Culto
La ucronía de Maximiliano Barrientos

La ucronía de Maximiliano Barrientos

En el cuerpo una voz está narrada con un ritmo vertiginoso capaz de incorporar grandes momentos líricos; hay gore, y también imágenes poéticas impactantes como la de dos hermanos durmiendo en un avión estrellado en la selva.

“Detesto las novelas que intentan explicar un país”, dice, enfático, el escritor boliviano Maximiliano Barrientos (1979); “quiero que lean [la mía] como sugirió Nabokov que se debería leer la literatura, como un cuento de hadas: es decir, desde su condición de ficción”. Barrientos se refiere a su última novela, En el cuerpo una voz -publicada en Argentina por Eterna Cadencia, en México por Almadía y en Bolivia por El cuervo-, pero podría estar hablando de toda su obra. Se trata de una declaración de guerra en un continente en que el canon de la novela se ha construido privilegiando la conexión entre la narración y su postura frente al Estado-nación. En el cuerpo una voz está narrada con un ritmo vertiginoso capaz de incorporar grandes momentos líricos; hay gore, y también imágenes poéticas impactantes como la de dos hermanos durmiendo en un avión estrellado en la selva. Barrientos, que se movía cómodamente dentro de registros realistas, expande su repertorio y transita por los espacios de la ficción especulativa sin por ello cambiar mucho el estilo.

Hace una década hubo un movimiento separatista en Santa Cruz; el movimiento, más débil de lo que parecía al principio, fue fácilmente tumbado por el gobierno de Evo Morales. La ucronía de Barrientos se inicia ahí, en la ficción de lo que hubiera ocurrido si la separatista Nación Camba hubiese conseguido sus objetivos. Barrientos es fiel a su poética y no nos da razones que nos permitan entender el movimiento independentista ni tampoco la dinámica de la relación oriente-occidente que sigue tensando al país. En las primeras secciones de En el cuerpo una voz, dos hermanos huyen de los esbirros del General, un líder de brigada que obliga a su gente a cometer actos de canibalismo con sus enemigos. Son los años del Colapso, “cuando acabó la guerra contra el poder centralizado y se desató la otra, mucho más cruenta, entre las brigadas, entre el mermado Partido Federalista antes de que se consolidara como Nación Camba”. La novela, entonces, no se enfoca en el colapso nacional, sino en su vertebramiento regional: importan más las luchas cruentas por el liderazgo regional que narrar el país desde la región.

A pesar de sus diversas mutaciones -la novela de aventuras al principio, el testimonio después, incluso el poema en prosa, y todo ello en el marco de la ficción especulativa-, En el cuerpo una voz es sobre todo una historia clásica de venganza. Años después del Colapso, ya restablecido el orden, el General es capturado y regresado al país; el hermano sobreviviente observa a los captores del General y piensa que ellos “contemplaron un acontecimiento traumático y lo procesaron a través de fantasías de venganza”. Pero él tampoco puede escapar del todo a esa fantasía.

Sin embargo, lo que nos ha enseñado la ficción post-traumática -y lo sabe bien esta novela- es que la venganza no elimina la derrota. Si bien Barrientos no explica el país, su “cuento de hadas” narra la derrota histórica de un Estado-nación incapaz de articular sus partes. Después de la derrota quedan los síntomas del trauma, somatizados: “La voz seguía moviéndose, no se iba. Fluía por mis dedos y por mi pecho, circulaba por mis ojos y mi garganta. Se propagó por los tejidos y los nervios y las arterias, se volvió cuerpo” (de ahí el título). Queda la ficción sobre el trabajo del duelo.

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