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La extraña costumbre de Eddie Vedder en los primeros conciertos de Pearl Jam

La extraña costumbre de Eddie Vedder en los primeros conciertos de Pearl Jam

En 1993, Cameron Crowe, el hombre que escribió y dirigió la película Almost famous, se fue de gira con Pearl Jam y escuchó de primera mano los secretos de una banda liderada por un tipo acostumbrado a saltar sobre su público desde vigas de 15 metros.

Las primeras impresiones sobre la figura de Eddie Vedder, cuando el cantante de Pearl Jam llegó hasta Seattle, eran muy distintas a la altura de Vs., el segundo disco de la banda. Cuenta Crowe que sus amigos lo describían como “un surfista desesperadamente tímido, un muchacho con un gran corazón y poca ironía”. De hecho, un amigo lo llamó el “Santo Eddie”.

“Cuando lo conocí era un Eddie genuinamente tranquilo y cariñoso”, recuerda el bajista Jeff Ament en entrevista con Rolling Stone.

En los primeros shows de Pearl Jam, Vedder estaba tan retraído que no levantaba la mirada. “En un momento cambió”, sugiere Ament.



Un primer punto de inflexión se dio sobre el escenario de un club llamado Harpo’s, en Victoria. Era la gira inaugural de Pearl Jam, su primera aparición más allá del círculo protector de sus amigos de Seattle. Pero a este público canadiense le interesaba emborracharse mucho más que otra cosa. Tal vez por eso, en medio el show, Vedder decidió desafiar a la audiencia, para despertarlos.

El hombre de “Jeremy” desatornilló la base de metal de casi seis kilos del micrófono, y se las tiró por la cabeza, como un frisbee letal. El disco de acero chocó contra la pared de atrás del bar.

Eso los despertó.

Entonces Vedder no volvió a ser el mismo.

El guitarrista Stone Gossard le dijo a Crowe que reconoce en Vedder la influencia de Chris Cornell, de Soundgarden, quien le pidió al cantante de Pearl Jam que cantara en su homenaje a Andrew Wood, Temple of the Dog. “Cornell se había transformado de manera muy intensa”, contó Gossard. “Eddie lo veía como una guía en esa época”.



Vedder al poco tiempo desarrolló una nueva costumbre sobre el escenario. Empezó a treparse a las vigas o las alas de los teatros mientras la banda tocaba, y caía sobre las masas del público, muchas veces reverencial.

“Creo que la primera vez que me preocupé en serio fue en Texas”, recuerda el guitarrista Mike McCready. “Eddie se trepó sobre una viga, a más de 15 metros. Nadie sabía dónde estaba. Y de repente miras para arriba —alguien le había apuntado con una linterna— y piensas: ‘¡Qué mierda!’. Está trepado a una viga. Yo pensé: ‘Este tipo está loco, pero es una bomba’”.

“Todo eso casi se vuelve un circo”, agrega Ament. “La gente no lo miraba a los ojos cuando lo hacía. Creo que lo veían como un puto freak. El tipo que era tan tonto como para poner en riesgo su propia vida. Pero si lo mirabas a los ojos, había mucha intensidad en lo que hacía. Creía en sí mismo. Estaba diciendo: ‘Esto, para mí, no es solo rock’”.


“Todo terminó en Dinamarca”, asegura Ament. “Los daneses, creo, jugaban contra Italia en el mundial, así que la ciudad estaba enloquecida. Nirvana tocaba ahí, y también estaban lidiando con su fama. Dimos un recital frente a 70 mil personas. Eddie se metió en el público, como solía hacer, y volvió, y la seguridad no sabía quién era. Empezaron a pegarle. La mitad de la banda se bajó. Fue durante ‘Deep’. Me acuerdo de que paramos, y yo estaba listo para meterme ahí, viendo todo este tumulto… y Eddie y Eric (Johnson, manager de la gira), peleando. Y Mike también, y Dave también”.

La noche anterior en Estocolmo, Suecia, explica Vedder, el grupo había hecho un show más largo de lo habitual. Un grupo de estadounidenses, supuestamente, se había colado en el camarín y, entre otras cosas, se había robado las letras y los diarios de Vedder. Él había planeado regalarlos al final de la gira, como hizo en otra visita por Europa.

Pero el robo le cayó mal; lo sintió como una falta de respeto a su confianza, como un mal presagio. Para Vedder, era una metáfora del éxito cada vez mayor de Pearl Jam. El grupo estaba creciendo de manera salvaje, mucho más allá de los planes pequeños que ellos tenían para su pequeño debut. “Nos hizo sentir que hacer esos shows grandes quizás no era tan importante como creíamos que era”, dijo Ament. “Hicimos las maletas, y nos fuimos al día siguiente”.

Sobre el autor:

Alejandro Jofré |
Editor de Culto. En Twitter es @rebobinars