cărtărescu su característica prosa onírica para contar de manera realista tres momentos de su vida como escritor.

El mejor de los relatos es el que lleva el mismo título que el libro. Allí, el autor recrea el viaje que realizó junto a un grupo de escritores rumanos para participar durante dos semanas en una serie de jornadas literarias en Francia.

Con un tono desenfadado, Cărtărescu analiza su país y las constantes luchas internas entre los escritores.

La experiencia se vuelve realista y kafkiana, al tiempo que el rumano se remonta al pasado para explicar algunos asuntos de su vida y la relación que mantiene con el resto de los invitados.

Cărtărescu es un autor que ha incursionado en todos los géneros: comenzó como poeta, pero también ha publicado en diarios. Aunque en sus libros se sugiere que, al menos como cuentista, el rumano está al nivel de Kafka, Borges o Cortázar; lo cierto es que Las bellas extranjeras (disponible en la tienda de Liberalia Ediciones) sí vale la pena.


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