Culto
Ai Weiwei: “Chile guarda un gran espacio en mi corazón”

Ai Weiwei: “Chile guarda un gran espacio en mi corazón”

El 27 de abril llega a CorpArtes Inoculación, la muestra más grande del artista en Latinoamérica. En su taller en Berlín, Weiwei conversó con La Tercera sobre la tensa relación con el gobierno de su país y de la amistad de su padre con Pablo Neruda.

Una placa minúscula en la que se lee “AWW Germany” es la única indicación para dar con el portón negro correcto. El taller de Ai Weiwei (Pekín, 1957) ocupa las instalaciones subterráneas de una antigua cervecería en el barrio de Prezlauer Berg, que hasta 1989 formó parte de Berlín oriental. Asociado desde los años 60 a un importante movimiento contracultural, el vecindario es hoy una de las locaciones favoritas de artistas y galerías. Al descender, la primera impresión es la de encontrarse en un búnker, aunque luego el espacio sorprende por su amplitud y buena iluminación. En una de las áreas principales de trabajo, una decena de asistentes prueba ideas para un futuro montaje. Ai Weiwei está en medio de una reunión, pero se da el tiempo para interrumpir y supervisar: “No, eso no funciona”. Sobre los mesones de madera se disponen las carpetas de los diferentes proyectos en los que trabaja con su equipo en forma simultánea, así como jarras de té y canastas de pan.

Turquía, Suiza, Israel y Argentina han sido algunos de los últimos países en recibir el trabajo de Ai Weiwei, quien lleva varios años experimentando con soportes tan diversos como el mármol, la porcelana o el videoclip. Pero las obras sobre las que más le apasiona hablar en estos momentos son aquellas de carácter público, como la reciente Good fences make good neighbors (2017), en la que intervino cinco puntos estratégicos de Nueva York con instalaciones en forma de jaulas, mallas y rejas en una clara cita a la crisis internacional de los refugiados y a la política migratoria de la era Trump. “Es muy importante que los artistas nos involucremos en el ámbito público y pensemos en cómo romper el círculo tradicional del arte y de los museos”, dice al respecto.

Esta última idea se refleja en otra de sus instalaciones que se podrá apreciar en Chile a partir del 27 de abril en el marco de Inoculación: la monumental Forever Bicycles (2015), que se emplazará en la explanada de CorpArtes -organizador de la muestra junto a Moneda Asset Management- y que se compone de 1.254 bicicletas entrelazadas. La obra se exhibió también en la versión bonaerense de la exposición, que luego viajará a Brasil. Si bien Ai Weiwei confiesa que es difícil realizar cambios significativos a una muestra itinerante en cada país, asegura que el capítulo chileno guarda para él un significado personal.

La conexión poética

“Se levanta un hombre con una lupa / busca en el mapa un lugar donde nunca ha estado”. El verso pertenece al poema Cabo de Chile, dedicado a Pablo Neruda por el padre de Ai Weiwei, el poeta Ai Qing (1910-1996). Ai Qing es considerado una de las voces más importantes de la poesía china moderna, además de una figura política: ferviente comunista desde su juventud, luego de la Revolución Cultural de 1949 fue designado delegado oficial del gobierno de Mao Tse-tung, entrando en contacto con el Nobel chileno durante una visita diplomática de este a Beijing, en 1950. La amistad se forjó rápido, y fue sellada con un viaje de Ai Qing a Chile en 1954, con motivo del cumpleaños 50 de Neruda. Esta fue, según Ai Weiwei, “la primera salida al extranjero de mi padre luego del establecimiento de la ‘nueva China’”.

¿Qué significa para Ud. inaugurar esta exposición en Chile, considerando la historia que también lo une al país?

Chile es probablemente el país que mi padre más menciona en sus escritos, y por esa razón guarda un gran espacio en mi corazón. Su relación con Neruda fue breve, pero muy importante para él. Conocer a este poeta del otro extremo del mundo hizo que se sintiera muy cerca de Neruda espiritualmente. Mi padre prácticamente dejó de escribir desde que se unió a la lucha comunista, que fue un movimiento radical, pero a la vez muy burocrático, que destruyó totalmente su inspiración. Este viaje a Chile representó una oportunidad para recuperar sus emociones, y por ello escribió mucho sobre él, incluso preparó un pequeño libro al respecto. Pero antes de poder publicarlo, él fue perseguido y enviado al exilio.

En 1957 -año de nacimiento de Weiwei-, y por razones desconocidas, Ai Qing fue denunciado públicamente por “derechista”, y enviado al año siguiente al exilio junto a su familia, primero a la remota provincia de Heilongjiang (casi en la frontera con Rusia) y luego a la desértica Xinjiang. Los poetas se habían visto por última vez en 1957, cuando Neruda visitó China junto a Matilde Urrutia. Incomunicado, Ai Qing se enteró de la muerte del chileno al finalizar su confinamiento, que duró 20 años.

Durante su primer viaje a Sudamérica, realizado en agosto para ultimar los detalles de Inoculación en nuestro país y en Argentina (ocasión en la que también dictó una charla en CorpArtes), Weiwei comenzó a atar los cabos que lo unen a nuestro país. La experiencia fue extensamente documentada en sus cuentas de Twitter e Instagram (@aiww), las que usa a diario para reforzar la unión entre arte y vida que él ha transformado en una suerte de eslogan.

Cuando visitó Chile, acompañado de su hijo, ¿cuáles fueron sus primeras impresiones?

Mi imagen de Sudamérica siempre estuvo marcada por el deseo íntimo de repetir los pasos de mi padre. La casa de Pablo Neruda, en ese acantilado (Isla Negra), de alguna manera siempre estuvo en mi mente, y por eso decidí traer a mi hijo en este viaje, porque él nunca conoció a su abuelo. Una vez en la casa, reconocí de inmediato una escultura de la cual mi padre había hecho un dibujo en su cuaderno. Me emocioné mucho.

Ai Weiwei conserva también una serie de fotos que muestran a Ai Qing recorriendo las playas chilenas, las que serán incorporadas a la muestra en CorpArtes. “Además exhibiremos su cuaderno de viajes, y algunos de sus versos estarán en los muros. Habrá una conexión chilena, eso es seguro”, afirma el artista.

Junto a estas piezas de archivo, Inoculación presentará obras emblemáticas del artista, como Sunflower Seeds (2010), compuesta de 100 millones de semillas de porcelana, hechas y pintadas a mano por alfareros de la ciudad de Jingdezhen, con las que llenó el hall de Turbinas de la Tate Modern de Londres; o Grapes (2014), conformada por 40 pisos de madera que datan de la dinastía Qing (1644-1911). Esta última es otro homenaje a la China rural y al trabajo artesanal: luego de 1949, la producción de estos pisos que solían heredarse de una generación a otra cesó, y la población debió buscar alternativas hechas de plástico o metal.

Curada por el brasileño Marcello Dantas, Inoculación (cuya etimología en latín es “en tus ojos”) ofrecerá un recorrido representativo por todas sus etapas creativas. Serán más de 30 piezas entre esculturas, instalaciones, fotografías y videos, seleccionadas en gran parte por su componente político y social.

“En China existo y no existo”

En su estudio, el artista combina su quehacer con las clases que dicta a un selecto grupo de estudiantes de la Universidad de las Artes de Berlín, de la que es profesor invitado. Uno de los temas recurrentes del trabajo con los jóvenes es la crisis mundial de los refugiados, que inspiró su documental Human Flow, estrenado en Cannes 2017. Weiwei tiene claro su nuevo rol en la sociedad alemana, donde el tema migratorio está al tope de la agenda: “A la fecha he dado más de 400 entrevistas sobre la crisis de los refugiados. Soy probablemente la persona más entrevistada sobre este problema, que es global”.

Es parte de su rutina diaria en esta ciudad, que transformó en su centro de operaciones desde 2015. Ai Weiwei voló en septiembre de ese año a Alemania inmediatamente después de recuperar su pasaporte, retenido desde 2011 por las autoridades chinas. A ello le antecedió una detención de 81 días bajo cargos de “evasión de impuestos” que nunca fueron clarificados, reviviendo de alguna manera la historia del padre.

Ud. mantiene una relación muy tensa con su país de origen, pero al mismo tiempo podemos ver mucho de la cultura china en su obra. ¿Cómo se ha expresado esta tensión en su trabajo?

Yo soy chino, tengo un pasaporte chino, y sí, tengo conflictos muy fuertes con las autoridades de mi país porque hace mucho tiempo decidí defender los derechos humanos y la libertad de expresión. Pero no puedo evitarlo, para mí los derechos humanos son un valor que debe ser defendido en todas partes. Por eso hice Human Flow, donde básicamente insisto en ellos como una condición universal.

¿Cómo sigue su situación con las autoridades chinas actualmente? ¿Ha cambiado?

Nada ha cambiado. Y nunca cambiará. Sigo siendo cuidadosamente observado, y de cerca. Todo peligro es posible si vuelvo a China. Incluso mi madre me pide que no lo haga.

Su nombre fue incluso borrado de los motores de búsqueda en su país…

Efectivamente. En China estoy catalogado como una de las personas más peligrosas que existe pero, al mismo tiempo, no existo para el conocimiento público.

Para países como Chile, que en muchos aspectos dependen del comercio con China, es complejo criticar a su país en el ámbito de las violaciones a los derechos humanos. ¿Qué diría al respecto?

Quien titubea al defender los derechos humanos muestra, ante todo, debilidad interna. Y eso significa que no puedes reconocerte a ti mismo. Y si un político no es capaz de criticar las violaciones a los derechos humanos, está mostrando una falta de entendimiento muy grande de la condición humana. Estamos hablando de dignidad. En China, en Rusia, en los Estados Unidos. Y también en Sudamérica.

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