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Culto
Pearl Jam ajusta cuentas con Trump en Lollapalooza: “Queremos un líder en quien podamos confiar”

Pearl Jam ajusta cuentas con Trump en Lollapalooza: “Queremos un líder en quien podamos confiar”

En medio de un show macizo, Eddie Vedder criticó al Presidente estadounidense por la falsa alarma nuclear que recibieron los habitantes de Hawái a comienzos de año. En menos de tres horas, usó una máscara del mandatario y se despidió de Chile con "Yellow ledbetter".

A media semana, Pearl Jam se presentó por tres horas con un récord de público en la esfera del antiguo Arena Santiago, un retorno a la carretera luego de 19 meses sin giras ni grandes escenarios.

Lo del martes había sido un mazazo de treinta canciones, donde los de Seattle tomaron prestados temas de Pink Floyd, The Who, pero sobre todo de Ten (1991), ese insuperable debut que los puso en las antípodas del sueño americano.

Ten, para decirlo en fácil, fue el álbum que los llevó a girar fuera de Seattle y los volvió uno de los grupos de rock grandes, atrayendo a un séquito de fanáticos estilo Grateful Dead, con conciertos maratónicos en la línea de The Who, Bruce Springsteen y U2.



Hola Santiago

Al cierre del primer viernes en que se realiza Lollapalooza Chile, el grupo de Eddie Vedder ocupó la explanada del Parque O’Higgins con 80 mil personas que corearon atentas “Rockin’ in the free world” mientras la noche capitalina se llenaba de pirotecnia y Mike McCready estiraba las posibilidades de su Fender Stratocaster.

Es fácil olvidar cuán grandes eran Pearl Jam a principios de los 90, una década estampada en la polera del potente baterista Matt Cameron. Acá un recordatorio: Ten, el disco del que más echaron mano en su paso por Santiago, vendió más de 12 millones de copias, la moda grunge aparecía en Vogue y la música de la banda dominaba las radios de pop.

Una acosadora con desórdenes mentales fue tal vez el símbolo más visible de la fea experiencia de Vedder con la fama. “Esta mujer chocó la pared de mi casa con su auto a 80 kilómetros por hora, y casi se mata”, contó el cantante a Rolling Stone hace veinte años: “Tenía graves problemas mentales y terminó siguiéndome y pensando que todas las canciones eran sobre ella, y que yo era el padre de sus dos hijos”. Junto a Beth Liebling (con quien se casó en 1994 y se divorció en 2000) pusieron vallas en su casa de Seattle y contrataron seguridad las 24 horas.

El miedo a la acosadora fue narrado en “Lukin”, una canción del disco No code (1996) en donde Vedder dice: “Encuentro a mi mujer, llamo a la policía, el trabajo del día nunca termina/ lo último que supe es que esta freak estaba comprando una puta arma”.

La experiencia contribuyó a su reputación de rockstar enojado y recluido, pero anoche el hombre de “Better man” se mostró completamente distinto al personaje de las revistas de couché.

“Hola, LCD Soundsystem. Hola, Santiago”, dijo Vedder cuando Pearl Jam abrió a las 21:30 horas con “Corduroy”, un tema que aparece en Vitalogy (1994) y que alargaron por diez minutos con una jam que recordó que en la escena de Seattle de los 90, gracias a temas como “Black” —el gran ausente de anoche—, fueron señalados como una banda con un mayor desarrollo de sus canciones.

De camisa leñadora y una polera con la leyenda “battle”, el cantante de 53 años echó mano al humor para intervenir con un español precario antes de “Even flow”: “¿Cómo están, po? ¿Cómo se sienten? Hemos estado una semana en Santiago con buena onda”, dijo Vedder entre risas antes de consignar un dato relevante: “Este es el Lollapalooza con mayor cantidad de gente en la historia”.

La noche se enfriaba rápidamente —Stone Gossard terminó tocando con un polerón con capucha— y a la altura de “Unthought known”, uno de los trece temas que no hicieron en el recital del martes, las pantallas del escenario mostraron el Hammond B3 del experimentado Kenneth Gaspar.

Vedder se mostró atento a la actualidad a la altura de “Daughter”, donde habló de Stephen Hawking y mezcló parte de “Another brick in the wall” con el verso “gunman/ leave the kids alone” para guiñar al tiroteo que dejó 17 muertos en una escuela de Florida.

El líder indiscutido de Pearl Jam tomó el primer sorbo de vino para hacer por segunda vez en vivo la nueva “Can’t deny me” y llenar de potencia la noche con el frenesí de “Lukin” y “Porch”, sin antes enviar un-recado-en-español al Presidente estadounidense.

“Las alarmas sonaron en Hawái y pensaron que una bomba nuclear venía en camino. Fue una locura. ¡Queremos un nuevo líder en quien podamos confiar!”, demandó el cantante.



Vivo

La voz caprina de Vedder volvió a sonar fuerte a la altura de “Last kiss”, tan coreada como “Jeremy” y el primer sencillo de Ten, que fue también el primer tema de Pearl Jam en llamar la atención del público: “Alive”.

En el verano de 1990, cuando escribieron “Alive”, Stone Gossard tenía 24 años y su vida acababa de desmoronarse. Había tocado la guitarra para el grupo de Seattle Mother Love Bone hasta marzo de ese año, cuando su líder Andrew Wood murió de sobredosis semanas antes del supuesto lanzamiento de su debut a través de un sello discográfico importante. Gossard y sus compañeros de banda, incluyendo al bajista Jeff Ament, se encontraron el duelo por un amigo y el golpe de un futuro incierto. Mother Love Bone había conocido el tipo de éxito repentino, con un contrato discográfico después de haber tocado menos de 10 shows. ¿Habría otra posibilidad de ganarse esa lotería dos veces? “No sabía lo que iba a pasar”, contó el guitarrista rítmico de Pearl Jam al crítico musical Brian Hiatt. “Pero sabía que quería hacer más canciones. Sentía que podía hacerlo otra vez”.

Tenía razón. A los pocos meses de la muerte de Wood, Gossard compuso un disco de canciones extraordinarias, o al menos sus esqueletos, a los que les faltaban las melodías vocales y las letras. A la espera de un cantante, animado por la explosión de bandas de Seattle, desde Mudhoney, liderada por Mark Arm, ex colega de Gossard y Ament en Green River, hasta Soundgarden, Gossard escribió sus nuevos riffs y arreglos en la casa de sus padres, junto a un guitarrista con el que había empezar a pasar el tiempo ese año. Mike McCready, un metalero que se había hecho fan de Stevie Ray Vaughan y tenía talento para los solos.

La música que escribían era malhumorada, turbulenta y dramática. Entonces el antiguo baterista de Red Hot Chili Peppers, Jack Irons, les contó a Gossard y Ament —que se había sumado a los guitarristas— de un tipo que vivía en San Diego y se llamaba Eddie Vedder, que hacía poco había impresionado a Irons y sus amigos, Flea entre ellos, con sus payasadas en un campamento. Irons también mencionó que Vedder “cantaba muy bien”.

Vedder recibió la cinta, catalogada como “Stone Gossard Demos”, y la música despertó algo en él. “Grabé mis voces en cuatro o cinco horas”, dijo Vedder en 2009, maravillado con el impacto que tuvo ese casete en su vida. Compuso la mayoría de las letras y las melodías en su cabeza, mientras surfeaba después de un par de noches sin dormir. En esa época, trabajaba como guardia de seguridad en una compañía de petróleo, mientras cantaba en grupos y hacía demos en una grabadora de cuatro canales en su casa: el mismo lugar en el que grabó las voces sobre la cinta del demo de Gossard. “No lo pensé mucho”, agregó. “Y cambió nuestra vida de una manera infinita. Es casi aterrador escucharla. Me dio la mejor vida que pude tener. Fueron las mejores cinco horas que haya tenido”.

La voz, como pudo comprobar el público de Lollapalooza, mantiene casi intacta su singularidad: es baja, resonante y desvergonzadamente apasionada, en contraposición a la década en que apareció, una de cantantes de hard rock que trataban de gritar cada vez más agudo.

Cuando Ten fue remezclado en 2009, con un sonido más duro gracias al trabajo de Brendan O’Brien, Gossard dijo que el disco “desde un punto de vista musical, parece no estar terminado”.

Lo cierto es que ese trabajo seminal de Pearl Jam es el sonido de un grupo preparándose para lo que ya sabían que sería un viaje muy largo. Una travesía que está por cumplir tres décadas y que ha servido como espejo a un grupo que, a pesar de la trascendencia, sigue luchando por exceder ese debut insuperable.

Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars