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Culto
Mon Laferte: una monarca rebelde elegida por voto popular

Mon Laferte: una monarca rebelde elegida por voto popular

La cantante viñamarina cautivó al público con una propuesta irreverente que combinó sus raíces chilena con su corazón radicado en México.

Siete músicos suben al escenario. El público que invade la explanada del VTR Stage y alrededores, grita eufórico ante el inminentes comienzo del show.

Las pantallas de los costados muestran a Mon Laferte arreglando su larga melena morena y su vestido rojo con vuelos antes de presentarse ante aquella multitud. Con una enorme sonrisa, Mon se deja ver por la audiencia que esperaba bajo el aún abrasante calor de marzo.

La primera canción se anuncia incluso antes que Laferte ponga un pie en el escenario: “Antes de ti”, aquella balada con aires a Juan Gabriel y Cecilia es la encargada de abrir uno de los shows más esperados de Lollapalooza 2018. Tiene sentido considerando lo que la misma artista explicó del sencillo lanzado a comienzos de este año: lo que parece ser una balada romántica es en realidad un himno al amor propio.

Y es que Mon Laferte no necesita un hombre en su vida para sentirse completa. Ha tenido tantas decepciones como estrellas en el cielo, según canta en su sencillo, y después de tantos errores que la acostumbraron al dolor, descubrió que el destinatario de sus versos es su nueva vida, donde es feliz dedicando canciones a su público.


Tu falta de querer

Tras decir un simple “Gracias”, procede a tomar su guitarra para tocar los primeros acordes de “Amor completo”, una dulce tonada que describe la total entrega cuando se está en el éxtasis del amor. “Puedes hacer lo que quieras de mí, Chile”, improvisa Mon, pero quien hará lo quiera aquella tarde, será ella.

Con la cara llena de risa invita al público a hacer palmas. Pero antes de su siguiente canción, dice -sin filtro alguno- que tenían un show “bien bonito con pantallas, pero no me dejaron usarlas”.

El público reacciona con un sonido empático de decepción mientras la cantante continúa su reclamo a la organización del evento: “Por la chucha que tratan mal a los artistas chilenos”.

Hasta uno de sus zapatos rojos lanzó al público. Quizás como parte de aquella protesta, tal vez como regalo a su público cual Enrique Iglesias, solo ella sabe. Cenicienta entregó su zapato con toda intención, no necesita tal accesorio.

Con la promesa de que su siguiente show sí tendrá las visuales que tenía contempladas, continúa su espectáculo como si nada hubiese pasado: “La música es lo que importa”, asegura Mon.


Amarrada a un buen amor

Regresan los recuerdos de aquel amor sufrido que parte el alma al no ser correspondido, pero la viñamarina quiere armar una fiesta con “Si tu me quisieras”, o “Si por la chucha me quisieras”, como diría la versión chilena en sus propias palabras.

Con vocalizaciones al estilo de Freddie Mercury en Wembley, besos fugaces dirigidos a quienes solo querían ver a la chica de rojo, bailes y gestos provocativos mientras juega con su vestido; Mon Laferte es dueña de mucho más que aquel escenario que pisaba con el poder de quien es segura de sí misma.

Incluso se permitió pausar su repertorio para dar una ofrenda 100% chilena: “Ya que estamos en Chile tendremos unos invitados para cantar unas cuequitas”. Y con la ayuda de tres músicos que se unieron a la artista, cantó no una, sino dos cuecas, dejando la tercera para su interpretación por medio del baile nacional. “Vivan los cabros, y viva la música chilena. ¡Más escenarios grandes para la música chilena!”.

“Tu falta de querer” fue una suerte de descanso para ella y el esperado regalo para los presentes. La desgarradora canción de amor no correspondido que causa un dolor tal que la muerte parece ser una mejor opción a la sufrir en vida, fue cantada por las cientos de personas que se agolpaban a ver a la mujer radicada en México. La voces sonaban al unísono permitiéndose desafinar en aquellas complejas notas altas que Mon Laferte y pocos más en el mundo logran alcanzar.

Ella es una ídola, y si dice que se baila, se baila. Si quiere palmas, recibe palmas. Y si quiere dejar la embarrada en el Parque O’Higgins exigiendo que se legalice la marihuana, lo hace al son de “No te fumes mi mariguana”. Tal vez le prohibieron usar ciertos efectos visuales, pero no pudieron privarla de decir lo que quisiera.

Con esa misma rebeldía, envió un mensaje a los xenófobos agradeciendo a México por recibirla y dando la bienvenida a los inmigrantes en Chile. Y qué mejor sello para esas palabras que la canción que popularizó junto al colombiano Juanes: “Amárrame”, una cumbia que dejó a los espectadores aún bailando cuando Mon se despidió diciendo: “Muchas gracias, los quiero mucho, chao”.

Monserrat Bustamente regresó a Chile como una reina, eso sí, ganando ese derecho a través del voto popular. Lo que comenzó a gestarse en la Cumbre del Rock Chileno, se confirmó en el Festival de Viña del Mar, y desde allí, el cariño de su público chileno no la soltó más.

Mon Laferte es aquel buen amor que va y vuelve, que nos hace sufrir con sus canciones, pero por alguna extraña razón no podemos -ni queremos- dejar ir.

Sobre el autor:

Mónica Garrido |
Periodista de La Tercera. En Twitter es @monigarridov