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Culto
Red Hot Chili Peppers desató la locura en Lollapalooza

Red Hot Chili Peppers desató la locura en Lollapalooza

Los californianos fueron los encargados del fin de fiesta de la segunda noche del festival. A través de un repaso que incluyó los puntos más altos de su carrera, sacudieron a los más de cien mil presentes y demostraron su plena vigencia.

Fue, por amplio margen, el show más esperado de la velada. Desde muy temprano, el Parque O’Higgins albergó a público de todas las edades, unidos a través de un mismo código: el asterisco de ocho puntas localizado en un sinfín de poleras, cintillos y jockeys. Símbolo de una de las escasas bandas capaces de nuclear a tantas generaciones: veinteañeros y veteranos que, por igual, se apropiaron de una carrera casi perfecta; de sus orígenes, hace ya 35 años, pariendo un funk frenético, y también de los éxitos conseguidos en su posterior etapa contemporánea.

Prime time. El reloj marcaba aproximadamente las 21.55, un ligero atraso, cuando Flea, Chad Smith y Josh Klinghoffer saltaron a escena para darle comienzo al final de la segunda jornada del festival. Una intro instrumental, clásica a esta altura, que dejó al descubierto la calidad en la ejecución de los californianos y que, además, sirvió para calentar motores.

Segundos más tarde, con la aparición de Anthony Kiedis en el centro, el show comenzó oficialmente: “Can’t stop”, “Dani California” y “Scar tissue” golpearon de entrada.

Después de eso, la presentación descansó en los hits de Stadium Arcadium, en los de The Getaway y en una serie de nuevas improvisaciones, recurso que utilizarán prácticamente como introducción de cada tema. Le siguen el incombustible “Californication”, el legendario slap de Flea, e ilustres como “Suck my kiss” y “By the way” para alcanzar el clímax.

Flea, seguramente el bajista más carismático del rock, es el encargado de interactuar constantemente con el público. Con un atuendo atrevido y un peinado que recuerda la piel de un leopardo, actúa como buque insignia del conjunto: baila y parece prender fuego a su bajo de Los Angeles Lakers con cada golpe.

Josh también tiene su espacio y, sobre el cierre, relaja con un célebre cover de “Lover, you should’ve come over” de Jeff Buckley.

“Goodbye angels” y “Give it away” fueron los encargados de poner punto final a la presentación de una hora y cuarentaicinco minutos y, también, a la maratónica jornada del certamen. Con un setlist imbatible -”Under the bridge” fue quizás la gran ausente-, y en el que se dieron un par de gustitos, el conjunto californiano demostró una vez más su plena vigencia y, además, por qué es considerado emblema de los grandes festivales.

Sobre el autor:

Eduardo Ortega |
Periodista de La Tercera.