Culto
Purdie, el otro quinto Beatle

Purdie, el otro quinto Beatle

Uno de los sesionistas de batería más famosos de todos los tiempos lleva 50 años diciendo que reemplazó a Ringo Starr en una veintena de canciones.

El consejo fue anda a dar una vuelta, come pastel de carne, bebe cerveza con limón, tómate hora y media.

Ringo Starr, el baterista de The Beatles, hace caso y se va.

Llevaba tres horas tratando de marcar un ritmo sencillo. Quincy Jones, productor presente en el estudio, a cargo como siempre de George Martin, coge el teléfono y llama a Ronnie Verrell, un legendario baterista británico de jazz con un currículo gigante incluyendo a Tony Bennett y Tom Jones, y que años después tocaría las partes de Animal en The Muppet show. Verrell demoró 15 minutos en llegar la sala para resolver el tema como un profesional. Esta historia la contó Jones en la entrevista sin filtro a Vulture que junto a la de GQ, causaron sensación en febrero pasado.

No es la primera vez que se dice que el baterista de la banda más famosa de la historia no grabó todo el catálogo.

Desde hace medio siglo el baterista de funk y consumado sesionista Bernard Purdie asegura haber reemplazado a Ringo. Purdie es sinónimo de leyenda, un capo. Ha tocado con los más grandes contando Ray Charles, Nina Simone y Miles Davis. Fue director musical de Aretha Franklin y acompañó a James Brown en uno de sus mejores periodos, incluyendo el álbum Say it loud – I’m black and I’m proud (1969). La canción homónima es uno de los mayores clásicos del funk y sampleada hasta el hartazgo desde el hip hop. Es uno de los más reconocidos músicos de estudio de la industria estadounidense con más de un centenar de álbumes para los artistas más reputados y 26 discos propios.

Purdie, además, inventó el shuffle.

Se trata de un pulso que alterna notas fantasmas marcando una sabrosura extraordinaria desde la batería. Jeff Porcaro lo aplicó en “Rosanna” de Toto y John Bonham para “Fool in the rain” de Led Zeppelin.

El currículo de Purdie es suficiente para imaginar que no tiene necesidad de ufanarse o inventar. Sin embargo, por 50 años ha contado la siguiente historia. En una entrevista para la revista The New Yorker publicada el 16 de noviembre de 1967, el baterista dice haber grabado “con The Beatles, The Animals, Tom Jones…”.

En 1978, en la edición de febrero de la revista musical Gig, el batero aseguró haber hecho overdubbing, o sea, grabar encima “la batería en 21 pistas de los primeros tres álbumes de Los Beatles. Me pagaron un montón de dinero para mantener la boca cerrada, pero han pasado diez años. Creo que puedo hablar sobre eso”.

En el mismo artículo trataron de contactar a Ringo pero a través de su abogado dijo que no hablaría. George Martin fue enfático y descartó haber usado otro baterista.

Según la versión de Purdie, en el verano de 1963, seis meses antes de ser editado el debut de la banda británica en EE.UU., fue contactado. “Nunca había escuchado a The Beatles, pero su manager Brian Epstein me llamó y me llevó al estudio de Capitol en la calle 46. Hice todo el overdubbing de 21 canciones en nueve días”. En cuanto a la sesión, el músico declaró que “las únicas personas en el estudio éramos yo, el ingeniero, y Brian Epstein y alguna de su gente”.

No da títulos pero menciona una como “Yeah, yeah, yeah”. O sea, “She loves you”. Le pagaron $130 dólares la hora. “Epstein me llamó a su oficina y me dio un cheque adicional. Pensé que me estaban pagando todo ese dinero porque les había gustado lo que toqué. Luego él me dijo que estaba siendo pagado para mantener mi boca cerrada”.

En los años ochentas el asunto resurgió pero la actitud de Purdie había cambiado. Cuando le insistían en qué temas específicamente participó, respondía que era mejor mantener esa información guardada por si en el futuro podía usufructuar de esos datos.

En una entrevista de 2004 grabada en video, Purdie vuelve a la carga diciendo que hubo cuatro bateristas en la música de The Beatles “y Ringo no es ninguno de ellos”.

Para la autobiografía publicada en 2015 Let the drum speak! volvió el resguardo. Dijo no saber si cuando grabó para The Beatles lo había hecho en reemplazo de Pete Best o Ringo Starr, y que definitivamente no recuerda el listado de canciones.


Tu-túm-tss

Volvamos a los 60. El sello Atco, aprovechando el auge de la beatlemanía, publicó en EE.UU. en 1964 las canciones que The Beatles había grabado en Hamburgo en 1961 acompañando a Tony Sheridan. En ese registro el baterista es Pete Best, despedido poco tiempo después a sugerencia de George Martin. Entre las versiones originales y lo que esa discográfica publicó, hay una diferencia notoria e insoslayable en la batería. Se escucha nítido el golpe de un profesional, arreglos y florituras precisas en reemplazo del rudimentario estilo de Pete Best. Hasta ahora es la única pista de lo que pudo ser la colaboración de Purdie junto a The Beatles. De hecho, el baterista trabajó con Atco en los 60, pero no hay más información.

Si había un Beatle que se reemplazaba como bujía cuando era necesario, ese era Ringo. Archi sabido que no tocó en el primer single “Love me do” y tampoco en el lado b “P.S. I love you”, sino que tras la batería estuvo el sesionista Andy White, en ese entonces un veterano de 32 años.

Paul McCartney tomó su puesto varias veces en temas como “Back in the U.S.S.R.”, “Dear prudence” y “The Ballad of John and Yoko”.

Por su parte, el batero toca el teclado Hammond en “I’m looking through you” de Rubber soul (1965).

Puede que Ringo haya sido reemplazado más de una vez. Sucedió en la gira de 1964 por Oceanía donde Jimmie Nicol estuvo en su lugar. Puede que no tuviera mayor técnica, y que la decisión de tocar como diestro siendo zurdo le haya complicado más de la cuenta. Como sea, la grandeza y trascendencia de Ringo Starr no pasa por la destreza.

Hasta su irrupción los bateristas daban lo mismo. Fue el primer músico de rock con tambores y baquetas que destacaba en el escenario, ubicado generalmente en una tarima. Con ese detalle The Beatles transmitía una sensación de unidad y protagonismo compartido. Ringo cambió el uso de las baquetas, haciendo la transición desde la técnica del jazz y las grandes orquestas —la baqueta izquierda cruzada entre el pulgar y el índice, tradición nada práctica que provenía de las bandas de guerra—, a sostener ambas con toda la mano para reforzar el golpe. Hizo ganar una millonada a la marca Ludwig porque una generación completa vio el logo en el bombo, y su kit de batería es el más reconocible en la historia del rock.

Cuando Ringo Starr volvió del pastel de carne, la cerveza y los 90 minutos fuera, pidió escuchar lo que había grabado.

George Martin hizo correr la cinta sin decir nada.

“Eso no sonó tan mal”, exclamó al llegar a la perfomance de Ronnie Verrell.

Quincy Jones no se pudo aguantar.

“Claro, maldito. Es porque no fuiste tú”.

Sobre el autor:

Marcelo Contreras |
Periodista. En Twitter es @marcelotreras